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Feminismos LGBTI+
(archivo, 2024) · Foto: Ernesto Ryan

(archivo, 2024)

Foto: Ernesto Ryan

La vigilancia estatal sobre disidencias sexuales en dictadura: el elefante en la habitación del pasado reciente

Un monitoreo por los “Archivos del Terror en Uruguay” muestra cómo la orientación sexual y la identidad de género eran rastreados por los organismos de inteligencia para evaluar la conducta o la “moralidad” de una persona.

En 2026, el “Archivo Berrutti”, como se lo conoce popularmente en referencia a Azucena Berrutti, entonces ministra de Defensa Nacional, cumple 20 años desde su hallazgo. Está compuesto por aproximadamente 1.500 rollos de microfilm, cada uno con miles de páginas dentro. Fueron producidos por el Servicio de Información de Defensa (SID), actual Dirección Nacional de Inteligencia de Estado (Dinacie), y abarcan documentos desde 1968 hasta 2004, aproximadamente. Incluyen fichas personales, actas de detención, informes de inteligencia, reportes de allanamientos y escuchas telefónicas, memorandos, órdenes de captura y recortes de prensa, entre otros materiales.

En 2023, una cuenta anónima cargó en la plataforma Internet Archive miles de documentos provenientes de este acervo bajo el nombre “Archivos del Terror en Uruguay”. La publicación permite acceder de forma abierta a una parte sustantiva del archivo. Si bien la web permite hacer búsquedas de texto entre los documentos digitalizados, el mecanismo se apoya en tecnologías de reconocimiento óptico de caracteres (OCR), por lo que sus resultados no son exhaustivos: palabras presentes en originales deteriorados, manuscritos o de baja legibilidad pueden no ser reconocidas por el sistema.

El pasado 30 de agosto, Amnistía Internacional Uruguay presentó un análisis de su propia presencia en el Archivo Berrutti. La organización identificó referencias a Amnistía en 339 rollos y contabilizó 545 menciones entre 1975 y 1998, es decir, incluso durante los años posteriores al fin de la dictadura. A partir del conjunto documental analizado, concluyó que “la dictadura vigilaba a Amnistía Internacional como una organización capaz de articular la disidencia local con la denuncia internacional, poniendo en riesgo la legitimidad del régimen autoritario”.

En vísperas de una nueva Marcha por la Diversidad, la diaria se propuso hacer un ejercicio similar: rastrear en este archivo las huellas documentales de la vigilancia estatal sobre personas y organizaciones vinculadas a la diversidad sexual y de género. La búsqueda permitió identificar cerca de 300 menciones explícitas, distribuidas entre fichas de información, documentos de inteligencia, recortes de prensa y registros de seguimiento a organizaciones vinculadas a los derechos de gays, lesbianas, personas trans y otras disidencias sexuales.

Los hallazgos

Como ya han expuesto estudios académicos sobre la violencia institucional contra disidencias en la dictadura en nuestro país –los liderados por el investigador Diego Sempol, por ejemplo–, los documentos analizados muestran que la orientación sexual o la identidad de género podían convertirse, por sí mismas, en datos consignados por los organismos de inteligencia e incluso en calificativos utilizados para evaluar la conducta, la “moralidad” o los antecedentes de una persona.

El término “sodomita”, cuyo origen remite al relato bíblico de Sodoma y que históricamente fue empleado para condenar las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, aparece en al menos diez rollos del archivo y es utilizado como rótulo distintivo en fichas personales.

Es el caso de un excandidato a suplente de edil en el departamento de Rocha en 1976. En sus antecedentes se señala que, “consultada la comisaría, la misma informa que reside en la ciudad hace dos años, y que el concepto moral que gozaba en el medio social deja mucho que desear ya que se le indicaba como ‘sodomita’, sin llegarse a comprobar tal depravación”. La observación vuelve a aparecer en las sucesivas fichas que lo mencionan.

La clasificación no se limitaba a personas vinculadas directamente con organizaciones políticas. Entre los documentos se encuentran fichas de “personal con antecedentes” del Ministerio de Relaciones Exteriores. Allí, país por país, se consignan características atribuidas a los trabajadores mediante expresiones como “alcoholista”, “enemigo acérrimo de las Fuerzas Armadas” o “hermana de militante tupamaro”. Más de una decena de integrantes de esas nóminas aparecen bajo el rótulo “sodomita”.

El mismo procedimiento se observa en registros sobre otros funcionarios públicos. En Paysandú, durante 1976, el Estado Mayor Conjunto (Esmaco) –definido por un decreto de abril de 1973 como “el órgano de estudio, asesoramiento y planificación de que dispone la Junta de Comandantes en Jefe”– confeccionó informes sobre médicos de la ciudad en los que detallan su filiación política y la de sus familiares directos. Los documentos incorporaban además información sobre patologías e intervenciones quirúrgicas y, entre esos datos, aparece también el rótulo “lesbiana”. El término puede encontrarse en al menos otros 20 rollos del archivo, en ocasiones acompañado por expresiones como “desviada sexual”.

También en Paysandú aparece una lista de curas, párrocos y responsables de parroquias y colegios. En ella se advierte sobre la conducta de un sacerdote porque “ha manifestado en un programa televisivo su apoyo a la tenista transexual René Richards, por su operación y valor contradictorio a la doctrina católica”.

La colección documental evidencia cómo la homosexualidad, el lesbianismo y las identidades trans fueron incorporados al lenguaje de clasificación de los organismos de seguridad. Sin embargo, no todos los materiales presentes en el archivo fueron producidos por las Fuerzas Armadas o la Policía. El SID también recopiló publicaciones de prensa, revistas, volantes y materiales políticos de procedencias ideológicas diversas. Estos documentos permiten reconstruir otro aspecto del período: la forma en que las disidencias sexuales eran representadas en el debate público, incluso dentro de espacios vinculados a la izquierda.

El acervo conserva el número 13 de Ganzúa, subtitulada “la primera revista juvenil uruguaya”. En 1983, la publicación incluía un reportaje a Silvio Rodríguez, un perfil de Ho Chi Minh, notas sobre San Javier y el Penal de Libertad, tiras cómicas y una entrevista a una psicóloga acerca de “las causas, en concreto, que pudieran llevar a un niño o una niña a ser homosexuales cuando adultos”.

Bajo el título “A falta de pan...”, tres mujeres jóvenes relatan su conversación con la profesional, quien, entre mate y mate, sostiene: “El lesbianismo es una enfermedad de orden psicológico que tiene sus raíces en un gran temor hacia la madre y una admiración desmedida al padre”.

La presencia de estos materiales permite observar qué contenidos eran recolectados y preservados por inteligencia aún terminada la dictadura y, al mismo tiempo, reconstruir un contexto social en el que la disidencia sexual todavía se presentaba públicamente como una patología.

De la dictadura a los años 90

Entre los últimos rollos examinados por la diaria aparece una copia de una publicación anarquista que relata un campamento realizado en abril de 1996 en Colonia: el Primer Encuentro del Cono Sur por los Derechos Humanos y contra la Represión.

Allí figura una breve crónica titulada “Travestis presentes”. El texto señala que uno de los talleres más concurridos fue el de “Sectores segregados de la sociedad”, coordinado por Antonella, Yamila y Tamara, “tres travestis que integran la Asociación de Travestis del Uruguay”. Según la publicación, Antonella afirmó durante el encuentro que en aquel momento 95% de la población travesti uruguaya era portadora de VIH y denunció que, cuando se presentaban en el Instituto de Higiene para ser internadas, se les respondía que no había camas disponibles.

Otros documentos de 1996 registran un seguimiento de prensa sobre la situación del VIH en Uruguay, asociada de forma recurrente con las disidencias sexuales. Entre los materiales conservados se encuentran además ejemplares del histórico Boletín de Homosexuales Unidos.

La búsqueda del término “homosexual” en la versión digital del Archivo Berrutti arroja más de 250 resultados. Muchos corresponden a fichas personales en las que la orientación sexual aparece consignada sin una relación directa con una actividad político-partidaria. Una de ellas describe: “El mencionado ciudadano, oriundo de la ciudad de Trinidad, es un homosexual vergonzoso que ha realizado una vida en común con otra persona de su mismo sexo”.

En cambio, “bisexual” arroja menos de una decena de resultados, todos correspondientes a publicaciones de prensa. El término no aparece como categoría en las fichas personales relevadas, a diferencia de “homosexual”, “sodomita”, “lesbiana” o “desviada sexual”.

La palabra “travesti”, por su parte, arroja 38 resultados. Entre ellos aparece un memorándum cuyo asunto es “Travesti vinculado a integrantes del MLN [Movimiento de Liberación Nacional]”. El documento da cuenta de una entrevista publicada en Brecha por Adriana Gallinal y Eduardo Delgado bajo el título “La revolución interior”.

La protagonista es Stephanie, quien después de haber pasado una noche detenida tras una razia, relata a los periodistas el proceso de construcción de su identidad de género: desde su llegada a Uruguay desde Nicaragua junto con sus padres adoptivos y su militancia estudiantil hasta el ejercicio del trabajo sexual.

En su presentación del archivo, la persona que decidió subirlo a Internet Archive señala que la información allí reunida responde a la decisión de los servicios de inteligencia de elaborarla y preservarla. También advierte que “en los documentos que aquí se comparten, puede encontrarse información manipulada, falsa, obtenida bajo tortura o amenazas, brindada por informantes pagos y muchas otras fuentes no confiables”. “De todas formas”, agrega, “es un testimonio histórico de gran valor para entender el funcionamiento de las redes del terror”.