Los reconocimientos en el arte y el entretenimiento son subjetivos, pero dan pautas. El lunes, por ejemplo, el actor Matthew Rhys hizo historia al llegar a tres premios Emmy como actor protagónico en los tres grandes grupos en los que dividen los programas nominados: comedia, drama y, finalmente, el que engloba miniseries, antologías y telefilms.
Rhys había ganado en 2018 por encabezar la serie dramática The Americans, y este año le sumó una estatuilla por la comedia de horror Widow’s Bay y la miniserie La bestia en mí (The Beast in Me), que integra el catálogo de Netflix. La primera es un nuevo clásico, la segunda no está disponible en Uruguay y la tercera es la que vengo a recomendarles en esta instancia.
La historia entra en la categoría de ficciones del gato y el ratón, en las que el héroe o la heroína se encuentran con su némesis y se obsesionan el uno con el otro. Un buen ejemplo sería Hannibal, el “remix” (en palabras de su creador, Bryan Fuller) de las novelas de Thomas Harris protagonizadas por Hannibal Lecter, quien aquí tiene una relación complicadísima con Will Graham. Más cercana en el tiempo, y seguramente más popular, fue la serie Killing Eve, con una gata policía y una ratona asesina que se la tenían jurada.
En este caso la protagonista es Aggie (Claire Danes), una escritora que sufrió una pérdida muy dolorosa y atraviesa un bloqueo creativo de antología. Al lado de su casa de las afueras se muda Nile (el talentoso señor Rhys), un heredero de los negocios inmobiliarios que fue absuelto de la muerte de su esposa, aunque toda la sociedad cree que él efectivamente la mató. Las ganas de Nile de hacer un caminito en el bosque para correr más tranquilo pondrán a estas dos personas frente a frente.
Esta es una miniserie conversada, sobre todo porque los responsables saben que tienen a dos actores muy expresivos, capaces de darlo todo en cualquier espectro de las emociones humanas. Los protagonistas comienzan a pensar que si ella escribe un libro sobre él podría hacerles muchísimo bien a ambos, en materia de opinión pública y porque ella debe una fortuna de adelantos por el libro que apenas empezó. Nada es tan sencillo, porque desde el primer episodio tendremos a un agente del FBI que llega borracho a la casa de Aggie a decirle que tenga cuidado con el millonario inmoral. Valga la redundancia.
Seremos testigos de una especie de Bajos instintos sin la menor tensión sexual, en el sentido de formar una relación con alguien que muchos consideran culpable, y disfrutando del peligro de que quizás lo sea. Por allí irán apareciendo clichés (el pendrive que descarga información en el tiempo exacto) e incluso algunos toques melodramáticos (la relación de él con su esposa y de ella con su exesposa). Sin embargo, cada vez que aparezca Rhys en pantalla, poniendo cara de bueno, de malo o de cualquier rango intermedio, habrá que sacarse el sombrero. Si es que acostumbran usar sombrero mientras miran televisión.
Pestañeás y estás llegando al final de temporada. Que tiene, debo reconocer, un cliché casi imperdonable hoy en día (que no revelaré). De todas maneras, el balance es positivo, y a Claire y Matthew uno los vería discutir durante horas sobre el pronóstico del tiempo. Así de buenos son.
La bestia en mí. Ocho episodios de alrededor de 50 minutos en Netflix.
