Espiritualidad, luz y oscuridad. La novedad de Confessions II, el reciente disco de Madonna, es la profundidad de sus letras y el acceso a su fuero más íntimo, a su vulnerabilidad. A su vez, es una defensa al pop y a la pista de baile como un lugar para exorcizar las inseguridades y el dolor, y un llamado al encuentro. “Ven al club”, dice en “Love without words”. El baile, así, es un “templo de sudor y entrega”. Igual de desafiante y contestaria que siempre, cumplida su misión en la revolución sexual, ahora la cantante neoyorquina parece querer dejar su legado explícito, pero sin caer en el sermón eclesiástico.
A los 67 años, la indiscutida reina del pop lanzó el 3 de julio su 24° disco y casi inmediatamente ocupó el primer lugar en la lista Billboard 200 de álbumes más vendidos. En rigor, es una segunda entrega de Confessions on a dance floor (2005) y también fue producido por el británico Stuart Price. Tiene 16 canciones e incluye géneros como el EDM, el house, el dance-pop, el synth pop, el trip-hop y el downtempo. Entre los artistas que colaboraron con Madonna están Stromae, Sabrina Carpenter, Martin Garrix, Feid y su hija Lola Leon.
Del lado del baile
Confesión número 1: “Quisiera ser otra persona”
Cual anfitriona de la fiesta, en “I feel so free”, la primera canción del álbum, Madonna agradece a quienes llegan. Enseguida asume que le gustaría esconderse en las sombras y “crear una nueva personalidad”. “Honestamente, desearía poder ser como los demás y que no me importara. Pero aquí, en la pista de baile, me siento tan libre”, admite, y confiesa que bailando fue “donde todo comenzó”: su reinado y ella misma. Así comienza este cuento sobre su vida, su identidad, sus deseos, sus miedos, sus dolores y su nostalgia, al ritmo del EDM y el deep house. La potencia de este disco, lo que lo diferencia de Confessions on a dance floor, es la exposición de su lado más humano y sincero, como si no quisiera irse sin decir sus verdades y narrar su propia historia. “He estado tan sola, no puedo más”, es la otra confesión. “Encuéntrame en la pista de baile”.
Al inicio se la ve acorralada por cámaras que iluminan su cara, luego un movimiento vertiginoso la eleva hacia la oscuridad del espacio. En contrapicado, mirando hacia abajo, una luz blanca sale de su entrepierna, como una diosa obscena. “Todo comienza con la conciencia” es la primera frase de la segunda canción, “Good for the soul” (bueno para el alma). Lo vemos en Confessions II – The film, el audiovisual publicado semanas antes del lanzamiento del disco, primero en el Festival de Cine de Tribeca, en Nueva York, y luego al público, el 8 de junio. Es un viaje alegórico que con perfección traduce las letras a imágenes. Ante todo, Madonna habla del amor, pero no del terrenal, sino de uno espiritual y ancestral, que une a las personas: “No olvides tu amor, ¿de acuerdo? Ecos de voces que recuerdan el tiempo. Seremos uno, seremos divinos”, canta, y aclara: “Los que aman te mantendrán arriba”.
“Nadie es libre hasta que se rompe”
Una bajada de línea con clase. Eso es “One step away” (un paso más allá). Con la autoridad que le confiere ser reina, desmiente, sin bastardear, a quienes menosprecian el género: “La gente piensa que la música dance es superficial, pero están completamente equivocados. La pista de baile no es solo un lugar, es un umbral, un espacio ritualístico donde el movimiento reemplaza al lenguaje”. Para Madonna, allí estás “a un paso de tu libertad”; al menos, mientras suene la música. “Comprende tu violencia y el trauma que has vivido. Nadie es libre hasta que se rompe. Comprende tu silencio y el drama en tu interior”. Es un exhorto al público y a sí misma, y una confesión sobre su sufrimiento, especialmente en su niñez y su juventud, que más adelante retoma.
Sé dónde están enterrados los cadáveres
En la película se la ve sola en la oscuridad de su casa y, en plano subjetivo, manejando a toda velocidad en la noche. Se estrella, sale del auto y camina hacia la entrada del baile, atraviesa el humo, choca con la gente. Se encuentra a sí misma en una rubia joven con los labios pintados de rojo: es Madonna en los 80. Suena “Bring your love”, una colaboración con Sabrina Carpenter.
La nueva rubia del pop es su espejo. Madonna le cuestiona: “Pregúntate esto: ¿para qué lo haces? ¿Es para vos? ¿Es para ellos? Tengo ganas de comentar algo”. Otra forma de decir, ahora en su rol de madre del pop, “que no te pase lo que me pasó a mí”. Sabrina se arrastra por el suelo, Madonna se eleva en el aire. Luego se enfrentan, se miran, se unen y giran. Ahora le habla al enemigo, lo amenaza. “No confíes en mi brújula moral ni en mi discreción, tengo una confesión”; “Sé dónde están enterrados los cuerpos. No intentes callarme. No intentes siquiera distraerme con números. Lo hice todo por amor”.
Viaje al pasado
La nostalgia aparece por primera vez en la canción más bailable del disco –y quizás la que tiene más chances de convertirse en hit–, “Danceteria”, con reminiscencias de Confession on a dance floor. Trae imágenes de las noches en Nueva York: el tren, la fila del baile, el artista Martin Burgoyne (ya fallecido): “Es mi mejor amigo, mi juguete sexual”. Alcohol, cocaína, famosos, bohemia pop. “Todos aquí son una obra de arte”, “levántense y bailen”. En el video hay sexo heterosexual y homosexual en el baño del boliche. La modelo Kate Moss, el actor Benedict Cumberbatch y la cantante y DJ venezolana Arca son algunas de las figuras actuales que aparecen.
En la siguiente canción, “Everything”, comienza un viaje en el que la cantante pelea por apagar los ruidos de su cabeza mientras intenta alcanzar la luz espiritual, algo a lo que también se resiste. “Cuando cierro los ojos, todo se cristaliza. Nadie quiere salir. No está bien, me deja alucinando”; “así que salí afuera a la luz. Sanación espiritual, una y otra vez. No está bien, no me gusta. Intento ascender”. Es que en algún momento de la noche el bajón llega. “Donde haya mayor oscuridad, allí encontrarás la mayor luz”, afirma al final en alusión a una de las máximas de la Cábala, una filosofía que la diva sigue desde hace tres décadas.
Pensamientos antes del amanecer
Soltar
La última parte del disco es la más confesional y la más íntima. Es el final de la fiesta, cuando los pensamientos se entrometen con fuerza y el cansancio da paso a la reflexión. “Fragile” simplemente duele. La canción está dedicada a su hermano, el bailarín Christopher Ciccone, quien murió en 2024 de cáncer de garganta y se reconcilió con Madonna durante la enfermedad, después de años de distancia, según afirmó la cantante en el podcast On Purpose, del británico Jay Shetty, en 2025.
“La gente de verdad cree que todo tiene un principio y un final en esto que llamamos vida, pero la energía nunca muere. Esto solo es un portal por el que estamos pasando. Aun así, es difícil soltar”, expresa Madonna. “Compartimos un nombre, un hogar. Compartimos un vínculo frágil. Ahora ya no estás. Reímos, lloramos. Nos tomamos de las manos. Teníamos la mirada del otro y nos pertenecíamos. Esta es la parte que más odio. Las palabras que llevo en el corazón”, dice. “Sé que estás frágil porque te lastimaron, te decepcionaron”.
La angustia se siente en la letra y en la melodía, que marca un corte con la primera parte del disco, y cala hondo, porque expone también la fragilidad de quien canta, que es la de todos aquellos que perdimos a alguien amado. “Anoche, mientras yo dormía profundamente, viniste a mí en un sueño. Me dijiste: no te olvides de mí. No olvides ser feliz. Así que espero que hayas encontrado un plano más alto”.
“Mis pecados son mis salvadores”
Con el cantante y compositor belga Stromae, Madonna trae un sonido entre saturado y áspero, de sintetizadores combinados con deep house, lo que le da un toque relajado, para terminar con una música sepulcral, mística, de entierro. “Intenté encontrar mi camino entre rostros desconocidos. Busqué el amor en lugares inesperados. No estaba perdida, solo estaba rota”, confiesa.
“Intentaron derribarme, intentaron quitarme la corona. Susurraron mentiras. Intentaron quebrarme. Pero no me rendiría. Mis pecados son mi salvación”, expresa en alusión al Vaticano –uno de los principales detractores de su carrera–, que la excomulgó tres veces, intentó boicotearla y realizó declaraciones en su contra acusándola de sacrilegio, por ejemplo, cuando incendió tres cruces y besó a un Jesús afro en “Like a prayer”, en 1989. Juan Pablo II la catalogó de “satánica” y Benedicto XVI dijo en 2008 que el show de Madonna era “un desafío blasfemo a la fe y una profanación de la cruz”, cuando llegó a Roma la gira de la cantante en la que se mostraba crucificada en un símbolo de neones.
El perdón es una ficción católica
“Betrayal” es oscura y pesada. Mezcla electrónica con trip hop y downtempo. Está dedicada a su madrastra Joan Ciccone, que murió en 2024. “Cuando se escriba el libro del amor, yo seré la escritora, y en la última página no serás mencionada. No porque nunca me amaste; es solo porque perdiste tu fe”, sentencia. “Nunca ocuparás el lugar de mi madre”, aclara. Aquí Madonna se corre del mensaje luminoso de las primeras canciones y muestra su lado más oscuro, su miseria y el intento de dejarla ir. Luego confiesa: “Espero que cuando todo termine, aún piense en ti. No es porque no pueda perdonarte, es solo porque perdí mi fe”. Según la cantante, el vínculo con la pareja de su padre es la “historia de la supervivencia”, y denuncia: “Me esclavizaste. Estamos juntas hasta el final. Y bailamos, sí, bailamos. Estamos juntas, para siempre. Solía odiarte, ya no te odio”.
Una canción de amor
Detrás de esa mirada dura, Madonna esconde su ternura. Una muestra es la penúltima canción del disco, “The test” (la prueba), una colaboración con la cantante y bailarina Lola Leon, la mayor de sus seis hijos. “Estrellita, intenté ponerte en un pedestal. No pediste todas esas luces intermitentes. No pensé en cómo podría perturbarte ni en cómo te hacía daño. Ojalá hubiera sabido el dolor que te había causado. Mi mariposa siempre estaba siendo observada”, dice la madre, y juntas cantan: “Sé que intentaron ponernos a prueba. No somos iguales, pero estoy siguiendo tus pasos. A veces creo que deseás que me vaya, pero mi sombra permanece, y está bien ser tú misma. Sé que intentaron ponernos a prueba. No tenés la culpa, pero necesitás ser libre ahora. Me completaste cuando yo también estaba rota y espero y rezo para poder hacer lo mismo por vos”.
El final de la noche
“L.E.S (Lower East Side of New York) girl” es un cierre pacífico. Con un sonido suave de guitarras acústicas, Madonna vuelve a traer una mirada tierna, pero esta vez sobre sí misma en su juventud. Parece abrazar y reconocer a esa muchacha de delineador corrido, rubia con raíces oscuras, con campera de cuero, las uñas del mismo color que sus botas, que estaba enamorada de aquel chico que se parecía a Marlon Brando, según cuenta: “Perdida en un mundo frágil, ignoró todas las señales. Tiene atrasado el alquiler. Todo se desvanece, excepto vos”. Confessions II es pop, pero no solo para divertirse.
Confessions II, de Madonna. Warner Records, 2026. En plataformas.