Los partidos de fútbol tienen 90 minutos en cualquier rincón del planeta, uno de los aspectos reglamentarios que nunca cambiaron en los mundiales y que se mantienen intactos desde la primera edición 1930, en Uruguay.
FIFA comenzó a tener métricas oficiales del tiempo neto de juego a través del seguimiento electrónico y sus proveedores datos, aproximadamente, desde la edición de Alemania 2006. En los últimos años, el ente rector del fútbol busca mejorar los números de tiempo efectivo con el balón en cancha.
Para 2026 se empezó a aplicar la cuenta regresiva de cinco segundos para saques de arco y de banda, el límite de diez segundos máximo para realizar los cambios y un minuto obligatorio afuera de la cancha para los futbolistas que reciban atención médica.
El tiempo efectivo mide cuánto permanece la pelota en juego y si realmente se juega al fútbol. No contempla interrupciones por faltas, lesiones, sustituciones, festejos de gol, revisiones del VAR o pérdidas deliberadas de tiempo por parte de los protagonistas. Esta estadística permite analizar la evolución o involución.
Entre crecimientos marcados y momentos estancados
En Alemania 2006 la pelota estuvo en juego, en promedio, poco más de 52 minutos por partido. Cuatro años después, en Sudáfrica, se dio el primer gran salto, y la media se acercó a los 54 minutos. En Brasil 2014 la cifra acarició los 55 minutos, mientras que en Rusia 2018 se mantuvo en valores similares; en esa oportunidad se introdujo el VAR, lo que generó el cambio global más importante en el fútbol de los últimos tiempos.
El gran punto de inflexión en cuanto a tiempo neto llegó en Qatar 2022. FIFA pidió a los árbitros que recuperaran casi todo el tiempo perdido durante el encuentro. El tiempo añadido en cada período fue grande, los partidos pasaron a tener una duración total de más de 100 minutos y el tiempo efectivo creció a los 58 minutos.
En 2026 se confirmó esa tendencia. Con las nuevas reglas, el tiempo de descuento fue menor que cuatro años antes, pero mejoró el tiempo efectivo, llegando a los 58,5 minutos en promedio. Con pausa de hidratación mediante, la reducción del tiempo añadido no implicó menos fútbol, hubo mejor administración de las interrupciones y creció levemente el tiempo neto.
Entre Alemania 2006 y el Mundial de 2026 el incremento ronda los cinco minutos; en fútbol aumentar la pelota en movimiento durante ese tiempo no es un detalle menor, y en términos porcentuales representa casi un 10% del tiempo real de juego.
Nadie jugó más
En el Mundial 2026 se jugó el 59% de la duración total del partido. Para extender la comparativa al fútbol clubista, en la temporada 2025/2026 en las principales ligas de Europa se jugó menos tiempo efectivo; en la Bundesliga alemana 56:18, en la Ligue 1 francesa 56:17, en la Premier League 55:23, en La Liga española 55:09 y en la Serie A italiana 54:28. Para no dejar afuera el campeonato uruguayo de Primera División, el tiempo neto de juego de la temporada 2025 fue 46:28, bastante lejos de la élite.
En la actualidad, FIFA considera los 60 minutos de tiempo efectivo como un número adecuado para el próximo. Incluso, tiempo atrás, durante el gobierno de Gianni Infantino, hubo alguna idea que quedó encajonada: jugar dos tiempos de 30 minutos parando el reloj cuando la pelota no está en juego, como en el básquetbol.