El presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), Rafael Ferber, destacó, en diálogo con la diaria, la coincidencia de la gremial con el ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, en el diagnóstico sobre los problemas de competitividad del país y sostuvo que un aumento del tipo de cambio no es, por sí solo, la respuesta para mejorar las condiciones de producción.
“El ministro Oddone busca líneas para mejorar la competitividad, y el proyecto que se presentó va en ese sentido. Lo que viene desde Economía es auspicioso, es positivo. Hablamos el mismo idioma y vemos en muchos aspectos el mismo diagnóstico: marca dónde tenemos los problemas y coincidimos. Por lo tanto, entendemos que seguimos en la misma línea”, afirmó Ferber. En ese sentido, su declaración supone un cambio respecto del histórico reclamo del sector agropecuario por el tipo de cambio. Ferber señaló que actualmente la ARU entiende que “lo que se necesita para mejorar la competitividad no pasa por ahí”, y que el problema debe abordarse a través de otros componentes de los costos de producción.
“El dólar más alto sería útil si los costos en pesos se mantuvieran más bajos [...] Toda esa parte, que Oddone la puede explicar mucho mejor que nosotros, la compartimos”, sostuvo. Entre esos costos mencionó la mano de obra y señaló que el objetivo no puede ser aumentar la competitividad a costa de una pérdida salarial.
Entre las medidas que la ARU considera prioritarias está la reducción de las cargas que pesan sobre el precio del gasoil, debido a su incidencia tanto en la producción como en la distribución. “Es clave que ese gasoil sea lo más competitivo posible”, sostuvo Ferber, que también planteó la necesidad de avanzar en medidas que reduzcan la burocracia y los costos que no aportan a la actividad productiva. “Hay que avanzar todos los días en hacer un Estado más eficiente, que cumpla su función, pero que no nos haga cargar a todos los uruguayos con costos que no aportan nada”, señaló.
¿Cómo definiría la situación del campo desde el punto de vista productivo y económico?
Toda la parte agropecuaria uruguaya normalmente se mueve al compás de lo que pasa con la ganadería de carne. Evidentemente, hay muchos rubros, pero el principal, y el que interactúa con la mayoría de ellos, es la ganadería de carne, que está pasando por un momento muy auspicioso, con muy buenas perspectivas hacia adelante. Es un buen momento particular, pero también hay perspectivas de que esto dure un tiempo importante.
Por lo tanto, eso da una tónica en todo el sector agropecuario. No quita que haya sectores que la están sufriendo. La agricultura está sufriendo muchas partes de lo que fue la seca del año pasado; las perspectivas climáticas, sobre todo en la agricultura, son muy duras.
Después, según el sector, se puede encontrar distintas realidades. Los arroceros tienen una situación complicada y están buscando herramientas que permitan amortiguar lo que marcan los mercados hoy. La lechería, que interactúa obviamente muy fuerte con la carne, también está pasando por un buen momento y está pudiendo aprovechar la situación económica de los mercados.
¿A qué se debe esa situación positiva?
El mercado de carne roja a nivel internacional está presentando precios muy buenos, muy estables y con tendencia al alza. Pero, al mismo tiempo, no es algo coyuntural. Uno lo estudia y se encuentra con que, a nivel mundial, hubo una reducción de stock muy fuerte y, por lo tanto, hay un consumo que aumenta. Estamos muy lejos de satisfacer la demanda. Frente a esta situación, Uruguay es muy bueno para la producción de carne. Por lo tanto, en ese aspecto, la situación termina marcando una realidad agropecuaria positiva.
El gobierno está planteando la necesidad de aumentar el crecimiento y la productividad. ¿Qué puede aportar el agro a ese objetivo y qué necesita el sector para hacerlo?
El agro ya aporta hoy casi el 80% de las exportaciones de bienes, que son agropecuarios. La idea es que cada productor vaya buscando de qué manera producir más, porque evidentemente detrás de eso hay mayor rentabilidad. ¿Qué puede hacer el gobierno por su lado? Hay políticas sanitarias que tiene que ajustar. Precisamos tener certezas y tiene que haber líneas para solucionar temas como el de los residuos en carne, que va a llevar tiempo, pero que tenemos que trabajar fuertemente desde el punto de vista científico. Y después está todo lo que es acceso a mercados. Este trabajo tiene que estar en cada posibilidad de abrir un nuevo mercado, en cumplir y en ser los mejores de la clase por el tamaño que tenemos.
Usted mencionó el año pasado, en una entrevista, que el ministro Gabriel Oddone era un “gran aliado” de la ARU. ¿Cómo describiría hoy la relación entre la ARU y el Ministerio de Economía y Finanzas?
Sí, de la misma forma. El ministro Oddone busca líneas para mejorar la competitividad, y el proyecto que se presenta va en ese sentido. Lo que viene desde Economía es auspicioso, es positivo. Hablamos el mismo idioma y vemos en muchos aspectos el mismo diagnóstico: marca dónde tenemos los problemas y coincidimos. Por lo tanto, entendemos que seguimos en la misma línea.
¿Cuáles son los principales planteos económicos que la ARU quiere hacerle al gobierno? ¿Hay algún reclamo que consideren prioritario?
Hoy, lo que siempre fue una bandera, que es el tipo de cambio, lo tenemos claro: estamos en una situación en la que lo que se necesita para mejorar la competitividad no pasa por ahí. El tema está estabilizado y evidentemente tenemos muchos aspectos para mejorar.
En el tema de los combustibles, tenemos que sacar las cargas que tiene el precio del gasoil, que es el combustible de la producción y de la distribución. Es clave que ese gasoil sea lo más competitivo posible.
Después hay que buscar todos los elementos de mejora, como se marca en la Ley de Competitividad, que eliminen burocracia y pérdida innecesaria de tiempo. Pasa un poco por ahí: las reformas de fondo que precisamos evidentemente ya sabemos que no van a llegar en el corto plazo. Hay que avanzar todos los días en hacer un Estado más eficiente, que cumpla su función, pero que no nos haga cargar a todos los uruguayos con costos que no aportan nada.
El gobierno sostiene que el problema de la competitividad no se resuelve solamente con un dólar más alto. ¿Coincide con ese diagnóstico?
Sin duda, porque claramente, si no se solucionan las causas de fondo, vamos a seguir en lo mismo. El dólar más alto sería útil si los costos en pesos se mantuvieran más bajos. Entre esos costos tenemos la mano de obra, y tampoco queremos crecimiento a costa de que haya una pérdida en los salarios. Entonces, a lo que tenemos que apuntar es, básicamente, a tener costos controlados y, de fondo, a un control de todo lo que tiene que ver con el déficit fiscal uruguayo, que es lo que hace que entren esos dólares.
Entonces, toda esa parte, que Oddone la puede explicar mucho mejor que nosotros, la compartimos. Pero las reformas de fondo para mejorar la competitividad, las grandes, las vamos a seguir esperando. Por lo tanto, hay que ir con las chicas, sin prisa, pero sin pausa.
Un dólar más alto ha sido un planteo histórico del campo. ¿Qué ha cambiado ahora?
Las declaraciones de la Asociación Rural, históricamente, desde hace años, se basan en la diferencia que existe entre las tasas de las Letras. El Estado ponía una tasa alta en las Letras de Regulación Monetaria para sacar pesos de la plaza. Usó esta herramienta, básicamente, para controlar la inflación. Empezó a utilizarla a principios de 2010. Y en esa situación, hoy estamos equilibrados porque las tasas dan un correcto resultado.
¿Tienen medido en qué momento empezó a equilibrarse?
Si yo no me equivoco, la última vez que presionamos a [el presidente del Banco Central del Uruguay (BCU), Guillermo] Tolosa por la baja de las tasas fue a principios de este año. En ese momento, el BCU sale a bajar las tasas. Después de esas acciones que tomó el gobierno, la situación volvió a normalizarse, ayudada también por factores internacionales.
Foto: Gianni Schiaffarino
¿Qué lugar debería ocupar el agro en una estrategia de crecimiento de largo plazo para Uruguay?
El agro ya ocupa un lugar importante. Lo que tenemos que hacer es tratar de que siga creciendo y de que pueda seguir siendo competitivo. Tenemos una producción que tiene demanda y tenemos condiciones para producir. Pero también tenemos que entender que no podemos quedarnos solamente con lo que hacemos hoy. Tenemos que seguir buscando nuevos mercados, nuevos productos y nuevas formas de producir. Ahí es donde la tecnología y la innovación tienen que jugar un papel importante.
¿Qué margen tiene el agro para producir más con los mismos recursos?
El agro tiene un margen interesante de crecimiento. Pero hay que entender cada rubro de por sí.
¿Qué tecnologías pueden ser claves para aumentar la producción agropecuaria uruguaya?
Las tecnologías de engorde, las que lleven a potenciar más la genética, tanto vegetal como animal. Hay un mundo de empresas que lo vienen trabajando. Los productores, a medida que tienen un precio bueno que les sirve en su negocio, van adoptando estas tecnologías.
Ferber: la Ley de Competitividad es “positiva e interesante”
¿Cómo analiza la ley que está impulsando el gobierno para la competitividad y para reducir el costo de vida?
Lo analizamos como algo positivo, como un modelo de trabajo realmente interesante, que primero consistió en recolectar datos en la parte privada, ensamblarlos dentro del Ministerio de Economía y llegar con una ley de forma ágil. Todo el proceso llevó, realmente, pocos meses.
Es una ley que no va a cambiar nada de fondo, pero sí va en el sentido correcto y soluciona muchos pequeños aspectos en la relación del Estado con los privados. Además, hay muchos artículos sobre la relación dentro del propio Estado.
¿Uruguay está aprovechando suficientemente su capacidad de innovación aplicada al agro? ¿O todavía existe una brecha entre la investigación y lo que efectivamente llega a los establecimientos?
Hay una discusión que viene de hace mucho tiempo. Durante mucho tiempo el INIA [Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria] funcionó muy bien, pero después entró en una etapa en la que los productores veíamos que lo que se investigaba no tenía como objetivo la producción, sino que pasaba más por líneas de investigación que podían generarles currículum a los investigadores, pero que no eran aplicadas al terreno. Eso se revirtió ya hace un tiempo. Creo que hoy realmente precisamos fondos en la parte de investigación de sanidad animal, un tema en el que Uruguay no invirtió históricamente.
¿Qué obstáculos están encontrando los productores para incorporar más tecnologías?
Creo que tenemos de todo. Yo te diría que la parte de los recursos humanos termina siendo uno de los retos más importantes. Para nuevos implementos, mejorar pasturas o genética, se precisan más recursos humanos. Pero eso en el sector agropecuario no abunda.
Las cuestiones de distancia afectan mucho eso. Si un productor quiere tomar más personal y estás lejos de centros poblados, ya no tiene instalaciones, está limitado. Lo principal pasa por ahí: solucionar esos temas de infraestructura que terminan haciendo que la gente llegue a trabajar a los predios y pueda volver a los centros poblados. Si no, siempre vamos a tener una limitante difícil de superar.
¿La incorporación de inteligencia artificial, sensores y drones puede generar un salto significativo de la productividad en el agro de Uruguay?
Sí, claro que sí. Lo que hay que tener en cuenta es que la agropecuaria es líder desde hace mucho tiempo en tecnología. La agricultura ha hecho punta en tecnología; todo lo que es el mundo de la maquinaria tiene una tecnología de primer nivel. A veces una semilla, por ejemplo, tiene más tecnología que un teléfono. Todo eso está aplicado en el agro. Pueden decir que el productor no siente que lo aplica en el día a día, porque lo que él compra es una bolsa de semillas. Pero esa bolsa trae una tecnología atrás.
Y hay algo que se repite y nosotros vemos que no es real: dicen que hay un atraso en todo el sector agropecuario. Puede haber algunos rubros que les puede costar más, pero la gran mayoría va entrando en todo lo que es aplicación de tecnología de manera fuerte.
Creo que desde la ciudad se hace un mal diagnóstico. A la ciudad le puede llegar una sensación de estancamiento que, sobre todo en el sector cárnico, demostramos de muchas maneras que no es cierto. Desde principios de siglo a hoy, por ejemplo, los animales que se faenan casi tienen la mitad de edad de lo que tenían en aquel momento y pesan un 30% más. Por algo el sector agropecuario exporta casi tres veces más que a principios de siglo.
¿La ARU siente que existe una agenda compartida con el gobierno en torno al crecimiento?
Yo creo que en torno al crecimiento, sí. Después tenemos otros puntos que no podemos resolver. Creemos que es un avance enorme que un gobierno de izquierda diga que hay que tener una política de crecimiento. Lo tenemos que valorar y apoyar.
¿En qué cosas no tienen una agenda compartida?
Con el Ministerio de Trabajo [y Seguridad Social] no la tenemos. La reducción de la jornada en el sector agropecuario es muy difícil de aplicar. Si ya tenemos problemas de producción, tenemos problemas de crecimiento, y vemos como limitante en la incorporación de tecnología a los recursos humanos, encima nos están diciendo que tiene que trabajar menos. Esos recursos humanos tienen que pasar a cortar su jornada laboral, y nosotros no tenemos en el sector agropecuario gente para suplir eso. Es decir, ni siquiera es una cuestión de plata. Estamos lejos de la agenda que propone el Ministerio de Trabajo. Es un hecho, y lo que vemos es que hay un desconocimiento fuerte de la realidad agropecuaria.
Por otro lado, en el Ministerio de Ambiente tenemos muchas políticas ambientales que no terminan de quedar cuajadas en nada. Discrepamos con respecto al manejo, por ejemplo, de los feedlots. Creemos que hoy los subproductos de los feedlots, que son la bosta de los animales y lo que se junta, son un valor agregado para la recuperación de los suelos. Pero todavía hoy se los maneja como elementos altamente contaminantes.
Obviamente, si esos feedlots no tuvieran reglamentaciones y mandaran los efluentes directamente a los cursos de agua, sería así. Pero hoy hay políticas que pueden permitir que esos mismos feedlots se habiliten en mayor cantidad y terminen teniendo un efecto positivo en los suelos. Por tanto, con ambos ministerios tenemos puntos con los que no estamos de acuerdo y consideramos que van en contra de lo que ellos mismos dicen.
El Niño prende “luces amarillas grandes” para el agro
El presidente de la ARU señaló que el principal desafío que enfrenta actualmente el sector agropecuario está vinculado al clima, en particular a la evolución del fenómeno El Niño. “Los desafíos pasan mucho por la parte climática, particularmente este año. Superar estos pronósticos que tenemos por delante en cuanto a El Niño prende unas luces amarillas grandes”, afirmó.
A esto, Ferber sumó otro factor de incertidumbre: el acceso a los mercados. “Vemos que en el mundo todo está muy complicado y muy cambiante, y eso es un desafío enorme, porque es un día a día. Nosotros no tenemos las cartas; tenemos que ir viendo a medida que los hechos van sucediendo”, sostuvo.
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