Decenas de estudiantes se movilizaron este miércoles de tarde en Montevideo para repudiar el intento de femicidio de un estudiante de 19 años contra una compañera de clase, de la misma edad, en la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar). La multitud empezó a crecer a partir de las 17.00 en las puertas del centro de estudios, por la avenida General Flores, que media hora después ya estaba abarrotada tanto de mujeres como hombres que se identificaban como estudiantes de distintas carreras, representantes de gremios estudiantiles o simplemente manifestantes que adherían a la causa.
En la pancarta más grande, que decoraba una extensa parte de la reja del edificio educativo, se leía: “No fue un hecho aislado. No merecemos silencio institucional”. Esta idea atravesó la mayoría de los carteles y las proclamas que se leyeron más tarde.
Además de repudiar la tentativa de femicidio, que ocurrió en la tarde del martes, y expresar su apoyo a la víctima, las y los participantes exigieron medidas institucionales que garanticen seguridad y protección frente a la violencia de género en los espacios educativos. “Ninguna estudiante debería tener miedo de ir a estudiar”, “venimos a estudiar, no a sobrevivir”, “estudiamos para salvar vidas, no para despedir compañeras” y “quiero recibirme, no morirme”, son algunas de las consignas que se leían en los pedazos de cartón pintados.
Muchos carteles estaban dirigidos directamente al decano de la Facultad de Medicina, Arturo Briva, que el martes, después de visitar a la estudiante agredida, se refirió al intento de femicidio como un “hecho desgraciado” y dijo que “este tipo de situaciones son verdaderamente excepcionales”. “Señor Arturo Briva, esto no es una situación excepcional. Un intento de femicidio es la manifestación final de la violencia machista sistemática que vivimos las estudiantes en la Udelar”, decía un cartel impreso que estaba pegado con cinta adhesiva a pocos metros de la puerta de la facultad. “Tu hecho desgraciado fue intento de femicidio”, aclaraba otro.
A las 17.30, las veredas se vieron desbordadas de gente y la masa de personas se expandió hacia la calle. Durante esa parte de la convocatoria predominó el silencio, excepto por momentos en los que alguna persona aplaudía –y generaba aplausos como en una ola expansiva– o inauguraba algún canto feminista que se repetía como eco –el más sonado fue ese que dice “señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente”–. Un poco antes de las 18.00, el silencio se rompió definitivamente cuando entraron en escena dos bombos, que acompañaron otros cánticos clásicos contra la violencia machista.
Sofía, Guadalupe y Victoria, de 21 años, son estudiantes de cuarto año de Medicina. En diálogo con la diaria, dijeron que además de la preocupación por que “la compañera se recupere”, se movilizaron para reclamar “más medidas de seguridad” en la facultad y cuestionaron la decisión de no suspender las clases al otro día del ataque.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
“Se lo tomó como un hecho particular, cuando la realidad es el pánico colectivo que tenemos todas las mujeres, todos los días de nuestra vida, porque vivimos una violencia sistémica y esto pasó en el pasillo de nuestra universidad”, cuestionó Sofía. “Se intentó limpiar la sangre del pasillo, pero ese pasillo va a estar manchado para siempre, porque ahí una mujer casi muere por culpa de un hombre que se sintió con el poder de querer tomar su vida”, sentenció.
Apoyado en la reja de la facultad estaba Josué, de 20 años, estudiante de segundo año de Medicina. El joven le dijo a la diaria que se sumó a la manifestación “por justicia, porque tenemos un gobierno ausente y porque las autoridades de la facultad dieron una respuesta totalmente insuficiente para la gravedad del asunto”. A su vez, señaló que “hay que reclamar políticas públicas para proteger no solo a las estudiantes, sino también a las docentes, “que se ven afectadas día a día por esta problemática”. El estudiante dijo que, como varón, quiere “contribuir a que [la facultad] sea un espacio seguro para las compañeras” y que ellas sepan que muchos hombres “también pueden ser red de apoyo”.
“La respuesta debe ser colectiva, organizada y movilizada”
A las 18.01 empezó la marcha, que finalizó en los alrededores del Palacio Legislativo. Allí, la primera persona en intervenir habló en representación de la Asociación de Estudiantes de Medicina (AEM), que convocó a la marcha en primer lugar. “El intento de femicidio ocurrido dentro del espacio vinculado a nuestra formación evidencia una vez más la necesidad de preguntarnos qué herramientas institucionales existen para prevenir, detectar y actuar frente a las situaciones de violencia. Consideramos fundamental que este hecho no quede relegado a un episodio aislado dentro de la historia de nuestra institución”, puntualizó la joven.
Por eso, insistió en la necesidad de “construir colectivamente las medidas pertinentes para abordar situaciones de esta naturaleza, que responden a problemáticas estructurales y que requieren respuestas institucionales acordes a su gravedad”. “No queremos volver a nuestros espacios de estudio como si nada hubiera ocurrido. Este momento nos convoca a organizarnos, a reflexionar y actuar colectivamente. Desde la AEM sostenemos que, frente a la violencia, la respuesta debe ser colectiva, organizada y movilizada. Nos ponemos a disposición para construir instancias de diálogo e intercambio que permitan avanzar hacia la institución que queremos habitar, como personas, como colectivo universitario y como profesionales y futuros profesionales de la salud”, agregó.
Movilización tras el intento de femicidio a una estudiante, el 2 de setiembre. Foto: Rodrigo Viera Amaral
Después de ella habló una de las amigas de la estudiante agredida, que empezó preguntando “dónde estaban las instituciones cuando denunciaron”, en referencia a un comunicado de exestudiantes del liceo de Salinas al que concurría el agresor, en el que afirman que tuvo conductas violentas que fueron notificadas a las autoridades del centro, pero sin que se tomaran medidas al respecto. “Hoy en día somos nosotras las que estamos llorando a una amiga. Nos tocó a nosotras y no sé cómo se hace, pero les pido por favor a todos que no bajen los brazos, que se comprometan con esta lucha y que no haya una próxima [mujer asesinada] ni en su casa ni en la facultad ni en la calle ni en ningún lado”, afirmó la joven, con la voz quebrada.
La movilización cerró con la repetición sostenida y al unísono de una consigna que también es un aviso y que en esas horas se sintió muy en carne viva: “Tocan a una, tocan a todas”.
