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Agustina Sánchez.

Foto: Ignacio Dotti

Agustina Sánchez, arquera de la selección y campeona con Belgrano de Córdoba: “Se tuvieron que vivir muchas cosas para estar donde estamos”

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Cuando atajó el segundo penal pensó que ya estaba, que eran las campeonas del fútbol argentino, y salió corriendo a festejar. Pero en realidad todavía faltaba el suyo. La arquera de la selección uruguaya, Agustina Sánchez, se vistió de goleadora y convirtió el penal de la consagración de Belgrano en el Torneo de Campeonas, equipo que una semana antes se había quedado con el Torneo Clausura en el fútbol argentino. Sobre eso y su presente habló con la diaria

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El nombre de Agustina Sánchez quedará marcado en la memoria colectiva del pueblo futbolero cordobés. Es que, en una semana, las piratas de Belgrano de Córdoba ganaron el Torneo Clausura y el Torneo de Campeonas de la Liga Argentina. Primero se antepusieron a Racing 2-0 en el Gigante de Alberdi, con un récord de público: el número de espectadores se ubicó entre las tres primeras máximas convocatorias en el fútbol femenino de la vecina orilla. Tanto el ascenso pirata en 2022 como el partido entre Argentina y Venezuela en el Mario Alberto Kempes, en primer y segundo lugar de convocatoria, respectivamente, se jugaron en la ciudad que estira las vocales en un cantito único. Ganar el Clausura le permitió a Belgrano acceder a la final por el Torneo de la Liga Argentina frente a Newell’s Old Boys de Rosario, que había ganado el Apertura.

En la final se impuso el 0-0. Las cinco uruguayas de Belgrano –además de Agustina, Alaides Paz, Laura Felipe, Guillermina Grant y Fátima Barone– cincharon de la piola hasta los descuentos, pero el gol les sería esquivo. Sin embargo, eso permitió que Agustina, la nacida en Nueva Helvecia, se confirmara como figura del equipo cordobés. No sólo tapó dos penales de las rosarinas, sino que pateó el definitorio, que desató el festejo de media ciudad.

“Ahora que bajé un poco los decibeles y llegué a mi casa en Colonia, lo miro de otra manera, estando allá era todo alegría y locura. No sólo el hecho de salir campeonas, sino la revolución que eso causó en Córdoba”, dice Agustina a la diaria mientras un sauce llorón es alegrado por un viento oriental. “La gente está muy metida, en la calle te saludan. Es algo que nunca me tocó vivir de esa manera tan fuerte. Así que estoy cayendo, además, en haber clasificado a la Libertadores; fue mucha historia para el club en una semana”, dice en su Nueva Helvecia natal. Con mucha personalidad, la arquera, que además es titular de la selección uruguaya que peleará por un lugar en el Mundial de Brasil 2027, atajó dos de los penales y luego de atajar el segundo amagó con salir a festejar pensando que ya había terminado. Pero faltaba el suyo.

“En Belgrano no existe tanto el masculino por un lado y el femenino por otro: la gente es hincha en general. Por eso metimos 26.000 personas en la final. Porque hay mucho apoyo. Algo similar pasó cuando jugué mi primer partido en el Gigante de Alberdi contra Talleres en el clásico, al que fue un montón de gente”, cuenta Agustina, surgida del Nacional helvético, sobre el aura pirata en la ciudad cordobesa, que permite no sólo los récords de público, sino también el ascenso futbolístico de Belgrano. Desde que empezó en la tercera categoría no ha parado de ascender y consagrarse, hasta esta última definición que no sólo hizo estallar al pueblo de alegría, sino que le permitió pensarse más allá de fronteras.

“En Belgrano no existe tanto el masculino por un lado y el femenino por otro: la gente es hincha en general”.

“Esa pelea se transmite. Primero no las dejaban entrar a la AFA [Asociación del Fútbol Argentino] y sólo podían competir en la liga cordobesa, hasta que lo consiguieron y demostraron que se merecían estar”, explica. “Nosotras, que somos del interior, sabemos lo que es el sacrificio, comerte horas de viaje, horas para jugar. Acá, cada 15 días, hacemos diez horas de viaje a Buenos Aires”, agrega. Las cinco uruguayas juegan en la selección: Grant también es de Colonia, más precisamente de Tarariras; Alaides es canaria y Fátima es del santoral. La única montevideana es Laura Felipe de Barrio Sur. Entre ellas se tejió una especie de columna que le sirvió a la entrenadora Mariana Sánchez para forjar un equipo sólido, con pertenencia y ganador, en convivencia con las legendarias locales. “Llegamos sabiendo lo que es el sacrificio”, dice Agustina, “saber de dónde venís, saber lo que te costó, que nada te regalaron, te impulsa. Hay jugadoras que están hace años en el club, como la entrenadora que se retiró el año pasado, que vive para el club y es hincha a muerte, y te inculcan valores que después los terminás sintiendo tal cual son”, concluye.

Casi se lo ataja a la Tata María Victoria Vives: le adivinó el palo y la intención. Atrás la acompañaba una multitud y adentro, su pueblo, su gente. Se quedó con el penal de Oriana Fontán y luego de que convirtiera su vecina de pueblo, Guillermina Grant, confirmó que las figuras celestes serían más celestes aún. “Con una uruguaya te encontrás y te unís, es así. Tuve la suerte de que con Fátima vengo compartiendo hace años, en la selección, en Nacional, en Platense, eso nos ayuda en la cancha y se nota, y con todas es así. Sabemos de dónde venimos, la historia de cada una. Con Guille también jugamos, compartimos torneos de OFI [Organización del Fútbol del Interior]”, cuenta Agustina.

Cuando atajó el penal de Paula de la Serna, pensó que todo había terminado y que eran campeonas. Incluso su cuerpo, por inercia, salió a festejar. Hasta que se dio cuenta de que todavía faltaba el suyo. Más por personalidad que por especialidad, Agustina se había metido en la lista de pateadoras para la eventual definición. De zurda, la acomodó cerca del barrio de las arañas, donde los palos se unen, y se mandó a la inolvidable carrera del festejo. “Lo entreno siempre al mismo lugar, pero en el partido podés darte cuenta de muchas cosas. Si la arquera va hacia ese lado hay que cambiar. También están las que te esperan hasta el último segundo, ahí tenés que morir con la tuya”, cuenta.

La selección de cara al Mundial 2027

“Se notó la diferencia entre lo que era antes de irnos a la Copa América, desde la AUF [Asociación Uruguaya de Fútbol] y desde la gente, y cuando volvimos, que fuimos a jugar al Centenario con Argentina y había mucha gente. Y cuando fuimos al Viera esa tribuna llena fue hermosa de ver y de sentir el apoyo”, dice la arquera camino al Mundial de Brasil 2027. “Está buenísimo sentir el apoyo del pueblo cuando venís al país, porque estamos cada una en una parte del mundo y necesitás estar con tu gente, que te sigan”, agrega.

A Uruguay le queda la triple fecha FIFA en abril y la doble fecha en junio. Todos son partidos decisivos. “Tenemos que ganar y esperar resultados, pero sería una alegría clasificar al Mundial por primera vez, después de tantos años de lucha. Reafirmar lo que fue la Copa América también, en la que hicimos historia al lograr la clasificación a las semifinales, pero también queremos el premio por el que tanto peleamos desde hace años. Se tuvieron que vivir muchas cosas para estar donde estamos, y estamos en la lucha”, expresa la futbolista, que tiene todo encaminado para continuar en Belgrano en 2026 y jugar la Copa Libertadores de América, al mismo tiempo que se juega todo con la selección.

“Sería una alegría clasificar al Mundial por primera vez, después de tantos años de lucha”

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“Cuando me siento un ratito a ver dónde estoy ahora y todo lo que pasó este año, en esta última parte, es una locura. Hace tres años parecía muy lejano salir campeonas: era Boca el que salía campeón todos los años. Era difícil verme ahí levantando la copa del torneo argentino. Después de estar en Belgrano y de ver la ambición y la convicción de querer estar ahí, empecé a vivir más real ese sueño de salir campeonas”, dice Agustina, cuando el ritmo del pueblo vuelve al cuerpo que sonaba a cuarteto: “Esa nena que jugaba a la pelota en la canchita que tengo acá enfrente ni siquiera soñaba con salir campeona en Argentina o con ser titular en la selección”.

“Valorada como futbolista”

En el libro Pateando barreras, de Yamila Badell y Patricia Pujol, la primera cuenta que recién a sus 28 años pudo sentirse, entre comillas, profesional. Agustina dice: “Ahora te puedo decir que soy futbolista profesional, más que nada por el club en el que estoy, que me da todo lo necesario y más, no me falta nada. Tengo todas las condiciones. Eso te hace profesional: el ser puntuales a la hora de los pagos; cuando muchos clubes tienen atrasos, acá no pasa”, relata, y remata: “Me siento valorada como futbolista”.

“En Uruguay falta apoyo de cada club. Muchos tienen femenino porque si no, no te dejan jugar el torneo”, señala la arquera sobre la realidad del fútbol uruguayo. “No tienen cancha para entrenar, te dan un pedazo de tierra, con suerte materiales, algunas pelotas y pará de contar. Ni hablar de viáticos; de pagar, cero. Entonces, ¿cómo la futbolista va a rendir al cien por ciento en lo que tiene que hacer? Tres ómnibus para ir a entrenar, estudiar, trabajar. No aguanta ni la cabeza ni el cuerpo”, explica. “Por suerte, cuando jugué en Montevideo lo hice en Nacional, que es un club que apuesta al femenino y se nota en las jugadoras y en los resultados”, cuenta sobre su experiencia, en la que pasó de Nacional de Nueva Helvecia a su homónimo de Montevideo.

“Pero en Uruguay se juegan muy pocos partidos por año. Eso te saca ritmo y es difícil salir a jugar en la Libertadores. Capaz que te enfrentás a un equipo que jugó 40 partidos, mientras que vos jugaste diez”, explica. “Falta apoyo y compromiso, dar lo que se necesita, como se da en Belgrano, pero no todos los clubes apoyan de esa manera. Acá ves las jugadoras que vienen desde la C y entendés que no podés no querer comerte la cancha, ayudarlas a cumplir ese sueño que tienen desde hace años”, remata la arquera uruguaya.

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