No es tan fácil encontrar clásicos en streaming hoy por hoy. Mientras que en otras latitudes existen canales como Criterion (un inmenso archivo de cine antiguo y moderno, seleccionado bajo una cuidadosa curaduría), por estos pagos nos tenemos que conformar con lo que seleccionan, cada tanto y de manera desorganizada, los diferentes servicios de streaming disponibles. Esto no quiere decir que no se encuentren, pero sí que no son de fácil acceso o, incluso, de simple conocimiento. Pero como haberlos los hay, recomendaremos a partir de hoy algunos clásicos disponibles para el espectador uruguayo. Y cuando hablamos de clásicos, ¿quién puede serlo más que Humphrey Bogart? Por eso, he aquí una selección de las películas de Bogart, en particular en HBO Max.
The Maltese Falcon, de John Huston (1941)
Hablame de debuts, cuando esta es la primera película de John Huston, una vertiginosa adaptación –prácticamente literal– de la genial novela de Dashiell Hammett. Y fue también la consagración de Bogart –hasta ese momento secundario u ocasional villano– como total y absoluta estrella.
Aquí es Sam Spade, el paradigma de un detective privado noir –quien junto con su socio Archer recibe el sencillo encargo de vigilar a un hombre para una cliente–. Como suele ocurrir con lo sencillo en los films noirs, de sencillo no tiene nada: Archer aparece muerto, el hombre a seguir aparece muerto y la cliente no es quien dice ser. Contrarreloj, con la policía pisándole los talones, Spade deberá resolver un misterio que incluye un tesoro español de cientos de años y la dichosa estatuilla del título, así como sombríos –y muy peculiares– personajes interesados que le irán saliendo al paso.
Al soberbio protagónico de Bogart, Mary Astor le rivaliza todas las miradas con un personaje tremendamente complejo –curiosamente, muy alejado de la proverbial femme fatale tan cara al género– y dos enormes secundarios de Peter Lorre y Sidney Greenstreet (este último en su debut con 60 años, pero enormes 40 años de teatro encima) se roban todas las miradas. Tan bien salió este combo –Bogart, Astor, Lorre y Greenstreet– que a lo largo de los siguientes diez años coincidieron varios de ellos siempre de manera muy gustosa en varias películas (en Casablanca, de hecho, posterior a esta, repiten tres de cuatro). Una maravilla, dicho de manera llana y simple.
Casablanca, de Michael Curtiz (1942)
WWII, Casablanca, Marruecos. Dos correos alemanes son asesinados y sus infalibles permisos de viaje han desaparecido. Marruecos, colonia francesa, se encuentra en una situación política particular –su gobierno madre, Francia, está en control de los nazis; en Marruecos todavía no obedecen a nadie en particular– y se ha transformado en uno de los puntos principales de escape para refugiados, si se tiene los dichosos permisos en su poder.
Por eso, esa noche en el café de Rick, la venta de los documentos suscita mucha atención, salvo para el propio Rick (Bogart) quien ha aprendido a no meterse más donde nadie lo llama y hacer la suya, hasta que regresa ella... Ilsa (Ingrid Bergman, por la que cualquiera desafiaría a todos los nazis del mundo). Pronto, todo toma el mejor gusto a policial negro –¿quién tiene esos permisos?– y película de espías de guerra –¿se puede confiar en ese trepador oficial francés (Claude Rains, robando escena a lo bobo)?; ¿qué pensar de todos esos compradores y vendedores de la ciudad (el combo infalible de Peter Lorre y Sidney Greenstreet)?; ¿se logrará evitar al malvado oficial nazi (nada menos que Conrad Veidt)?– que tiene, además de todo, un triángulo amoroso tremendo, porque el tercero en discordia –Viktor Lazlo (soberbio Paul Henreid)– es también un inmenso personaje (no en vano, y disculpen ustedes este abuso de paréntesis, la mejor escena, la de la guerra de himnos, la protagoniza él).
¿Querés thriller? ¿Querés romance? ¿Querés aventura? ¿Unos diálogos inolvidables, escenas que han construido por sí mismas la historia del cine? ¿Una banda sonora (¡Louis Armstrong!) que no podés dejar de tararear por días? Pues acá está todo.
The Big Sleep, de Howard Hawks (1946)
William Faulkner y Leigh Brackett adaptan la novela de Raymond Chandler. Howard Hawks dirige. Bogart protagoniza junto con quien más química tuvo en toda su carrera: Lauren Bacall. ¿Hace falta decir algo más? Evidentemente, no.
Fidedigna adaptación de una de las novelas policiales más emblemáticas de todos los tiempos, Bogart se reafirma en esta clase de roles ahora como Philip Marlowe, acaso el mayor detective privado que ha visto el celuloide, y Bacall hace su parte como la conflictiva femme fatale que todo noir que se precie de tal debe tener. El misterio funciona muy bien y la dirección de Hawks es exquisita en su clasicismo. Apenas hay un bajón en el ritmo pasada la mitad, y la necesidad de transformar a Marlowe en un playboy irresistible (libreras, taxistas, camareras, todas se arrojan a sus pies a su paso) se termina por volver algo molesta, pero son peros muy menores.
