la diaria Arte

Graciela Taquini en Laguna del Sauce (archivo, 2012).

Foto: Sofía O´Neill

Murió “la tía del videoarte”: el legado afectivo y conceptual de Graciela Taquini

La artista, curadora y docente argentina tuvo un intercambio fluido con sus pares de Uruguay.

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La llamaban Grata o, afectuosamente, “la tía del videoarte”. A los 85 años falleció la artista, curadora, investigadora y docente Graciela Taquini, considerada una pionera en el desarrollo y difusión del videoarte en América Latina.

Fue una figura imprescindible para comprender la escena artística contemporánea y en especial el desarrollo de las artes tecnológicas. Artista, curadora y docente, nació en Buenos Aires en 1941, se formó en Historia de las Artes en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en los años 1960 y desarrolló la mayor parte de su producción en el área del video experimental monocanal.

Con una producción en el videoarte iniciada en 1988, Taquini desplegó a lo largo de más de cuatro décadas una trayectoria caracterizada por su solidaridad de saberes y una capacidad desbordante para generar redes y lazos horizontales entre artistas latinoamericanos.

Su vínculo con la escena de las artes visuales en Uruguay fue fluido, generoso y formador. Además, según varios testimonios, también fue divertido: era una mujer alegre, se reía mucho y sabía escuchar, recordó la artista uruguaya Teresa Puppo. “Conocí a Graciela cuando fui a Buenos Aires a hacer un seminario de la fundación Guggenheim. Ella era muy amiga de Enrique Aguerre y le llevé unos videos que él le mandó; en ese encuentro nos hicimos amigas”, dice Puppo, quien además de esa relación personal mantuvo una colaboración creativa con la artista argentina.

Desde entonces, la presencia de Taquini en Montevideo fue constante. Participó activamente en la Fundación de Arte Contemporáneo (FAC) y su laboratorio de cine experimental, donde dictó charlas, talleres y colaboró en la realización de audiovisuales. “Graciela fue muy importante para el arte contemporáneo uruguayo, sobre todo desde el videoarte”, afirma Puppo.

“Era una persona que generaba vínculos, muy generosa, docente de corazón; te enseñaba, te contaba. Aprendí mucho con ella. Sobre todo le interesaba el video y la performance, la videoperformance”, dice la uruguaya, que a su vez destacó de Puppo “la irreverencia, su cuestionamiento a todos los cánones establecidos y cómo generaba vínculo entre artistas latinoamericanos, su respeto por los artistas y sus planteamientos, por el saber del otro”.

Entre las colaboraciones más significativas entre ambas artistas se encuentra la exposición Lo innombrable, presentada en el museo Blanes, en 2022, bajo la curaduría compartida de Ángela López Ruiz, Gabriela Larrañaga y la propia Taquini.

Entender el videoarte implicaba, para Taquini, adentrarse en la temporalidad como materia prima. “El videoarte es una forma de cine experimental: experimentás con la cámara, con la película, con la forma de plasmar una obra que tuviera duración, trabajar con el tiempo”, explica Puppo sobre la búsqueda conceptual que compartían.

En su ensayo “Sobre el video en la Argentina”, publicado en la revista especializada ArtNexus, Taquini definía así el formato: “El video forma parte de ese algo difuso que podemos llamar contemporaneidad, que es abierto, deja intervenir el azar como constitutivo, tiene toda la problematicidad del mundo de hoy”.

Su trabajo trascendió fronteras. Proyectos curatoriales como Masamérica reunieron obras de videoarte de Argentina, Brasil, Bolivia, México, Uruguay y Paraguay, evidenciando su compromiso con la identidad regional. Del mismo modo, en proyectos como Paralelas y meridianos exploró intercambios culturales con países como Suecia y Noruega, abordando el universo de las similitudes y diferencias.

Además de su faceta como curadora en citas internacionales –como la Bienal Interferencias, en Francia–, en su propia producción como realizadora de videos y documentales abordó la memoria, el cuerpo y el archivo con aguda sensibilidad y profesionalidad.

Entre sus múltiples reconocimientos destacan el Premio Konex de Platino en Video Arte (2012), el Gran Premio del Salón Nacional de Artes Plásticas (2014) y su incorporación como miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes. Asimismo, se desempeñó como jurado internacional y curadora de muestras argentinas en países como Colombia, Cuba, España, Francia, Perú, Portugal y Uruguay.

Preocupada por la transmisión de su conocimiento y por la memoria de las artes tecnológicas, Taquini impulsó en 2020 la creación de un equipo de trabajo y una plataforma web autogestiva. Bajo el nombre de Legado.ar, construyó un “archivo vivo” en constante transformación que rescata, investiga, interpreta y difunde expresiones del audiovisual experimental y las artes tecnológicas. Esta plataforma abierta no solo aporta un marco teórico imprescindible para la historia del arte contemporáneo rioplatense, sino que constituye una herramienta de consulta clave para la investigación y la crítica artística de la región.

En el libro El legado, Taquini escribe: “Me motiva la filosofía del proceso u ontología del devenir propuesta por Alfred North Whitehead, que ve el mundo como una red de procesos interrelacionados de la que todos somos parte. Plantea que todas nuestras decisiones y acciones tienen o tendrán algún efecto colectivo. Este pensamiento ha influido sobre la historia de los feminismos y la ecología y me ha despertado una gran inquietud, pensando en mi propia historia”.

Puppo recuerda que Taquini decía que los uruguayos somos “enciclopédicos”. Tal vez fuera también una forma de referirse a ella misma y su herencia artística, que nos deja para seguir creando.

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