Arriba del piano de su casa-estudio reposan dos de sus discos preferidos de los Beach Boys: Sunflower y The Beach Boys Today! En otra pared una pequeña foto de los Beatles funciona como amuleto protector y al lado de un televisor, en la cima de una fila de casetes desordenados, resalta el naranja que pinta la tapa del Red Rubber Ball, el primer LP de The Cyrkle, editado en 1966.
Santiago Imaginario, de 24 años, busca lugar entre una batería, teclados y guitarras para comenzar esta charla con la diaria y se detiene en el detalle de otra de las joyas musicales que lo rodean. “Este lo estoy escuchando sin parar: Eli and the Thirteenth Confession, de Laura Nyro. Es de 1968 el disco. Ella murió bastante joven. Y es una compositora que escribió unos hits impresionantes para otros artistas”, apunta.
A fines de julio, el cantante, compositor y multiinstrumentista lanzó el EP ¡lluvia!, con algo de casualidad y sin demasiado optimismo. “Lo grabé en 2023 y después me colgué mucho”, admite. “Tengo unos amigos que siempre me decían que lo subiera, y al final les hice caso”, confiesa. “Es algo que me pasa muy seguido; me aburro de lo que estoy haciendo y no me termina gustando”.
Santiago se disculpa por su introversión. La melena lo ayuda a esconderse un poco y su buen humor lo libera de las incomodidades de una entrevista. Así y todo, está dispuesto a hablar sin apuro sobre su música y, en especial, la que escucha todos los días.
En la pantalla de su teléfono un video muestra un viejo cintero conectado a un tubo de agua y devela solo uno de los secretos detrás del sonido de ¡lluvia! El disco arranca con “Miles de cables”, y la felicidad idílica de la melodía contrasta con la frase “siempre es igual/ el mismo lugar”. Durante “Yee haw”, cantada en inglés, el artista se sumerge un poco más en el pop extraño de Brian Wilson y los Beatles, y lo consigue con astucia, originalidad y frescura. “Ocurre aquí” sigue esa línea, pero no se contenta solo con el viaje lisérgico y apuesta por una canción que suena a un buen día en medio de una semana de niebla, con el piano como protagonista y combatiente del caos delirante. “Pesadilla Disney” contraataca con melancolía colorida y épica. El loop del piano desconcierta, como la penúltima escena de una película de final abierto. “Buses” traslada al oyente a algún tipo de paraíso y “Mundo nuevo” lo devuelve a la oscuridad de unas alcantarillas a las que no llegan los ruidos de la ciudad.
De brevedad pronunciada, al final de las seis canciones, la ambiciosa propuesta sonora sugiere un universo del que solo sabremos más en futuros trabajos del artista. ¡lluvia! suena a una instantánea de caleidoscopio, un montón de estímulos contenidos en algunas formas conocidas y en otras deformadas, escondidas detrás de una puerta que de pronto se abrió, y no por mucho tiempo.
“Por lo general pongo a grabar y toco, y después veo qué pasa”, relata sobre su método compositivo natural. “Es un poco improvisado, sí, que para mí no es lo ideal, en verdad, porque es difícil, pero al mismo tiempo es la manera en que me salen las cosas”, dice.
Lo primero en su carrera discográfica solista fue el EP Santiago (2017). Le siguen los álbumes Se fundió mi cara, se fundió junto a tu cara y Dormirse, ambos de 2019, y Mirada hacia el futuro (2024).
Ya hace unos años que Santiago Imaginario vive en Montevideo. En su hogar, además de escuchar vinilos y casetes (su formato predilecto), le encanta cocinar. Sale poco de su casa, y cuando pisa la vereda le gusta sacar fotos con su celular o con una cámara analógica que le regaló su padre cuando tenía 17 años. “Es que soy medio tímido. Me dan un poco de ansiedad los lugares donde hay mucha gente”, dice, aunque reconoce que a veces se tira hasta Andrómeda, en la esquina de Durazno y Convención.
Oriundo de Artigas, se formó en el Conservatorio Musical Enrique Lemos. “Mi inquietud por la música viene desde muy chico. Le reventaba las ollas a mi vieja y con un teléfono de tapita que tenía mi viejo grababa canciones que yo mismo inventaba”, recuerda. De su influencia familiar, anota a Jaime Roos, como los más roquero que podía escuchar su padre, y Queen, como el descubrimiento que llegó a través de su madre. “Después, por el lado de mi hermano, que escuchaba mucha música, recuerdo canciones de La Vela Puerca y Los Hermanos Láser, que siempre me gustaron”, dice.
De la movida del rock artiguense menciona a sus colegas de Tufo, y para hablar de la música más popular del norte uruguayo trae la imagen de un puente como lugar de referencia juvenil nocturno de los fines de semana. “No sé cómo será exactamente ahora, pero casi siempre la gente va con sus autos y se juntan para escuchar cumbia y funky carioca. Esa música a mí nunca me gustó”, subraya.
De las varias bandas que integró antes de largarse en solitario, por 2016, Santiago ya daba cuenta de su camino alternativo al frente de los ruidosos The Plants, en un registro de su participación en el encuentro Arte y Juventud, en Treinta y Tres, disponible en Youtube. Más acá, en 2019, en el festival Bola de Nieve –en plan voz y guitarra eléctrica en La Experimental–, sorprendió al público del barrio Malvín, en una de sus primeras actuaciones en Montevideo.
Más de una vez, el artista artiguense se alejó un tiempo de la música y luego regresó. Ahora, sus amigos también lo alientan para que se presente en vivo con sus nuevas canciones. Así ha comenzado a ensayar con mayor frecuencia y a grabar nuevo material.
Por lo pronto, le interesa dejar en claro sus gustos musicales. Fue fanático de los Strokes y no salió del Pet Sounds y del Smile de Brian Wilson, la música de los Beach Boys que le cambió la perspectiva de las cosas: “Los que me volaron la cabeza fueron Friends y Wild Honey Sunflower, que son mucho más caseros”, explica. Agrega a su lista beatle los discos de Wings y de John Lennon, en particular, su álbum solista Walls and Bridges. Y por último, cuenta y arriesga: “Hace un tiempo me di cuenta de que me gusta mucho más La conferencia secreta del Toto’s Bar, de Los Shakers, que el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, de los Beatles. Son dos discos hermosos, pero me pasó un día que me puse a escuchar ‘Más largo que el Ciruela’ y me puse a llorar como un desgraciado con el bandoneón del final. Los Shakers son lo mejor del mundo”, sostiene.
¡lluvia!, de Santiago Imaginario (2026). En plataformas.