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La Odisea.

La odisea de volver a los estrenos de cine en fílmico gracias a La Odisea

Cinemateca agota funciones para ver la película de Nolan en 35 mm, un formato que “tiene más alma”

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Las plataformas y su contenido a demanda han hecho mella en el entretenimiento simultáneo. Descontando ciertas series de HBO que algunas personas eligen ver en cuanto se estrenan el domingo de noche por miedo a enterarse de detalles de la trama si demoran mucho, hay un acostumbramiento a la comodidad de mirar películas cuando uno quiera.

Sin embargo, todavía quedan acontecimientos audiovisuales, y Christopher Nolan ha protagonizado más de uno. En julio de 2023 se dio el Barbenheimer, un guiño cultural ocasionado por el estreno simultáneo (justamente) de Barbie y Oppenheimer, dos películas muy diferentes que terminaron potenciándose entre sí y a la industria del cine en su conjunto.

La obra de Greta Gerwig basada en la muñeca más famosa del mundo y la biopic de Nolan sobre el padre de la bomba atómica generaron memes, sanas discusiones y volvieron a poner sobre la mesa el hecho de ir al cine, ese recinto especial alejado de nuestros domicilios donde existen algunas reglas sociales diferentes (aunque cada vez se respeten menos.)

Oppenheimer, empujada por este zeitgeist, pero también por sus propios méritos, fue un fenómeno global de taquilla, en especial para una película muy conversada, sobre personas que andaban en busca de un conocimiento que, para variar, luego fue utilizado directamente para el mal (y en una excusa para aplicar el mal sobre quienes quizás lo posean).

Esto le valió un cheque en blanco a Nolan, quien decidió cobrarlo en una aventura basada en un gran poema épico griego que ya fue adaptado de las maneras más diversas posibles. Con un elenco cargado de estrellas y la prédica de su filmación con cámaras analógicas, Nolan puso a julio de 2026 en el mapa de acontecimientos; tanto, que las entradas para La Odisea comenzaron a venderse hace exactamente un año.

La belleza de lo mecánico

Desde este jueves desembarca la película, sin necesidad de esconderse dentro de un caballo de madera, en salas de nuestro país. Al igual que con Oppenheimer, Cinemateca Uruguaya ofrece funciones en 35 mm, y las entradas no son capaces de iniciar una guerra, pero casi. “Para la primera semana quedan muy pocas butacas, sobre todo en filas muy adelante, así que hay gente que prefiere esperar. Para la segunda semana de repente quedan 15 o 20 entradas”, cuenta a la diaria María José Santacreu, directora de Cinemateca.

La película seguirá exhibiéndose mientras el público lo disponga, como ocurrió hace tres años. Oppenheimer estuvo 11 semanas en cartel y después se reestrenó durante la entrega de los premios Oscar. “Nuestra expectativa es que sea algo similar o incluso mejor. Le tengo más fe a La Odisea”, opina Santacreu, que vio cómo se dio un microfenómeno con las proyecciones en 35 mm después de la anterior película de Nolan.

“Hay un público interesado en ver cine en 35 mm y tener una experiencia un poco distinta. Creo que ahora está todo tan a la mano, con tantas plataformas y tantas cosas en el living de tu casa, que la gente les va buscando la vuelta a las cosas. Eso genera este fenómeno con esta película y con este formato”, agrega la también periodista cultural.

“Aparte, para nosotros que nacimos en el cine como este, hay una nostalgia que va más allá de decir ‘¡uy, es en 35 mm!’. Cuando llegaron los rollos, hicimos una prueba y vi un pedacito, y te juro que me vino una emoción... Y eso que nosotros pasamos 35 mm, pero ver una película contemporánea en 35 mm es como volver a un lugar diferente en el que el cine era así”, agrega.

Santacreu ahonda sobre las características del formato: “Ves otras cosas. No puedo hablar mucho de las nuevas generaciones, porque no sé cómo lo perciben; yo sé cómo lo veo yo, y la diferencia entre el cine hecho en digital, fuera del mundo físico, con el mundo físico que ves ahí, imperfecto, sin esa alta definición que tenés en el mundo digital, tiene como más alma. Tenés más grano, los colores son distintos, la profundidad distinta, la luz distinta. Es difícil explicar con palabras; creo que si lo experimentás te das cuenta enseguida. Si viste cine en este formato volvés a ese lugar; es como la magdalena de Proust”.

“Es más o menos como el vinilo, que agarrás y decís ‘pero ¿es igual?’. Y bueno, tiene más imperfecciones, pero también tiene más sonoridad. Es difícil de describir, porque lo que estás describiendo es como el hueco. Es como decir ‘se escucha distinto’, pero si lo quiero explicar son muchísimas palabras para algo que es pura emoción”, apunta la directora de Cinemateca.

La operativa de proyectar una película en fílmico también tiene características propias. “Tenés la función de cine, pero también tenés una performance humana en la era de la automatización. Por un lado, estamos un poco fascinados con el tema de los robots y todo eso, y eso trae también una fascinación por lo contrario, por la intervención humana en las cosas. En este caso vas a tener dos operadores, porque tenés el operador de 35 y el operador de los subtítulos, que también son operados mecánicamente. Y están ahí, haciendo una performance en vivo. Están pasando una película para vos, que no la podés ver en ese formato si no la ves en una sala de cine. La podrás ver en otros formatos, en digital y todo eso en tu casa, pero no en este formato, y para nosotros agrega esa belleza de lo mecánico. De agarrar y ver el principio del cine ocurriendo”.

“Lo que hacen estos acontecimientos es que te obligan a volver a pensar lo básico de las cosas, y te capturan la atención de una manera que estamos perdiendo. Es todo tan automatizado, el funcionamiento de las cosas es tan secreto, que volver a ver cine así es volver a un lugar donde un motor funcionaba de una manera muy mecánica, y un proyector también. Tiene una belleza, y lo que tiene de bueno es que captura la atención, en una era en que capturar la atención de las personas es lo más difícil”, concluye.

Otras odiseas

Los fanáticos acérrimos de Nolan están dando un paso (o varios) más, y tienen previstos viajes larguísimos y complejos, dignos del protagonista de la historia, para ver la película tal como Nolan recomienda.

La filmación de La Odisea se realizó con cámaras Imax 1570, así llamadas por las 15 perforaciones en cada fotograma. Fue el primer largometraje realizado íntegramente con esta tecnología aparatosa, con cámaras de 180 kilos que no permiten tomas de más de tres minutos. Son tan ruidosas que Nolan colaboró con el desarrollo de una técnica que aísla el sonido y permite grabar el diálogo original de los actores.

Según The Guardian, existen solamente 41 salas de cine en todo el mundo con proyectores preparados para el formato, que incluye rollos de 240 kilos de peso y más de 17 kilómetros de cinta. Apenas siete de los 41 cíclopes gigantes están fuera de Estados Unidos y uno solo en el hemisferio sur, en Melbourne, Australia. “Estamos viendo más turistas que nunca. Hay personas que organizaron sus vacaciones alrededor de la proyección de La Odisea, lo cual es bastante increíble”, dijo al periódico británico el encargado de Imax Melbourne.