Marcelo Bielsa en el Estadio Centenario (archivo, octubre de 2023)

Foto: Camilo dos Santos

Bielsa y los tres millones de técnicos y técnicas

La lista mundialista que imaginamos, la que queríamos y la que será | Deportivo Sentimiento.

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Mientras esperamos que Marcelo Bielsa dé su última lista de convocados con -esperamos que- 26 futbolistas en la fecha límite establecida por FIFA, el próximo 1 de junio, aún con la más notoria falta de expectativa en Uruguay, por lo menos desde el Mundial del 2002, muchos jugamos a hacer la lista, y en algunos casos a querer que algunos de nuestros candidatos hayan entrado en la restrictiva lista de 55 que ya fue presentada de manera secreta y cerrada, porque si ya no estuvieron ahí, no podrán entrar.

Es seguro que antes de estas trascendentales y privadas nóminas, siempre en cada evento los sabiondos y sabiondas tenemos nuestras inquietudes y diferencias, pero pocas veces son tan enormes que nos desinflan las inmediatas expectativas. Ahora nos pasa, me pasa, que creo que no estaré tan lejos de la decisión final, aunque aún siendo un especialista en la materia, me baso en la posible lista de 55 que nadie conoce, pero de la cual todos parecen saber que no están Luis Suárez y otros.

Armando el cuadro atrás del alambrado

¿Cómo saber cuándo alguien hace el cambio y pasa de aquel jugador niño, muchacho, de pasión lúdica por el juego del fútbol, a un individuo que razona y piensa el juego en relación a sus compañeros, a quien le da directivas de cómo deben jugar, de quiénes deben entrar entre los 11?

¿Cómo descubrir el momento en el que el hincha criado en la irracionalidad de la tribuna que florece en descalificaciones y silbidos pasa a ser un testigo más racional y acompaña a su equipo y a sus rivales de una manera más respetuosa y positiva?

No puedo ubicar mi momento, ni el de mis pares, pero sé que aún era liceal cuando conversaba con los líneas, con los rivales, cuando desde la tribuna mostraba mi irrespetuosa discordancia con los técnicos, con los jugadores.

Ese crecimiento es un proceso virtuoso que se nutre de canchas, puteadas, tribunas, hondísimas frustraciones y efímeras, pero inolvidables alegrías. Pero hay algo claro: uno, una en el estadio laboral, académico o social que ocupe, nunca pierde el ADN del hincha que fue, no referido al club o la camiseta que quiere, quiso o querrá o la que sigue, sino a esas emociones sanas pero impertinentes que nos habitan.

Ya he contado tantas veces cómo necesito que, más allá de mi formación y mis desarrollos como comunicador, para especializarme en la crítica deportiva y en este caso en el fútbol, me he preparado estudiando, entendiendo, discutiendo y conceptualizando principios básicos que hacen al desarrollo de cualquier especialización, que trascienden la idoneidad de los actores o los sistemas de trabajo.

El gran DT

Hace décadas que sé que no juego, que no elijo los jugadores, que no soy el director técnico, que no conozco ni un 5% de las internas vitales de esos colectivos que estoy analizando, pero sin embargo me pasa que igual me pregunto por qué un fulano o una mengana no es titular, por qué pone a este y no al otro, qué pasa con aquel o aquella que no aparece. Hace décadas que sé que cuando me pasa eso no lo puedo convertir en análisis técnico deportivo, y me repregunto qué bases tengo yo para pensar que debería demandar tal acción o tal presencia.

Me he convertido en un asceta del análisis desapasionado sin esconder mi pasión por el juego, pero mis miserias y mis desvíos siempre han aparecido y seguirán apareciendo.

Toda esta situación de las listas de reservados y convocados, que por la razón que fuere ha sido mantenida en impura confidencialidad y medias verdades con fuentes y papelitos que aseguran tener la posta sobre quién estuvo, quién estará y quién llegará, me ha hecho escudarme nuevamente en aquel hincha atrevido e impertinente que les comenta a sus compañeros de tribuna, o a sus compañeros de banco en el liceo, o comiendo un chorizo completo en El Galleguito, quién debería estar y quién no.

No corresponde bajo ninguna circunstancia porque la AUF ha contratado un técnico que vale lo que cobra, preparadísimo, con idoneidad comprobada y planes de desarrollo que le han acompañado en toda su carrera, que sabe por donde se lo mire, por conocimientos, convicción, estudios y evolución, un millón de veces más que cualquiera de nosotros, pero aun así, como policía de la desesperanza, a mí me viene la cuestión de por qué no está tal o cual.

Casi que ya ha pasado el proceso de trabajo de Marcelo Bielsa, porque ahora vienen los tres a ocho partidos que puede jugar en el Mundial y después, como se sabía desde el principio y como lo ratificó sin necesidad de que tuviéramos el aviso este jueves, no seguirá siendo técnico de la selección.

No corresponde que ni yo ni ninguno de nosotros le discutamos a Marcelo Bielsa quiénes deben estar en el Mundial, pero lo hacemos sin entender que no tenemos peso en sus determinaciones.

Sí he caído —haciéndome el generador de opinión que alumbra menos que una bobina de bicicleta— en pedir a Luis Suárez, entre los 55 y los 26. Asumo la impertinencia, me salgo de mi cauce profesional y de mis 40 años de oficio para jugar al #GranDT. Es una idea que parece impracticable, pero con Suárez la estantería se me viene abajo. Lo digo con respeto, pero con la fuerza de la historia. Las listas tienen sus misterios. Si son 26, ¿qué cuesta anotar al más grande? Mientras el Gordo esté en el formulario, tenemos un seguro contra la desolación y un maestro para los más jóvenes.

Preparando la lista

Pero claro, no es solo con Suárez –que en el caso de muchos y muchas de nosotros, sin importar la camiseta que vistió, creemos que puede estar como el último suplente–, cosa que aparentemente no sucederá porque ya parece haberse filtrado como un caño de la OSE roto en la principal la noticia de que no está entre los 55. Todos nosotros y nosotras, seleccionadores virtuales previo al Mundial, tenemos ideas, gustos y pálpitos acerca de quiénes nos podrían representar con el éxito que esperamos, pero sin embargo, en el entendido de que las reglas dicen que debe haber 26, no debemos tener más que cinco o seis de diferencia en relación a los que elija Bielsa.

¿Hay un golero distinto a los que suponemos están en la lista grande? Parece que no. De los de atrás, ¿hay alguien que debería estar y aparentemente no está en la lista de 55? Parece que Santiago Mouriño. Mi yo de 40 años atrás, cuando creía discutir las determinaciones de Omar.

Borras hubiese esperado un lugarcito para los ex liverpulenses Federico Pereira y Gastón Martirena. ¿Pero entrarían en los 26 sin tener participación activa en los casi cuatro años de dirección de Bielsa?

En los del medio no está Lucas Torreira, con dos mundiales y gran actualidad en Turquía, pero claro, ¿a quién sacarías del medio? Adelante perfectamente podría haber siete cupos: dos por lado y tres nueves, lo que podría limitar varias presencias de esas que plantean o se ponen en duda porque, si Pellistri y Brian Rodríguez son los que van por derecha, Darwin y Federico Viñas por el centro y Maximiliano Araujo por izquierda, quedan pocos lugares para disputar entre Rodrigo Aguirre, Juan Manuel Sanabria, Martín Satriano, tal vez Facundo Torres o Abaldo, planteando a futbolistas que están en actividad y por ello no pueden haber llegado al Complejo Uruguay Celeste, y quitando a Luis Suárez si se confirmara la versión que todos difunden.

Fernando Muslera, Sergio Rochet, Santiago Mele; Guillermo Varela, Nahitan Nández, José Luis Rodríguez, Ronald Araujo, Jose María Giménez, Santiago Bueno, Sebastian Cáceres, Mathías Olivera, Matías Viña; Manuel Ugarte, Federico Valverde, Rodrigo Bentancur, Giorgian de Arrascaeta, Nicolás de la Cruz, Rodrigo Zalazar, Agustín Canobbio, Facundo Pellistri, Brian Rodríguez, Maximiliano Araújo, Juan Manuel Sanabria; Darwin Núñez, Federico Viñas y Rodrigo Aguirre es mi lista cruzando las coordenadas de los que supuestamente no están en la lista de 55. Ya no formo parte activa del gremio de los tres millones de directores técnicos, pero igual espero que en alguna esquina escuchen mi opinión, y vamo arriba.

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