En Uruguay, las mujeres representan apenas 26,5% de las personas que se dedican profesionalmente a la música, según la publicación Equidad Sonora, publicada en 2020 por Más Músicas Uy. La subrepresentación de las mujeres y las desigualdades de género en el sector estuvieron en el centro del conversatorio “Música y género: diálogos para transformar el sector”, organizado por el Instituto Nacional de Música (Inmus) el jueves en el Centro Cultural de España. La actividad buscó contribuir a la discusión del proyecto de ley para regular el acceso de artistas mujeres y disidencias a espectáculos musicales, que actualmente estudia la Comisión de Derechos Humanos y Equidad de Género del Senado.
La socióloga Sol Scavino fue la primera oradora de la mesa “Políticas culturales y desigualdades de género en el sector musical”. La investigadora presentó un panorama de la situación de las mujeres en la música principalmente a partir de estudios y estadísticas que elaboró junto con mujeres músicas ante la ausencia de datos oficiales. En ese marco, afirmó que “la música es el sector más masculinizado de todas las artes” y que, al igual que ocurre en ámbitos con una fuerte presencia masculina, como la política o la ingeniería, las mujeres no logran superar la barrera del denominado “techo del 30%”.
Scavino sostuvo que esa desigualdad se expresa tanto de forma vertical, en las dificultades para acceder a espacios de decisión, como horizontal, en los roles que ocupan las mujeres. En ese sentido, señaló que los datos muestran que “las mujeres enseñan más la música que lo que logran performarla”. “Hay una mayor presencia de mujeres que logran tener ingresos por enseñar, pero no lo logran tanto performando y siendo las protagonistas en la escena”, agregó.
A su turno, la compositora y docente de la Facultad de Artes de la Universidad de la República Sofía Scheps trasladó ese diagnóstico al ámbito universitario. Señaló que las mujeres representan el 20% de la matrícula del Instituto de Música, pero apenas el 10% de quienes egresan. Además, contó que en el Departamento de Teoría y Composición, donde trabaja, constituyen el 19% del plantel docente: “Puede parecer mucho, pero somos tres”.
Organización y lucha colectiva
Sheila Bonino, integrante de los colectivos Más Músicas Uy y Mujeres y Disidencias en la Música Uruguaya, destacó que en los últimos años se avanzó en la “visibilización del problema” y en la organización de la sociedad civil. Sin embargo, sostuvo que las formas de discriminación “siguen siendo las mismas”: “En las grillas llegamos con suerte al 15%”. En ese contexto, la también integrante del consejo directivo de la Cooperativa de las Artes del Uruguay planteó que el desafío ahora es pasar “del diagnóstico a la acción”.
Por su parte, la cantautora argentina y vicepresidenta del Instituto Nacional de la Música (Inamu), Charo Bogarín, compartió la experiencia del colectivo X Más Músicas Mujeres En Vivo en el impulso de la Ley 27.539 de Cupo Femenino y Acceso de Artistas Mujeres a Eventos Musicales, sancionada en 2019 en su país y principal referencia para el proyecto uruguayo. Contó que, al igual que ocurrió en Uruguay, la falta de datos oficiales las llevó a producir sus propias estadísticas. Así comprobaron que, en 2019, las mujeres y disidencias representaban menos del 10% de las grillas de los principales festivales argentinos y menos del 20% de las personas registradas en el Inamu.
Bogarín señaló que, desde la aprobación de la ley, la presencia de mujeres y disidencias en los escenarios creció 106% y el registro de artistas alcanzó el 22%. “Estamos hablando de resultados concretos de una política de género y su impacto en las mujeres músicas y diversidades”, sostuvo. Además, destacó el cambio cultural que generó la norma: “Se toma naturalmente que las mujeres y diversidades tenemos que estar en los escenarios”.
Más oportunidades laborales
“La música es un trabajo”, afirmó la cantautora uruguaya y presidenta del Fondo Nacional de la Música, Ana Prada, en su intervención. En esa línea, defendió el proyecto como una herramienta no solo para revertir las desigualdades que atraviesan las mujeres en el sector, sino para garantizar el acceso a oportunidades laborales. “Por eso es tan importante la ley, porque es trabajo lo que estamos pidiendo”, enfatizó. También remarcó que “no es verdad que no haya en todos los estilos y en todos los géneros músicas mujeres profesionales”, sino que hacen falta condiciones para que puedan profesionalizarse y vivir de la música.
Por su parte, la senadora frenteamplista Constanza Moreira, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos y Equidad de Género, reconoció que, hasta ese momento, la discusión parlamentaria no iba “muy bien”. “Cuesta hacer entender que existe la desigualdad en la música, que la música es un trabajo y que hay que regularlo como un mercado de trabajo”, explicó. De todas formas, defendió la necesidad de una norma de acción afirmativa y recordó el impacto de otras leyes de cupos: “Si no hubiera habido cupos en la política, hoy no seríamos el 30%”.
Moreira explicó que, para facilitar su aprobación del proyecto, se hicieron algunos cambios en la propuesta original: se pasó de plantear la paridad a una cuota y se restringió el alcance del proyecto a los eventos con financiamiento estatal. “Ese para Uruguay es su argumento político central, porque el Estado tiene el compromiso por la lucha contra toda desigualdad”, afirmó. Además, adelantó que un cambio más será proponer al Inmus como organismo fiscalizador de la norma, en lugar de crear una comisión específica. La directora nacional de Cultura, Maru Vidal, fue la encargada de cerrar la mesa. En su exposición señaló que las cifras presentadas reflejan “un problema bien complejo que nos interpela para quienes hacemos políticas públicas”. Aseguró que estas desigualdades “tienen que ver con algo mucho más amplio, que son los derechos culturales”, y que el Estado tiene la responsabilidad de ampliar oportunidades y generar condiciones para garantizar su ejercicio. “Cuando determinados sectores tienen obstáculos, además de perder diversidad, lo que perdemos es democracia cultural”, concluyó.
“Buenas noticias” en la discusión parlamentaria
Este martes la Comisión de Derechos Humanos y Equidad de Género del Senado volvió a reunirse y el proyecto de ley ocupó el primer punto del orden del día. En diálogo con la diaria, Moreira contó que los partidos Nacional y Colorado manifestaron disposición a acompañar la iniciativa, pero con algunas modificaciones; “muy especialmente” en cuanto al “pasaje de la paridad a los cupos”.
Para elaborar una propuesta común se conformó una subcomisión integrada por Moreira y su compañera de bancada Liliam Kechichian, la senadora nacionalista Graciela Bianchi y el senador colorado Robert Silva. Según explicó la legisladora frenteamplista, el grupo tendrá tres semanas para acordar un nuevo texto, que se votará en comisión en la sesión del 21 de julio para después pasar al plenario del Senado. “Así que son buenas noticias”, resumió.
La experiencia de las músicas
La segunda mesa, titulada “Desigualdades en la música: creación, técnica y producción”, reunió a músicas y trabajadoras del sector para compartir experiencias desde la interpretación, la composición, la técnica, la producción y la gestión cultural. Las participantes coincidieron en la falta de referentes mujeres durante su formación y en el desarrollo profesional. También señalaron la exigencia, propia y del entorno, de tener que demostrar permanentemente sus capacidades. “El punto de partida no es el mismo”, resumió la técnica de sonido y video Francesca Crossa, y planteó que esa presión se intensifica al ocupar cargos de mayor jerarquía.
Por su parte, la cantante de ópera Lea Amaro, única mujer trans que participó en dos mesas, contó que su experiencia le permitió comprobar que la sobreexigencia sobre las mujeres en la música es “absolutamente un constructo”. “Cuando se me percibió como una masculinidad era brillante, inteligente y tenía un futuro hermoso por delante. Un año después, cuando me empezaron a ver como una feminidad, aparecieron un montón de cuestionamientos”, relató. En el intercambio también surgieron experiencias vinculadas a la maternidad, las tareas de cuidados, la lactancia y la menstruación durante el trabajo en festivales.
Aun así, las participantes destacaron estos espacios como una forma de construir un ámbito más equitativo. “Al lado del miedo siempre hay esperanza”, aportó la cantante Samantha Navarro, que llamó a las músicas a “resistir” y seguir adelante juntas. En la mesa también estuvieron la trompetista Alejandra Gala, la cantante Rodra y la productora Lía Pérez Zuccolini.