Feminismos Movimientos feministas

Melissa Martínez.

Foto: Eloina Narváez, IM-Defensoras

Melissa Martínez, lideresa hondureña: “Defendemos nuestro territorio en un contexto de violencia, persecución y exterminio”

Las Bravas | Con la defensora de derechos humanos, lideresa comunitaria y coordinadora de salud, de educación y de saberes ancestrales de la Organización Fraternal Negra de Honduras.

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El pasado 6 de julio, en San Juan, Tela, en Honduras, la Policía realizó un violento desalojo contra la comunidad garífuna y detuvo a cuatro defensores y una defensora de la Organización Fraternal Negra de Honduras (Ofraneh). La represión se generó a partir de la promulgación, en el gobierno de Nasry Asfura –promocionado por Donald Trump (y asesorado por Fernando Cerimedo, preso en Bolivia por tentativa de femicidio)–, de la Ley para el Fortalecimiento de la Agroindustria, Energía, Turismo, Ganadería y Productos Agrícolas.

La norma fue instaurada para el destierro de movimientos campesinos y pueblos originarios de su territorio y favorecer negocios extractivistas de los recursos naturales, depredadores de la tierra y saqueadores del mar y la playa. “Mediante esta ley quieren legitimar el despojo, el desalojo y la desaparición. Están impulsando un genocidio cultural del pueblo garífuna. Por eso vamos a seguir luchando”, enfatiza Miriam Miranda, la coordinadora de la Ofraneh, desde el campamento “Viva Berta”, instalado en Tegucigalpa.

Melissa Martínez tiene 40 años, es madre y abuela, es defensora de derechos humanos, lideresa comunitaria y coordinadora de salud, de educación y de saberes ancestrales de la Ofraneh. Es una de las mujeres claves en la vida cotidiana, la batalla diaria y la estrategia de organización del colectivo, y una de las grandes luchadoras de una de las organizaciones con mayor capacidad de lucha en Honduras. Y decir hoy en Honduras es decir contra la avanzada de la ultraderecha en América Latina. Por eso, su mirada no es local, sino una expansión de una capacidad de buscar salidas a nivel regional.

Ella es parte de la comunidad garífuna de Honduras, que está en la isla de Roatán, en Punta Gorda, al primer lugar donde llegó el pueblo garífuna desde San Vicente y el Caribe, que después se extendió por todo el país. “Yo ingresé hace ocho años a la Ofraneh. Venía de mucha violencia como mujer y la organización me ha formado y ayudado”, rescata. Como mamá y abuela, valora que luchar es una forma de dejar un legado a sus hijos y nietos más allá de la crianza invisibilizada.

Le interesa revalorizar la sabiduría espiritual, ancestral y sanitaria y escuchar a sus abuelas y abuelos. Miriam Miranda propuso crear espacios de salud a través de casas comunitarias. Las mujeres crearon 22 casas de salud durante la pandemia y una de ellas en Roatán, en donde no había centros de salud. “Recuperamos la medicina de nuestra abuelita recopilando información casa por casa”, describe sobre la investigación que puso de relieve el valor de las hojas de mango, de aguacate, de limón y de canela, entre otros aromas. Si existe la Inteligencia Aromática (una IA ancestral), además de leer, podemos oler esos sabores que abrazan, curan y calman.

Melissa tiene un vestido en donde los colores se entrecruzan como olas y ella también pasa de la cocina, donde sartenéa frijoles con chorizo y cebollitas cortadas al por mayor, a la conducción política, y de la estrategia jurídica a la organización de la comunidad, del micrófono en la protesta en Tegucigalpa a la plantación de semillas, y de jugar con las niñas a resistir frente a las amenazas armadas.

Ser una lideresa es realmente estar en todos lados y que el conocimiento de batalla sea el que se cocina a fuego lento y con una valentía que conoce de resiliencia por experiencia vital y no por teoría, pero que, a la vez, vuelve un objetivo convertir el valor de las hojas en hojas que las nuevas generaciones puedan estudiar en una casa circular en donde el conocimiento ancestral se vuelva moderno y lo que parecía moderno quede atrasado por la voluntad de echar raíz y de plantarse frente al retroceso.

¿Qué objetivo tiene la protesta en Tegucigalpa contra la criminalización de cinco integrantes de Ofraneh en el desalojo de San Juan, Tela?

Le exigimos al fiscal de la república que haga un llamado a la justicia para que levante el juicio penal contra los integrantes de la comunidad de San Juan. Ya hay una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que reconoce el territorio garífuna. Por lo tanto, no procede hacer un juicio contra la comunidad. Por eso pedimos la libertad absoluta de nuestros compañeros y compañeras.

¿Cómo es la lucha en Roatán, que se ha convertido en un punto turístico de lujo, de realities y de tecnofeudalistas que quieren imponer sus propias normas como en Próspera?

Es un espacio territorial de lucha contra empresarios poderosos por el turismo extractivista que no viene a complementar a la comunidad. No estamos en contra del turismo colectivo, pero, lastimosamente, en este modelo solo se benefician los empresarios con los muelles privados, la llegada de cruceros y la concentración de riqueza. Nos enfrentamos a empresarios poderosos y a criminales que llegaron a apoderarse de nuestros espacios.

¿Cuáles son los problemas del pueblo garífuna hoy?

Hay un contexto de violencia, persecución y exterminio. Por eso, para nosotras es vital defender nuestro territorio.

¿Qué significa Vallecito, que es el lugar donde sacaron a los narcos para reocupar las tierras para el pueblo garífuna?

Para el pueblo garífuna, Vallecito es el centro, el corazón de la lucha, un lugar que nos enseña por qué luchamos y donde el sentido de la colectividad da un valor más grande a saber que los que vienen, después de nosotros, tienen un lugar donde poder quedarse.

¿Cómo es el proyecto en construcción de una universidad garífuna?

Estamos creando la universidad que llamamos la Casa de los Saberes. La idea es que sea un legado para no perder la riqueza de lo que somos como pueblo garífuna.

¿Cuál es el enfoque de salud ancestral?

Dentro de la universidad tenemos un espacio de salud en donde no va a venir un doctor o alguien a decirnos “esto es lo que tienen que hacer”, sino que es una abuelita de alguna comunidad la que va a venir a enseñarnos cómo hacer preparaciones para distintas dolencias y cómo recuperar la sabiduría ancestral.

¿Cómo se conjuga la lucha por el territorio y el cuidado de la salud?

Una de nuestras mayores luchas es por la salud. Para las lideresas y las defensoras de los territorios que vivimos una persecución terrible, es muy importante el cuidado. Tenemos una casa de salud en Trujillo que es autóctona del pueblo garífuna, en donde nos ponemos a hablar de lo que pasa, de las situaciones de violencia y de cómo nos sentimos. Hay una crisis mundial que nos enferma.

¿Cómo se lleva adelante la lucha contra la violencia hacia las mujeres?

Lo primero que se hace es brindar el apoyo a la compañera y que se sienta en un lugar seguro, cómodo y acogedor donde nos ayudamos para seguir adelante. En Vallecito estamos en un lugar seguro. Es difícil salir de la violencia. Las personas que la hemos vivido sabemos que a nadie le gusta que la maltraten. Hay que reconocer que estamos pasando por un momento difícil, aprender a pedir ayuda y que haya mujeres que hagan sentir que están ahí para ayudarnos. La organización es muy importante porque la mayoría de las que estamos enfrente somos mujeres en los centros de salud, en los centros ancestrales, en las preocupaciones y en las luchas. Eso nos muestra a nosotras mismas y a nuestras compañeras de lo que somos capaces. Ni yo misma me creo cómo estaba hace seis años y cómo estoy ahora. Antes me decían que no servía y ahora yo soy la que digo “sí, podemos”. Lo importante es la lucha colectiva.

¿En qué ayuda la vida comunitaria?

Lo maravilloso es cambiar el chip que nos metieron de que no servimos y poder avanzar. Y romper el círculo con nuestros hijos e hijas y que ellos vean que no tienen que quedarse ahí.

¿Cuáles son algunas de sus recetas ancestrales?

Usamos la hoja de guayaba para bajar los niveles de azúcar y la presión. Si alguien viene con fiebre, se usa una infusión con té de aguacate con una hoja de limón. Hay otras recetas propias de té que forman parte de los secretos comunitarios. También usamos mucho el contacto con el mar como una forma de sanación y hacer las cosas por amor. Es importante retomar los conocimientos que nos han dejado los ancestros. Hay nueve casas de salud garífunas en Honduras y, en Punta Gorda, que es mi comunidad, ya tenemos una casa de té en donde atendemos problemas de salud, recuperamos la medicina ancestral, atendemos la diabetes y la hipertensión que afectan a muchos garífunas por la adaptación a otras costumbres y pasarnos la comida chatarra, hacemos ollas comunes, promovemos la pesca y volver a sembrar yuca y plátano para tener autonomía económica y comer saludable y, además, reconocemos los problemas que tenemos.

¿Cómo se lleva adelante la revalorización de las parteras?

Las parteras son muy importantes porque, por ejemplo, en algunas comunidades es un valor que se ha perdido porque el gobierno dice que es una práctica criminal. Y eso es terrible porque muchas de nosotras hemos nacido con parteras. Es lamentable el efecto en las comunidades.

¿Cuál es la importancia de las parteras?

La importancia de nacer y parir con una partera es porque no solo te atiende un día, sino que está antes, durante y después del proceso.

¿Cómo se conjuga la fe religiosa con la sabiduría ancestral?

Una de las cosas que respetamos mucho son las creencias de todo el mundo, pero las iglesias nos han venido a joder. Hay una señora de mi comunidad con la que hablo mucho, que tiene casi 80 años y no puede partear porque dice que la religión no lo permite. Es condenable que alguien te diga que no puedes poner en práctica su conocimiento. Hay una parte de la persecución que viene de la Iglesia y otra parte del Estado que condena nuestra sabiduría ancestral.

En la medida en que las personas que conocen la medicina ancestral, la música, la lengua pueden ser cada vez menos, ¿se hace más necesario que los conocimientos se puedan transmitir en un lugar concreto con aulas y clases permanentes?

Con este proyecto estamos seguras de no perder el conocimiento ancestral. La universidad es un lugar increíble porque no son profesores universitarios, sino nuestros abuelos los que saben cómo hacer un tambor o un rallador. Las abuelas y abuelos son referentes para el pueblo garífuna.

Las Bravas es un espacio de la diaria Feminismos que busca amplificar las voces y las experiencias de mujeres feministas que están cambiando la historia en América Latina y el mundo. Está a cargo de Luciana Peker, periodista argentina especializada en género y autora de La odiocracia: al fondo a la derecha (2026), ¿El amor es o se hace? (2023), Sexteame: amor y sexo en la era de las mujeres deseantes (2020), La revolución de las hijas (2019) y Putita golosa, por un feminismo del goce (2018), entre otros libros.

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