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Marcelo Bielsa, ayer, en el estadio Centenario. Foto: Guillermo Legaria

Marcelo Bielsa: vivo entre los vivos

Intento de leer entre líneas la mente brillante de Marcelo Bielsa.

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Marcelo Bielsa brindó su última conferencia de prensa como entrenador de Uruguay. Durante una hora y media expuso su versión de cada hecho consultado de forma muy inteligente. El estadio Centenario fue testigo del contacto final con el pueblo, lejos de lo imaginado, con tribunas desiertas y el fracaso de la eliminación del Mundial 2026 resonando en la tristeza.

Dio la cara y vale, algo que no sucedió con Diego Alonso tras la tempranera salida en Qatar. Sin dudas estamos ante uno de los entrenadores que mejor manifiestan su pensar en el planeta, es claro en sus conceptos, entiende muchísimo del juego y también del contacto con la prensa como medio para llegar al público.

Antes de aceptar preguntas repartió las cartas con la viveza de esconderse el 2 de la muestra –o la espadilla, para los que juegan el truco ciego–, carta que utilizó cada vez que necesitó un salvavidas. Lo hizo asumiendo toda responsabilidad por el resultado obtenido. Se anticipó a cualquier tipo de recriminación o intento de justificar el fracaso. Se paró en la primera fila de culpables y esa innegable autocrítica también se transformó en escudo para explicar lo que consideró como virtudes.

Correr más que los rivales, generar más situaciones de gol que los rivales y datos elegidos minuciosamente para exponer. ¿Quién iba a retrucarle algo?, si tenía el 2 de la muestra en esa cantidad de papeles donde registra todo para el estudio posterior. Sabía más que nadie de lo que hablaba, números fidedignos desde lo objetivo, escogidos desde la subjetividad de enaltecer lo que se hizo bien. Y está bárbaro, porque es algo que vimos todos. Uruguay mereció más de lo que se llevó, con la salvedad de que el fútbol sigue siendo el menos lógico de los deportes y a los merecimientos se los lleva el viento, o te hacen volver antes de lo previsto.

Las causas de la eliminación fueron evidentes para los futboleros y para Bielsa: no convertir en la cantidad de chances generadas y conceder goles en situaciones que no debían generar peligro para la defensa. El mensaje marca que la celeste generó, dominó, corrió y se esforzó para conseguir el resultado, pero no ganó, que al final es lo único que importa.

La lectura fácil sería pensar que esos errores fueron individuales y no colectivos, siendo determinantes en el resultado. Pero el rosarino ya se había puesto adelante de la línea de culpables y volvió a explicar que, pese a los planteos de dominio absoluto, fue el responsable de la derrota. Otra vez el 2 de la muestra.

Relación de elogio transformado en crítica

Bielsa jamás criticó directamente a ningún jugador, ni ahora ni nunca. Durante su mandato al frente de la selección uruguaya se responsabilizó por no sacar el mejor potencial de los futbolistas e incluso los defendió a ultranza tras la eliminación de la Copa América 2024, con duras acusaciones a la organización del torneo.

Ni así logró ponerlos en el bolsillo. El entrenador reflejó en su última aparición pública con la ropa de la selección uruguaya que su relación con sus dirigidos no fue buena; aun así reconoció que tiene “afecto” por dos tercios del plantel mundialista. Por el tercio restante, ni idea, pero no hay que andar buscando fantasmas donde no los hay.

Él argumentó que 12 futbolistas no llegaron en condiciones óptimas por seis problemáticas distintas. Aun así, consideró que el grupo supo “solucionar cada problema” al conseguir métricas individuales que superan la media de cada futbolista.

Ahí surgen varias interrogantes. La primera: ¿por qué no llevó jugadores aptos?, respuesta que brindó con claridad y donde no vale la pena extenderse ya que es parte de la culpa asumida, y además expresó que el grupo de jugadores lo suplió consiguiendo un rendimiento óptimo, aunque no alcanzó en el resultado.

Mostró métricas evolutivas de jugadores como Manuel Ugarte y Nicolás de la Cruz, que fueron creciendo en rendimiento físico. Mejoraron su curva con entrenamientos y competencia de alto rendimiento. Es real que ninguno de los mencionados completó 90 minutos en un partido y requiere menos esfuerzo correr más en menos tiempo. Los papeles de Bielsa sabrán.

En la relación con los futbolistas Bielsa dijo ceder ante determinados pedidos. Por ejemplo, el de entrenar todos juntos y no en dos grupos. El entrenador explicó su postura, pero manifestó que realizó el cambio de “buena gana”.

También contó que redujo tiempos de reuniones individuales con los jugadores y videos con distintos tipos de análisis, instancias que no superaban los diez minutos pero que los deportistas consideraban “exceso de información”. Desde una dialéctica de aceptación, brindó una crítica solapada.

Por último, Bielsa se culpó de no dejarle nada al fútbol uruguayo, tal cual manifestó en la conferencia de prensa tras la eliminación del Mundial luego de perder 1-0 con España. Otra vez la autocrítica vino en forma de crítica al considerar que nunca dejó de demostrar sus conocimientos a quienes lo requirieron, pero que sus interlocutores jamás tomaron en cuenta sus opiniones.

Se fue Bielsa con su estilo. Su campana quedó clara, o eso parece. Habrá que esperar si suena otra.