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¿El último lengüetazo?: los Rolling Stones lanzaron Foreign Tongues, a la altura de su leyenda

Guitarras omnipresentes, estribillos pegadizos, una referencia al “magnate loco” Elon Musk y la aparición póstuma de Charlie Watts.

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“Life’s too short for just making money, / show me how to spend it, honey” (la vida es muy corta para solo hacer plata / mostrame cómo gastarla, querida), canta un señor de 82 años llamado Mick Jagger en la canción “Mr. Charm”. Burlándose de todas las distopías y de la ciencia ficción más optimista, que no abunda, hace una semana, 64 años después de su primer toque, los Rolling Stones publicaron un nuevo disco de estudio, en todos los formatos inventados por la humanidad –salió hasta en casete–.

Foreign Tongues (lenguas extranjeras) es una yapa muy sorpresiva en la discografía de estos irreverentes eternos, porque salió apenas dos años y medio después de su anterior álbum de estudio, el contundente Hackney Diamonds, que había sido el material más esperado por el stonemaníaco promedio, ya que rompió con 18 años sin un disco de canciones originales (vino luego de A Bigger Bang, del lejano 2005). Además, el de los diamantes fue el primero sin el baterista Charlie Watts, el motor del swing stone, fallecido en agosto de 2021, a los 80 años, y por eso en el aire flotaba una gran y rítmica interrogante. El canoso fue suplantado por Steve Jordan, aunque no es un miembro oficial de los Stones (cuestiones más de abogados que de músicos).

Entonces, teniendo en cuenta lo esporádicas que venían siendo sus sesiones de grabación, nada hacía imaginar que tan pronto tendríamos otro disco de sus majestades satánicas. A su vez, el álbum de 2023 cierra con una versión de “Rollin’ Stone”, el blues de Muddy Waters del que sacaron su nombre, así que todo parecía indicar que se cerraba el ciclo discográfico de la banda más fructífera de la historia del rock. Pero, obviamente, a Jagger y a Keith Richards (también de 82 años), el cerebro y el corazón –o viceversa– de los Stones, les cayó la ficha de que el tiempo ya no está de su lado y despuntaron el vicio con otro álbum.

Como es costumbre de esta banda inglesa, que tiene aceitada como ninguna la maquinaria de todo lo que no tiene relación estricta con la música –su logo es el ejemplo paradigmático: la imposición de marca más universal del rock–, el nuevo material fue fogoneado por una campaña de expectativa sui generis, ajena a estos tiempos que corren ansiosos por links y streamings. Los Stones publicaron el primer adelanto del disco solo en una limitadísima edición física, en vinilo, bajo el nombre The Cockroaches (Las Cucarachas), el seudónimo con el que se presentaron en un famoso show en el club El Mocambo, de Toronto, en 1977, para 300 personas, cuyo registro fue editado oficialmente en 2022.

Así vio la luz “Rough and Twisted” (de su letra se escapó el título del disco), una rareza para lo que suelen ser las canciones de apertura de la banda en el último largo tiempo, porque no se trata de la típica pieza de rock stone radiable y estadiosa, sino de un viboreante hard blues, con el Jagger más berreante, como un perro rabioso que acaba de romper su correa. “Why don’t you drive me / down that rough and twisted road? / Why don’t you guide me? / ‘cause I don’t know which way to go” (¿por qué no me llevás por ese camino áspero y retorcido? ¿Por qué no me guías? Porque no sé qué camino agarrar), canta, sobre las ariscas guitarras de Richards y Ronnie Wood (el más joven del trío oficial del grupo, con 79 años). En medio de esa explosión blusera, el cantante parece meter un comentario de actualidad al pasar, cuando dice que el único club con el que se topó se llamaba Conspiración.

Señor Encanto

Quizás por no caer en lo que marcan las sagradas reglas del marketing actual –o justamente por lo contrario–, el otro corte de difusión fue el segundo tema del disco, “In the Stars”, que tampoco está a la altura del mito, porque es un Frankenstein de la paleta sonora stone que no termina de definirse: el riff es un menjunje de los de “I’m Going Down”, “Soul Survivor”, “If You Can’t Rock Me”, “Rock and a Hard Place” y alguna canción más, con un corito “uh”, cantado en falsete a lo “Biggest Mistake”, y un estribillo que no termina de explotar ni de ser pegadizo.

Pero, por suerte para la patria stone, ambos adelantos fueron una falsa alarma y no le hacen justicia al disco, que dura más de una hora e incluye 14 canciones, algunas muy buenas y otras excelentes, que están a la altura de lo que se espera de Jagger y Richards. La mayoría de las canciones duran más de cuatro minutos, y hoy tomarse su tiempo ya es rebelde per se. Entre las roqueras, que son varias, “Mr. Charm” brota como de las mejores, con todos los ingredientes del plato stone, pero lejos de ser una receta para copiarse a sí mismos. Bien podría ser una gema perdida de los discos setenteros de la banda, con sonido actual.

Arranca con un riff zigzagueante, entrecortado, marca de la casa. Cuando Jagger empieza a cantar, ya nos pinta un escenario sardónico: quiere conquistar a una mujer en plan macho alfa –faltaba más– y repite “call me Mr. Charm, Mr. Charm, Mr. Charm” (llámame Sr. Encanto, Sr. Encanto, Sr. Encanto), con un claro tono burlón, que se refuerza con la segunda voz que él mismo hace de coro, más grave y gutural, como de un afectado y caricaturesco lord inglés. Cuando irrumpe el estribillo, y Jagger canta la frase con la que empieza esta nota, las guitarras estallan y el cantante tira “life’s too short to waste it / living on your own / life’s too short / nothing lasts forever” (la vida es demasiado corta para desperdiciarla viviendo por tu cuenta; la vida es demasiado corta, nada dura para siempre). Al final, ya no hay tanta broma...

La canción tiene un break en el que se escapa el Jagger todavía más sarcástico: en medio de una bajada instrumental, para enfatizar lo que va a decir, luego de un minisolo furioso, canta que de joven quería ir a Marte, y luego tira: “Pero ¿quién te llevaría al espacio? ¿En quién confiarías de verdad? ¿En Boeing, en la NASA o en el magnate loco señor Musk? Ahora soy mayor, te quería preguntar si esta noche / podemos quedarnos en casa; ¿ves?, soy muy educado”.

Viejas violas

Al igual que Hackney Diamonds, Foreign Tongues fue producido por el músico estadounidense de 35 años Andrew Watt. A juzgar por los créditos, el muchacho tocó más instrumentos que en el álbum anterior: guitarra –eléctrica y acústica–, sintetizador, piano y percusión –también hizo coros–. Este nivel de incidencia directa en la música de los Stones, con las manos en los instrumentos, no la tuvo ningún otro productor. Jimmy Miller tocó percusión e incluso alguna batería en Exile on Main Street (1972), pero, más que nada, por el caos que reinó en la grabación en aquella famosa mansión francesa, que hacía que a Richards se le ocurriera registrar a cualquier hora una canción como “Happy”, y la tenía que tocar quien fuese que estuviera disponible.

A su vez, en este disco Jagger toca la guitarra eléctrica en varias canciones –esto no es nuevo; desde Some Girls, de 1978, suele agarrar las seis cuerdas con más o menos entusiasmo–, por lo que en algunos temas hay tres o hasta cuatro guitarras. Esto nos lleva a un punto clave del sonido de Foreign Tongues, que va más allá de las decisiones de producción, que es cómo está tocado: es muy guitarrero, pero, a su vez, homogéneo: el entretejido que tanto cultivaron Richards y Wood se hace más profundo, y es el disco de los Stones en el que se vuelve más arduo discernir quién toca qué. Una cosa nos lleva a la otra: Richards no tiene el protagonismo de antaño, como en “Love is Strong”, por ejemplo, que arranca solo él, marcando el camino riffero.

Pero esta reconfiguración instrumental también da ganancias. “Side Effects” es la mejor canción del disco y una de las más grandes de los últimos 45 años de la banda (desde el inoxidable Tattoo You), por robo –a guitarra armada–. Es un destilado de puro sonido roquero stone, con violas abrasivas, un estribillo para derrumbar estadios y lleno de ganchos melódicos, ya sea por el leitmotiv punteado con la guitarra, por el melódico solo o por la forma en que el bocudo canta “side effects”, con esa lascivia tan jaggeriana, que en la coda se desvía y estira algunas vocales. Además, tiene una bajada a acorde menor que la hace desplegar un contraste emocional al mejor estilo del clásico “Mixed Emotions”.

La dualidad metafórica droga/mujer ha estado en el rock desde siempre, y los Stones la explotaron como nadie en el himno “Brown Sugar”. Para la letra de “Side Effects” Jagger vuelve a eso, pero con un matiz importante, porque es menos celebratoria y la música despliega una urgencia no festiva. Habla sobre los efectos secundarios del amor de una mujer que es “la droga perfecta”; por eso no puede frenar, no se cansa de ella y dejarla es peor que parar con los cigarros, pero, en ese juego entre persona y personaje, el cantante desliza “there’s a price to pay for everything / everything you put in your veins” (hay un precio a pagar por todo / lo que te ponés en las venas).

Muestrario stone

Un disco de los Stones nunca es solo rock & roll, porque suele tener canciones que esnifan los géneros que los obsesionaron a lo largo de toda su carrera, en su mayoría, de raíz estadounidense, ya sea blues, country o góspel –nunca le dieron mucha cabida al folk estrictamente británico, como sí lo hicieron varios de sus compatriotas roqueros–, y Foreign Tongues no es la excepción: de sus canciones se despliega un breve muestrario de estilos.

“Ringing Hollow” es un country clásico, con todos los chiches que manda el género, como los punteos de guitarra eléctrica serpenteantes a los costados y el piano relajado, a cargo del inglés Steve Winwood. La canción habla de Estados Unidos y, como quien no quiere la cosa, Jagger también desliza un palito: “La Dama Libertad no se ve tan bien / cuando está con el ceño fruncido”.

A esta altura, sería irrisorio esperar que los Stones coqueteen con la música disco y saquen joyas del nivel de “Miss You” o “Dance (pt. 1)”, pero en “Never Wanna Lose You”, la séptima del nuevo álbum, hacen que el asunto se ponga bailable y bastante discotequero, especialmente en el obsesivo estribillo. La canción tiene como invitado en los coros a Robert Smith, líder de The Cure –también toca sintetizadores–, que nunca había colaborado con el grupo, pero si no nos fijáramos en los créditos, ni nos enteraríamos... Las baladas son las que nunca pueden faltar, sobre todo las que se elevan hasta llegar a power ballads, y acá se incluye “Back in Your Life”, de más de seis minutos –la más larga del disco–, con un sentido y personal solo de Wood.

“Covered in You” es una mezcla curiosa y hasta paradójica porque tiene versos crudos, de ritmo entrecortado, guitarras ásperas y un rapeo de Jagger, en donde también tira palitos (“me levanto harto de todos estos autócratas, parecen multiplicarse como una plaga de ratas inmundas, con sus misiles en desfile y envueltos en brocados de oro”), pero el estribillo quizás sea el más melodioso del disco, con el peso en tono menor y el arpegio del piano de Matt Clifford –viejo colaborador de Jagger–, que lo dota de una brisa melancólica y la vuelve otra de las mejores del disco (el bajo lo toca Paul McCartney, que ya había probado qué tal eso de ser un rolling stone en el disco anterior).

Los Stones nunca fueron de grabar canciones de músicos más jóvenes que ellos –que, en la actualidad, es casi todo el mundo–, y menos de mujeres, por lo que la versión del clásico “You Know I’m No Good”, de su compatriota Amy Winehouse (fallecida en 2011, con tan solo 27 años), es todo un giro copernicano en su discografía. Obviamente, la banda la hace suya y a Jagger se le cree cuando canta que sabemos que no es bueno. Y “Some of Us”, la única canción con Richards en la voz principal, con su estilo de cantar devenido pirata gitano, tiene el estribillo más luminoso de todo el álbum.

El disco cierra con “Beautiful Delilah”, una versión de Chuck Berry en plan minimalista, con guitarra acústica y apenas un bombo para marcar el ritmo –a cargo de Chad Smith, el batero de Red Hot Chili Peppers–, bajo una producción rústica y pornográficamente cavernosa, como si fuera una polvorienta grabación de Robert Johnson encontrada en el sótano de una casa embrujada de Misisipi. Otra vez, al cerrar con un homenaje a uno de sus ídolos, hay olor a despedida, la más larga de la historia del rock.

El fantasma de Charlie

La muerte de Watts no ha sido obstáculo para que el baterista aparezca en ediciones posteriores a su partida, ya que hay material de varias de las últimas sesiones en las que participó que todavía no vio la luz. En Hackney Diamonds el canoso se encarga de las baquetas en dos canciones, destacándose la riffera “Live by the Sword”.

En la edición estándar de Foreign Tongues Watts aparece en una sola canción, la urgente “Hit Me in the Head”, y se nota la diferencia con Jordan al instante, por el arranque con el redoble rápido, típico del fallecido baterista. La edición del álbum en iTunes incluye un bonus track exclusivo, “Bad Luck Hideaway”, que también tiene a Watts en las baquetas. Además, Jagger y Richards se turnan la voz principal, una gimnasia que no hacían desde los tiempos de la memorable “Memory Motel”.

Foreign Tongues, de The Rolling Stones. Polydor Records, 2026. En plataformas, CD, vinilo y casete.