Por definición, la dignidad es el valor y el respeto que tiene cada persona por el solo hecho de existir en el mundo. Dicho así, suena a un derecho humano elemental, que trasciende –o debería trascender– condiciones socioeconómicas, niveles educativos, orígenes étnico-raciales, orientaciones sexuales, identidades de género. Sin embargo, es difícil gozar de una vida digna cuando las necesidades básicas están insatisfechas. La población LGBTI+ lo sabe bien porque enfrenta históricamente una discriminación que se materializa en barreras para acceder al mercado laboral, en deserción o exclusión educativa, en dificultades para una atención integral de la salud, en la imposibilidad de tener un lugar al que llamar hogar, o incluso, en la percepción de la calle como un territorio hostil, donde existe la posibilidad de enfrentar burlas, insultos, golpes, abusos o muerte.
No sorprende entonces que este año la Coordinadora de la Marcha por la Diversidad en Montevideo haya elegido como consigna “Vivir con dignidad, existir con orgullo”. Es, lisa y llanamente, el reclamo por el derecho a una vida libre de vulneraciones. “Este año nuestra consigna es clara”, reafirmó la plataforma en la proclama leída de forma colectiva al final de la movilización de este viernes. “Porque no queremos que existir siga siendo un acto de resistencia. Vivir con dignidad es nuestro reclamo al Estado y a la sociedad toda. Existir con orgullo es nuestra respuesta a quienes todavía nos dicen: ‘hacé lo que quieras en tu casa, pero no lo muestres’. No nos avergüenza ser quienes somos; nuestras disidencias son nuestra identidad. Por eso seguimos saliendo a la calle, en Montevideo y en cada rincón del país, donde mostrarse con orgullo todavía es un desafío enorme”, aseguraron las organizaciones convocantes.
La invitación era a concentrar en la plaza Cagancha a las 18.00 para empezar a marchar hacia la plaza 1° de Mayo a las 19.00. Pasadas las 18.00, una multitud ya desbordaba la plaza, donde artesanas y artesanos terminaban de vender lo que quedaba de mercadería antes de que se terminara lo que fue la “previa de la marcha”. Predominaban los colores del arcoíris en banderas, pañuelos, sombreros, maquillaje y ropa, pero dos por tres –y cada vez más, respecto de años anteriores– aparecían en otras banderas y outfits los colores de las banderas del orgullo trans, bisexual, no binario, intersexual, entre otras identidades disidentes.
Cuando el reloj marcó las 19.11, y en el momento exacto en que el parlante anunció la introducción de “Oops!... I Did It Again” –la emblemática canción de Britney Spears– empezó la movilización, que en una especie de fiesta caminante se trasladó por Rondeau y luego por Avenida Libertador hacia la plaza 1° de Mayo. Allí, en el escenario montado a poquitos metros del Palacio Legislativo, hubo actuaciones musicales y, finalmente, cerca de las 21.30, representantes de los distintos colectivos que integran la Coordinadora de la Marcha leyeron la proclama de manera colectiva.
Foto: Laura Sosa
“La discriminación nos sigue condenando a la miseria”
“Nos dicen que ya alcanza. Que ya tenemos leyes, que ya tenemos derechos, que no se entiende qué es lo que seguimos reclamando. Pero un derecho que no se cumple no es un derecho, es una promesa vacía. Así que sí, vamos a repetir lo mismo todas las veces que haga falta, hasta que dejen de ser reclamos y sean hechos. Venimos a exigir que lo prometido se cumpla”, advirtió la Coordinadora en la proclama. “Durante años nos dijeron que había que esperar. Esperamos. Nos dijeron que había que dialogar y dialogamos. Nos dijeron que había que confiar y confiamos. Nos dijeron que las leyes iban a cambiar nuestras vidas. Las conquistamos. Ahora les decimos: ¡cumplan! Porque nuestros derechos no pueden depender de quién gobierna o de si nuestras demandas son políticamente convenientes [...] No queremos privilegios: queremos igualdad. No queremos favores: queremos derechos. No queremos promesas: queremos presupuesto. No queremos sobrevivir: queremos vivir con dignidad”, agregó.
Foto: Laura Sosa
En ese sentido, y en línea con la consigna de la marcha, los colectivos reclamaron “condiciones materiales para poder vivir dignamente”: “Trabajo, techo, poder estudiar, poder envejecer. No pedimos privilegios, pedimos lo que necesita cualquier persona para vivir. La dignidad no es un discurso, es una condición material. Y la política pública solo transforma la vida de las personas más excluidas si tiene inversión detrás. La discriminación nos sigue condenando a la miseria. Nos acusan de victimizarnos cuando todo el tiempo nos niegan oportunidades reales”, apuntaron.
Al igual que en los años anteriores, otro de los reclamos planteados fue por la “real aplicación de la Ley Integral para Personas Trans”, aprobada en 2018. “Seguimos reclamando acceso efectivo a una salud integral, oportunidades laborales, vivienda digna, educación libre de discriminación y violencia, reparación; seguimos reclamando el cumplimiento efectivo del cupo laboral trans. No aceptamos que la burocracia sea siempre una excusa para que no ocupemos los lugares que nos corresponden. No aceptamos que las demoras se conviertan en abandono. No aceptamos que nuestras vidas tengan que esperar”, señalaron.
Foto: Laura Sosa
En materia de salud, exigieron que se les “trate bien” en el consultorio y cuestionaron la “mala praxis” médica. “Hablamos del varón gay que va a la consulta con una pierna quebrada y lo primero que le ofrecen es un test de VIH. De la lesbiana a la que no le indican el PAP porque tiene sexo con mujeres. De los prejuicios que terminan en diagnósticos equivocados”, detallaron. A su vez, demandaron por “el acceso real a terapias de afirmación de género, sin esperas eternas ni profesionales que tengamos que buscar en el boca a boca”, y, en términos de VIH, el pedido fue por más “prevención, acceso a la información, al diagnóstico y a tratamientos de calidad”.
En salud mental, hicieron énfasis en la necesidad de “espacios de atención sin demoras eternas, accesibles, inclusivos, libres de discriminación y con profesionales preparados”.
Por otra parte, rechazaron la “invisibilidad” y el “no reconocimiento” de las familias de lesbianas, el hecho de que los varones gays sigan siendo “el chiste fácil de esta cultura hetero que nos repudia y nos incentiva a quitarnos la vida”, y reclamaron un futuro “donde el sistema médico no tenga como prioridad ‘corregirnos’ y ‘mutilar’” a las personas intersexuales. Reivindicaron a la vez que las personas bisexuales no están “confundidas” y que su identidad “no es una etapa”.
Foto: Laura Sosa
Vidas libres de violencias
Otro tramo de la proclama estuvo dedicado a repudiar distintas violencias. Así, la Coordinadora reivindicó la lucha “en defensa de la soberanía de nuestros cuerpos, por la autodeterminación y la autonomía sexual y reproductiva de las mujeres y disidencias”, y “la libertad de tomar decisiones éticas sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, sin coacción, violencias ni penalización”. Al mismo tiempo, afirmó que “no habrá revolución social sin una revolución en las masculinidades”: “Queremos ser varones dispuestos a abrazar la perspectiva feminista en cada aspecto de nuestras vidas. Ya no alcanzan las declaraciones de solidaridad, ni que sigamos aclarando que no todos somos iguales; tenemos la responsabilidad de romper con el pacto patriarcal en el trabajo, entre amigos, en nuestras organizaciones y en nuestras casas. La deconstrucción masculina es una obligación política y el momento de asumirla es ahora”.
La plataforma repudió además el intento de femicidio en la Facultad de Medicina de la universidad pública, a principios de este mes, y “los 17 femicidios de este año”, a la vez que recordó a las “compañeras trans asesinadas sin justicia”. “No son hechos aislados: es la expresión más brutal de una violencia machista que se aprende, se tolera y se reproduce todos los días. El problema no es cómo nos vestimos, a qué hora salimos ni con quién andamos. El problema es este sistema que nos odia: ¡Ni una menos! ¡Vivas nos queremos!”, expresaron.
De cara al resto del mundo, los colectivos denunciaron “el fascismo y los discursos de odio que avanzan”, y “la ocupación colonial, el bloqueo inhumano y la limpieza étnica que se impone sobre todo el pueblo palestino”. Sobre esto último, le “recordaron” específicamente al presidente de la República que “no ‘tomar partido’ no solo desconoce la historia del pueblo palestino, sino que es un posicionamiento miserable a favor de la destrucción; no es una guerra, es un genocidio”.
La marcha de este año llevó el nombre de Luis Magallanes, el actor y docente más conocido por su personaje de drag queen, Dulce Polly, que falleció en enero de este año. La proclama cerró con referencias a su legado: “Si algo aprendimos de Dulce Polly y de todas las que vinieron antes es que el orgullo no se pide: se vive. Y mientras exista una sola persona a la que se le niegue un derecho por ser quien es, vamos a seguir tomando las calles”.