En 2017 Mercedes Lafourcade creó la editorial Basilisa, que se dedica a la creación y divulgación de libros para niños y niñas que viven con dislexia o que presentan dificultades en el desarrollo de la lectura. “Cuando los niños se enfrentan con un texto accesible, leen en forma más fluida y comprenden mejor. Significativamente mejor”, explicó Lafourcade en entrevista con la diaria. “Además, como el conocimiento está muy mediado por el código escrito, acceden a un mayor conocimiento”, señaló.
Lafourcade es maestra, psicopedagoga y en setiembre de este año asumió la presidencia de la Asociación Uruguaya de Psicopedagogía. Actualmente se desempeña en el ámbito de la atención clínica, aunque también trabajó varios años dando clase como maestra en distintos centros educativos del país. Además, emplea su tiempo en el trabajo que lleva adelante con la editorial y en el desarrollo de la plataforma web LISA –lectura inclusiva, simplificada y accesible–, en la que comenzó a trabajar a partir de 2021. “La accesibilidad [de la lectura] no está limitada a las personas con dislexia, porque las dificultades lectoras aparecen cada vez más”, señaló Lafourcade, y agregó que actualmente “estamos viendo muy bajos niveles de aprendizaje” en ese ámbito.
Las pruebas PISA 2025 son un ejemplo de lo que comparte la docente y psicopedagoga, ya que para Uruguay los resultados divulgados en setiembre de este año mostraron que solo el 9% de los estudiantes que tomaron la prueba se ubicaron en el nivel alto, mientras que el 43% se ubicó en el nivel más bajo de desempeño en lectura.
Al crear LISA, Lafourcade también creó el índice de dificultad lectora (IDL), un parámetro que sirve para medir el nivel de complejidad de los textos y así poder adecuarlos a las necesidades de los lectores con dislexia. La fórmula del IDL, que está incorporada a la plataforma web, contempla distintas variables lingüísticas que pueden representar obstáculos durante la lectura, contó. Dentro de ese universo contempla, por ejemplo, la extensión de las palabras, su frecuencia de uso y su estructura silábica. De esta manera, el IDL permite establecer distintos niveles de dificultad y orientar la adaptación de los textos para que resulten más accesibles sin perder la información o el sentido original.
¿Cómo surgió Basilisa y qué características tienen los libros que ofrece la editorial?
La idea de crear una editorial con libros accesibles para niños y niñas con dislexia comenzó a tomar forma en 2017, contó Lafourcade. “Vi una necesidad real de estas personas de acceder a libros acordes a sus intereses, pero que puedan leer con facilidad”, contó. La creadora de la editorial identificó un vacío vinculado con la oferta literaria para esta población, porque la existente era o “muy infantil” o “muy difícil de leer”. Frente a ese escenario, decidió desarrollar una propuesta que contemplara las necesidades de estos lectores, ya que, según explicó, para una persona que convive con la condición de dislexia “enfrentarse a un texto accesible” repercute en su “nivel de motivación” y “autoconfianza”, no solamente en una mejora de su aprendizaje.
El primer paso fue presentar la idea al concurso “Emprendedores en la mira” de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). En ese momento, Basilisa todavía no existía como editorial. Fue así que la docente se presentó únicamente con el proyecto y obtuvo un primer financiamiento que le permitió concretar la publicación del primer título del catálogo, Milo y Manú. Para llevar adelante esa primera publicación, recurrió a “gente amiga” que colaboró con las ilustraciones. La mayor parte del dinero se destinó a la impresión del libro.
A partir de esa primera experiencia, la propia ANII le sugirió presentarse a un programa de “capital semilla” para proyectos de innovación. Al obtener un nuevo financiamiento y asesoramiento por parte de la agencia, pudo avanzar en la creación de la página web, ampliar el catálogo y continuar formándose para desarrollar la propuesta editorial.
“En general, tendemos a pensar que la dislexia es un problema visual”, dijo Lafourcade, aunque aclaró que para cualquier persona, viva o no con esta condición, leer significa un acto “tan extremadamente complejo”, en particular para el cerebro, que implica múltiples conexiones. Para leer “se necesita ensamblar elementos visuales, funciones auditivas –principalmente–, memoria a corto plazo, memoria a largo plazo, motivación, conocimientos del mundo”, explicó. Teniendo en cuenta estos aspectos, la principal característica de los libros creados en Basilisa es que la adaptación de los textos no se limita a cuestiones visuales, como ocurre en muchas ocasiones, en las que solo se contempla el aumento en la tipografía, el interlineado o la incorporación de glosarios con el significado de ciertas palabras, ya que, aunque eso ayuda, “no es para nada suficiente”, señaló. La propuesta de sus libros incorpora esos elementos visuales, pero sobre todo parte de un trabajo de análisis sobre el lenguaje que busca facilitar los procesos de lectura y comprensión.
En este caso, para la realización de los libros Lafourcade trabajó en una selección específica del vocabulario a partir de distintas variables lingüísticas y cognitivas. Por ejemplo, analizó la “frecuencia” con la que se utilizan las palabras, su extensión, su estructura silábica y fonológica y qué tan familiares o concretas resultan algunas palabras. A partir de esa clasificación, priorizó las palabras consideradas más “fáciles” para construir sus propias historias. “También la estructura de la oración tiene que tener determinadas características”, explicó. En ese sentido, dijo que creó la estructura de sus textos con un máximo de 15 palabras por frase, evitando las subordinaciones y procurando que la presentación de los acontecimientos ocurra en orden cronológico. A estos criterios se suman decisiones vinculadas con el diseño que acompaña las historias, como el uso de papel blanco para los fondos del texto y una distribución que facilite el seguimiento visual. Respecto del momento de escribir las historias, admitió estar “totalmente limitada”. Aunque Lafourcade cuenta que “no era escritora”, expresó que su objetivo principal siempre estuvo asociado con la creación de textos en un formato más sencillo de lectura.
Sin embargo, la propuesta no busca que los libros sean percibidos únicamente como materiales “infantiles”. Por el contrario, su autora explica que recurre al formato de libro álbum con ilustraciones artísticas, ya que, además de acompañar la narración, enriquecen las historias y contribuyen a ampliar los conocimientos culturales de sus lectores. La psicopedagoga detalló que esta decisión surgió al considerar que las dificultades de comprensión lectora no están asociadas únicamente con la dislexia, sino que también pueden estar vinculadas con la falta de vocabulario y de conocimientos previos. Por ese motivo, se propuso que los libros de Basilisa funcionaran también como una herramienta de “autoaprendizaje” y que, además de ofrecer una lectura accesible, permitieran incorporar nuevos conocimientos asociados con distintos espacios geográficos, fauna y vegetación.
Los títulos –disponibles en distintas librerías del país– están pensados para niños de entre 8 y 11 años. A través de las historias de Milo y Manú, Masumi y Naoki, Oba y Ema en el Ártico y Max amable, se recorre la vida de distintos personajes. En cuanto a la construcción narrativa, la mayoría de los títulos presentan dos historias paralelas que, aunque inicialmente parecen independientes, hacia el final del cuento terminan encontrándose y revelando su conexión. De esta manera, los libros buscan sostener el interés de los lectores, explicó Lafourcade.
LISA: una plataforma que incorpora inteligencia artificial para la creación y adaptación de textos accesibles y de sencilla lectura
Su búsqueda e ímpetu por seguir profundizando en herramientas de lectura accesibles no terminan con Basilisa. En el marco de su estudio de maestría en investigación biomédica en la Facultad de Medicina de la Universidad de la República, con apoyo del investigador Juan Valle Lisboa, Lafourcade se propuso analizar diversos textos que presentaban cierta dificultad y compararlos con versiones “simplificadas” de esos mismos textos. La psicopedagoga y docente explicó que, por medio de un análisis estadístico con base en “las estructuras oracionales” y la cantidad de “palabras difíciles” que conformaban los textos –IDL–, pudieron concluir que en “todos había una diferencia estadísticamente significativa”. A partir de esos resultados, se propuso trasladar los datos de su investigación –que inicialmente solo estaban organizados en planillas digitales– a una herramienta accesible para aquellos docentes que quisieran utilizar la información para crear sus propios materiales de lectura accesibles.
Así fue como en 2021 nació la primera versión de la plataforma LISA. “Entonces, ¿qué pasaba?”, comenzó a explicar Lafourcade: “Si un maestro –o cualquier persona– subía un texto ahí, LISA analizaba la dificultad, pero solamente pintaba las palabras según su nivel de dificultad –rojo, verde, naranja y azul– y ofrecía sinónimos de reemplazo”, contó. Esta primera etapa, que describe como “una adaptación manual”, no tuvo mucho éxito. “Cuando entraban y veían que lo tenían que hacer manualmente se desanimaban y se iban”, contó Lafourcade sobre aquellas personas a las que les presentó la plataforma y su modo de uso por primera vez.
LISA contó luego con una nueva etapa de desarrollo a partir de una colaboración con investigadores de Finlandia, con quienes estudió la posibilidad de utilizar inteligencia artificial (IA) para simplificar textos a partir de la creación de un prompt bastante específico creado por ella, para el que tuvo que redactar paso a paso qué acciones son las que lleva adelante al momento de crear sus propios textos adaptados.
Para evaluar los resultados, hicieron pruebas de doble ciego en centros educativos de Montevideo, que permitieron comprobar que las versiones simplificadas –tanto por Lafourcade como por la IA– contribuían a mejorar significativamente la comprensión lectora de los estudiantes. De todas formas, la psicopedagoga contó que los resultados arrojados por la prueba mostraron una comprensión lectora “muy descendida” a nivel general en todos los alumnos, incluso en aquellos que no reportaron tener dislexia.
Una vez obtenidos los resultados, y frente a la expansión de las herramientas de IA, Lafourcade decidió empezar a trabajar en lo que denomina LISA 2. A partir de esta nueva versión, la plataforma incorporó la IA para la simplificación de textos. La herramienta trabaja siguiendo criterios definidos previamente por Lafourcade para adaptar los textos a las necesidades de los lectores y, a su vez, indica el porcentaje del IDL atribuido a cada uno según la dificultad interpretada por el índice.
Lafourcade cuenta que actualmente la plataforma funciona de forma similar a una herramienta de IA, ya que permite a los usuarios cargar documentos o textos a partir de los que LISA genera una versión más accesible para personas con dislexia o para cualquiera que enfrente dificultades de comprensión, lo que permite que también sea utilizada por adultos y no solo por niños.
Además, explicó que LISA cuenta con herramientas de apoyo para la comprensión lectora y que, por ejemplo, permite generar preguntas con base en el texto generado por la IA para evaluar el entendimiento de los usuarios. A su vez, incorpora un lector de voz que reproduce el contenido en voz alta mientras subraya las palabras a medida que avanza la lectura, y también presenta una función de lectura cronometrada que permite medir la “velocidad lectora esperable para cada grado [de aprendizaje]” a partir de la cantidad de palabras que se leen por minuto, aspecto que la psicopedagoga señaló como un “indicador” a tener en cuenta en las personas con dislexia. En el caso de ser utilizada por docentes, la herramienta permite incorporar el proceso de evolución de cada alumno y observar avances en sus trabajos a lo largo del tiempo, explicó Lafourcade.