Fin de semana Música

Gerardo Nieto.

Foto: Nadia Iula

“El botón para apagar mi carrera lo tiene la gente”: Gerardo Nieto vuelve con un show en el Sodre y una gira nacional

El cantante e intérprete de la movida tropical habla de cómo superó la depresión y de una nueva etapa de su vida: “Antes me aterraba la idea de estar solo”, confiesa.

Contenido exclusivo con tu suscripción de pago
Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta Ingresá
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

No había alcanzado una cuadra después de terminar esta entrevista cuando un hombre de campera inflada lo detuvo en la vereda y, señalando su teléfono, le dijo: “¿Le podés mandar un saludo a mi novia, que es fanática tuya?”. Hace más de 30 años que Gerardo Nieto no tiene una vida normal.

Lo más parecido a la histeria beatle en Uruguay se ve en la serie documental Memoria tropical (Aldo Garay, 2017), cuyas imágenes de archivo rescatan una firma de autógrafos alocada de Karibe con K en una disquería del centro de Montevideo y la fuga del popular grupo tropical en automóvil, con serpentinas de admiradoras. Más acá en el tiempo, el cantante romántico y sus compañeros Yesti Prieto y Miguel Cufós llenan el Teatro de Verano y el Antel Arena y se divierten con los pasos de coreografías que aprendieron en su juventud, a sala llena.

En su aventura solista, hoy también se pone el traje de comunicador en el programa La mesa de Gerardo, disponible en Youtube. Allí comparte el aire con nuevos y viejos colegas, como Fabián Fata Delgado, Marcos da Costa y Nelson Pino, que lo acompaña en la interpretación del tango “Por una cabeza”, apenas separado del anfitrión por la cabeza de un caballo de tez marrón y ojos negros que observa a ambos artistas.

Con la excusa de su espectáculo solista Sigo atrevido en el Auditorio Nacional del Sodre, la diaria conversó con el célebre cantante y músico uruguayo. Un rato después, el transeúnte de la Ciudad Vieja le habrá enviado a su pareja un video con una breve pero sentida interpretación de “Cuando alguien me nombre” con dedicatoria incluida.

Hace mucho tiempo que te dedicás a que la gente se divierta. ¿Dónde encontrás tu propio entretenimiento o momentos de dispersión?

Estoy disfrutando mucho de mi soledad. De mí mismo. Estoy viviendo solo y aprendiendo a valorar este estado. Antes, la idea de estar solo me aterraba. Creo que parte del proceso es acostumbrarse y lograr estar bien. Y en este momento, estoy muy bien. Al principio te da miedo. Yo siempre estuve en pareja o con alguien, y no veía la idea de estar solo, ni me la imaginaba. Después, las vueltas de la vida. Me compré una casa y estoy viviendo tranquilo.

¿Cómo le encontraste la vuelta a estar solo?

En realidad, es como volver a conocerse. Ahora disfruto de ese proceso, de mirar una película o una serie, de prender el fuego para cocinar algo, de comer cuando quiero, de tener mi libertad. No tengo que quedar bien con nadie. Cuando convivís con otra persona siempre hay una disciplina que tenés que cumplir.

¿Seguís siendo noctámbulo?

Sí. ¿Cómo hacés para cambiar eso? Es como un chip. Y es una de las cosas que a mí me generaron un gran problema: tratar de vivir de día y de noche. Porque la vida, en general, se vive de día. Vivir de noche no es natural, pero a los que trabajamos en la música se nos complica.

A mí me trajo problemas físicos, psicológicos, emocionales. Te diría que hasta temas de depresión por estar viviendo dos vidas, queriendo estar en la noche con la banda, con mis cosas, y de día con la familia, hijos. Entonces, casi no dormía y eso me provocó un estrés importante y un cuadro de depresión.

Vos sos tu propio empresario, ¿no?

Sí. Tengo mi mánager y un equipo de trabajo, pero estoy encima de todo.

Con uno de tus proyectos, La mesa de Gerardo, te pasaste para este lado. ¿Cómo te sentís en el rol de comunicador?

En realidad, La mesa fue la excusa ideal para salir de la depresión. Estuve mucho tiempo en piloto automático. Imaginate que después de 37 años de actuaciones tenés un circuito armado y trabajo no te falta, pero llegó un momento en que mis problemas no me dejaban salir de ahí. No grababa nada nuevo y cada vez me costaba más hacer cualquier cosa. La mesa, un proyecto que tenía desde hace más de dos años y lo pospuse un montón de veces, fue la excusa ideal para empezar a hacer y a trabajar con amigos, con colegas y con otra gente nueva. A la par del programa, me empecé a aggiornar en la difusión de mis cosas y ahora trabajo con un community manager.

El lugar donde se graba el programa es increíble.

Se llama Naranjo Amargo y lo tiene todo. Pero no es un lugar que hayamos preparado especialmente para el programa. Es así. Es una chacra de eventos de unos amigos míos; ahí festejamos los cumpleaños de mis tres hijas. Lo que me asombra de ese lugar, que tiene cuatro hectáreas, es que parece que cada cosa cumple una función especial: una foto, una antigüedad en una estantería tiene su sentido.

Gerardo Nieto durante un show en Montevideo (archivo, 2022).

Foto: Ernesto Ryan

La idea del programa es crear un entorno familiar. Eso es lo que se lleva a la mesa, con la idea de reunirse para comer, para tomar algo en un lugar distendido para cantar.

¿Qué gustos te sacaste con ese programa?

Traer a artistas con los que tenía ganas de compartir un rato, y me faltan un montón. Gente del interior, de la charanga, de la nueva generación, artistas de canto popular. Compartir un vinito, un asado y la cantarola.

En una de las canciones más representativas de tu obra, “Mi barrio”, cantás: “Yo miraba en el [club] Holanda desde afuera / a las orquestas / y con ellas me moría por cantar”.

Todo lo que dice esa canción es verídico. La hizo Carlos Fernández con la historia que yo le contaba. Y le podíamos haber dado color, pero yo quería que reflejara fielmente mis vivencias.

¿Cuáles eran aquellas orquestas?

Y... todas. Me acuerdo de Cienfuegos, de la Borinquen. En especial me acuerdo de Borinquen, de ir a verla desde afuera por una ventana que daba justo al escenario. Y si no la escuchaba desde casa, porque estaba a dos cuadras. Me sentaba en el patio, y era increíble cómo sonaba eso.

¿Y ya soñabas con la carrera que hiciste?

Sí, me encantaba cantar donde fuera. Yo creía que el camino era cantar donde tuviera lugar, porque era lo que me hacía feliz. Y pensaba, sí, que la vida en algún momento me iba a dar la oportunidad de subir a un escenario. Ahora siento algo parecido. La mesa significó un renacer, y ahora estoy disfrutando de una etapa linda de mi vida, en la que estoy concretando las cosas que procrastiné por mucho tiempo.

Con el show en el Auditorio Nacional del Sodre venimos por todo. Va a ser el puntapié inicial de una gira por todo el país, en distintos teatros.

¿Qué repertorio tiene este espectáculo en el Sodre?

Elegí entre canciones que siempre me pide la gente, y como es un repertorio muy extenso, son más de 24 canciones, también me di el lujo de incluir las que me gustan a mí. Además, como invitados especiales van a estar Luana, Maxi Álvarez y Matías Valdez.

Fui a ver una de tus actuaciones como solista en Complejo Sala Show. La devoción de la gente que te sigue es muy llamativa. Hoy hablabas de trabajar en piloto automático. ¿A eso también te acostumbrás?

No, para nada. Eso es el motorcito que te hace estar ahí arriba del escenario. Uno, inconscientemente, busca la aceptación de las personas, y es lindo que a uno lo quieran. El ego siempre está ahí y, aunque no te des cuenta, siempre estás atento a la respuesta del público.

Después de tantos años, también tenés un público más joven que sigue las letras de todas las canciones de memoria.

Por suerte, sigue pasando. Yo creo que el botón para apagar mi carrera lo tiene la gente.

Hablaste de cómo La mesa te ayudó a salir de la depresión. Además, ¿recibiste otro tipo de ayuda?

Claro, sí. Me traté con especialistas, con psiquiatra primero y después con psicólogo, porque fue una depresión fuerte. No podía salir solo. Hace mucho tiempo que hago terapia. Por suerte, ahora mi terapeuta me dijo: “Vamos a ir espaciando, porque te veo bárbaro”. Además de ser un espacio necesario, me gusta ir. Está bueno tener una persona que te escuche una vez por semana, o cada 15 días, y que te oriente.

Vos sos bastante analítico, ¿no?

Sí, me encanta eso. Con mi terapeuta jodemos y él me dice “colega”.

Sos un artista muy identificado con la movida tropical, pero cada vez más seguido se te escucha cantar tangos. ¿Cómo es tu vínculo con esa música?

El tango, como dicen los que saben, en un momento te llega. Yo empecé a escucharlo por mis padres. Es un género que como músico siempre me cautivó. Porque es muy rico musicalmente y en las letras, en las composiciones. Cuando sos más chico no les das pelota a las letras si no vienen con algo musical atractivo. Después empezás a entender algunas cosas, lo profundo de las letras. Lo simple y lo profundo a la vez del tango, tanto en el contenido como en la manera de interpretar. Es admirable escuchar a artistas y orquestas que hacen tango de verdad.

Foto: Nadia Iula

¿Cuál es el secreto para lograr una buena plena?

No tengo el secreto. Tengo la manera de tratar de hacerlo lo más prolijo posible, de grabar lo mejor que uno puede. Además, con el tiempo va cambiando un poco la forma en que se presenta. Por ejemplo, antes los temas tenían muchos coros. Hoy en día casi no tienen. Yo hace tiempo que no grabo, pero pondría coros. Tal vez haría una mezcla de la nueva forma con lo viejo.

Te escuché anunciar que están preparando nuevo material con Karibe con K.

Estamos en ese proceso, sí. Y está bueno que Karibe vuelva a grabar. Yo lo veo no solo por el hecho de meternos en un estudio, también pensando en la nueva comunicación y para estar presentes. Me imagino, haciendo un paralelismo, algo así como lo que hacen Los Palmeras en Argentina: son una banda grande y de gente con trayectoria, pero se mantienen agiornados. Estaría bueno grabar con algún artista nuevo, hacer videos y trabajar mejor nuestra imagen.

De todos modos, cada vez que se proponen hacer un Teatro de Verano lo llenan. ¿Van por un público nuevo?

Es que hay que trabajar con todos los públicos. Karibe con K tiene la peculiaridad de que le llega al joven también, pero no nos podemos quedar con lo que tenemos.

Ya van dos elecciones en las que integrás listas del Movimiento de Participación Popular (MPP). ¿En qué momento de tu vida te hiciste de izquierda?

Desde que era gurí, mucho antes de cantar música tropical. Todavía estaba instalada la dictadura militar y se hacía canto popular solapadamente para hablar de las injusticias que nos pasaban. Con un muchacho que me enseñó a tocar la viola habíamos formado un dúo. Yo, como te dije, lo hacía porque quería cantar en cualquier lado, no me daba cuenta ni de lo que cantaba. Y él me decía: “¿Viste que le cantamos al agua?”, y yo respondía: “Sí, claro, qué bueno ese tema”. Y él me explicaba: “No, boludo, en realidad estamos hablando de la revolución, el agua es una metáfora”. Y ahí empecé a entender lo que significaba la izquierda y de a poco me fui enganchando. Empecé a ir a un comité de base y a estar presente con nuestras canciones. Yo tendría, no sé, 12, 13 años. Hay gente que piensa que me enganché ahora.

¿Tiene algún costo la decisión de hacer pública tu simpatía política?

Hay gente que piensa que los artistas tienen que ser apolíticos y que tampoco deberían meterse con temas de religión. Sería lo mejor para no tener problemas con nadie, pero ¿a costo de qué? Yo no me voy a callar la boca por tener un toque más. Alguna vez nos pasó. Teníamos todo pronto para actuar en un lugar importante y, cuando una persona se enteró de que yo apoyaba al MPP, suspendió todo.

Creo que parte de mi permanencia en estos 37 años viene por ahí: yo soy auténtico con mis ideas, con mi show, con lo que hago. No puedo ir contra mis principios. A la gente le puede gustar o no. Compra lo que hago y sabe que no es falso. Aparte, lo que es fingido en algún momento se cae. No podés fingir todo el tiempo. Como dice el dicho, uno tampoco es monedita de oro para que lo quiera todo el mundo.

¿Eso lo trabajaste en terapia?

Sí. La capa de superhéroe, salvar a todo el mundo, quedar bien con todos, convencer: viví mucho tiempo con eso. La vida también te lo enseña.

En el carnaval 2025 participaste en el espectáculo de los parodistas Los Muchachos. Una de sus parodias resumía la historia de Karibe con K. La idea de filmar una serie sobre el grupo ya debe de andar en la vuelta.

Ah, sí. Me encantaría. Tiene todo para que la historia se pueda contar en capítulos: drama, humor, renacimiento. ¡Atentos, productores!

Sigo atrevido. Miércoles 12 de agosto a las 21.00 en el Auditorio Nacional del Sodre. Banda invitada: Mal Mambo. Entradas desde $ 800 a $ 2.400 en Tickantel.

¿Te interesa la cultura?
None
Suscribite
¿Te interesa la cultura?
Recibí la newsletter de Cultura en tu email todos los viernes
Recibir