En el inicio de la corta o larga etapa de Diego Forlán –el tiempo y los resultados lo dirán–, Uruguay perdió 3-1 ante Japón en un partido que era empate clavado, pero en el descontrol de los descuentos los nipones terminaron resolviendo el partido a su favor y por dos goles de diferencia.
El elenco celeste, con una alineación que pudo haber sido mundialista, a excepción de Nahitan Nández, que no estuvo en los partidos del último Mundial norteamericano, jugó con una suerte de matriz impuesta por el largo proceso de Tabárez, que se podría resumir en capacidad para dar competencia desde el juego directo, con buena defensa y mediacancha y despliegue simple pero efectivo en ataque. Si el juego hubiese terminado a los 47, hubiese sido calificado de bueno; perdió y en la estadística y en el resultadómetro es malo o muy malo. Pero el fútbol es otra cosa y se podría discutir si no fue buena la primera presentación de la selección de Forlán.
Para este cruce en tierras asiáticas por el desafío Kirin, la celeste salió a la cancha con Santiago Mele en el arco y una línea de cuatro por delante integrada por Nández, Ronald Araújo, Mathías Olivera y Juan Manuel Sanabria. En el eje central se posicionaron Lucas Torreira y Rodrigo Bentancur, mientras que por fuera se desplegaron Brian Rodríguez sobre la derecha y Maximiliano Araújo por la izquierda, dejando la dupla de ataque a cargo de Federico Viñas y Darwin Núñez. El primer partido de Forlán al comando de la selección uruguaya comenzó de muy buena manera, con antagonista y protagonista proponiendo un juego dinámico, rápido, apostando a tener la pelota y a neutralizar de buena forma.
Sin dudas, el combinado tuvo diez minutos iniciales de clara predominancia, exhibiendo un bloque que supo proponer de manera directa mediante envíos largos, presión inmediata y una recuperación activa sobre la salida rival. Así fue que el equipo pudo haber alcanzado el gol en ese tramo de apertura; por ejemplo, en una pelota que el tranquerense Brian Rodríguez recibió de Bentancur y colocó contra el caño, donde por centímetros no llegó a empujarla Viñas, a quien se la sacaron del buche prácticamente sobre la línea de meta.
Principio y final
Era un buen inicio de la nueva oncena celeste, proponiendo un 4-4-2, que en ofensiva se podía transformar casi en un 4-2-4. Pero a los 12, en la primera ofensiva japonesa, en una pelota puesta hacia la derecha, Matsuki se internó con velocidad, generó una diagonal hacia el centro y sacó un zurdazo ajustado contra el caño derecho que superó a Mele para poner el 1-0. Muy temprano en el partido empezó otra etapa del juego, cuando a la celeste le costó esbozar la reacción y esa turbulencia distrajo las dos principales facetas del trámite: la de buscar el gol con la claridad del inicio y la de neutralizar al rival en su velocidad para contener la ventaja.
Recién muy pasada la media hora el combinado tuvo una doble acción en la que pudo haber conseguido el empate. A los 37, en la segunda o tercera remontada de Nández por derecha, su centro directo fue al cabezazo de Viñas, que tras el rechazo del golero terminó en una segunda jugada con un remate potentísimo del floridense Sanabria que, sin embargo, fue bloqueado cuando la globa buscaba las redes.
Pero apenas tres minutos después llegó por fin el empate uruguayo. Tras una presión asfixiante sobre la salida de Japón, la globa le quedó al gran conductor de la celeste en los últimos años, Bentancur, quien metió un pase de gol directo a la carrera de Viñas. La definición del atacante fue salvada en última instancia por el arquero nipón, pero en el rebote, volcado por la izquierda y con escaso ángulo, Maxi Araújo hizo explotar las redes para poner el 1-1 antes de tomar el camino hacia los vestuarios.
Caer a centimetros de la meta
El segundo tiempo, con el discurso del vestuario bien cerquita y la concentración plena, empezó tal como había comenzado el partido: con el ataque uruguayo, la cercanía del equipo en colectivo y las habilitaciones desde el eje de Bentancur generando acciones de peligro para los celestes. Otra vez la celeste tuvo un período de ataque y dominio de la situación por diez o 15 minutos, pero nuevamente se volvió a recuperar Japón con sus herramientas de presión extrema y muchísima velocidad por banda.
Sobre los 20 minutos, necesariamente empezó otro juego para el combinado uruguayo debido a las variantes introducidas, que también proponían un cambio de esquema: ingresaron Giorgian de Arrascaeta por Viñas, volcándose más hacia atrás para dejar a Núñez como referencia neta de ataque, Rodrigo Zalazar por Brian Rodríguez y el capitán José María Giménez en reemplazo de Araújo, quien completó uno de sus mejores partidos de los últimos tiempos con la celeste.
Después entraron Joaquín Piquerez y Facundo Bernal, y minutos más tarde lo hizo Facundo Pellistri para refrescar la banda y renovar el aire del combinado en el cierre. La salida de Bentancur se sintió al final y el equipo perdió su compostura defensiva. Fue el momento en que Darwin, ya cansado por el despliegue y el desgaste de la contienda, tuvo el segundo gol en sus pies después de intuir con lucidez un pase atrás y cortar la cadena segura de los japoneses en la salida. A lo último, ya con el tiempo cumplido y una desconcentración de la zaga, Shiogai puso el 2-1 que demoró en subir al marcador por una larga revisión del VAR. Y ya en el último minuto de los largos descuentos, con la celeste volcadísima al ataque en busca del empate, llegó el tercer gol de los japoneses convertido por Ayase Ueda, sentenciando el 3-1 definitivo cuando el partido expiraba.
Hay muchísimo para mejorar, pero quitando el tiempo extendido fue un buen partido de Uruguay.