La disputa geopolítica entre potencias ya no se libra solamente por tierra, mar y aire. Las redes informáticas, los sistemas de información y las infraestructuras digitales se convirtieron en otro escenario de conflicto entre actores estatales y no estatales, con consecuencias que pueden alcanzar desde las finanzas hasta los servicios esenciales.
En ese terreno, la inteligencia artificial (IA) está cambiando las capacidades de ataque y defensa, al tiempo que aumenta la presión sobre gobiernos y organizaciones que no siempre están preparados para responder, advirtieron especialistas de México, Brasil y Argentina.
“Tenemos una dimensión adicional en la disputa entre potencias”, sostuvo el especialista mexicano en ciberseguridad Edgar Alberto Olvera González, del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (IPICYT), durante su exposición Cyberwarfare: guerra, tecnología y conflicto digital, en la Cyberweek 2026, un evento organizado por la Universidad Tecnológica del Uruguay (UTEC) que congregó a expertos de Uruguay, Perú, Brasil, México, Costa Rica, Argentina, Trinidad & Tobago, Chile y España.
El especialista comenzó su presentación señalando que la “ciberguerra digital” es un tema “muy controversial” y un asunto “principal” en el conflicto digital generado a partir de la IA. “La ciberguerra digital es el dominio invisible de la geopolítica mundial y ya no es un tema del futuro, a pesar de que se escuche como si lo fuera, sino que tiene varios años”, remarcó.
“Todo pareciera que los conflictos globales son únicamente dados por tierra, por mar, por aire, por espacio, pero en los últimos años hemos tenido ataques de tal magnitud que nos han pegado directamente en la parte de infraestructura digital”, señaló.
El problema es que gobiernos y empresas todavía subestiman las consecuencias que puede tener un ataque informático, según Olvera González. La infraestructura crítica -que comprende, entre otros sectores, la salud, el transporte y las finanzas- puede convertirse en un objetivo y sufrir interrupciones que trasciendan el ámbito digital. “El conflicto digital puede convertirse directamente en una crisis física”, advirtió.
El especialista describió este cambio como el paso “del acero al código”: la guerra contemporánea combina el poder militar tradicional con operaciones digitales capaces de afectar sistemas y servicios a distancia. A diferencia de un enfrentamiento convencional, estas acciones pueden tener un costo relativamente bajo y alcanzar objetivos situados en distintos países, sin necesidad de desplegar tropas ni armamento en el territorio atacado.
“La guerra del siglo XXI ahora combina directamente un poder militar tradicional con operaciones digitales de alto impacto. Entonces, pasamos de tener armas físicas, tanques, aviones, misiles, tropas en terreno, fronteras geográficas, a pasar directamente a lo que es un espacio digital donde, prácticamente, nosotros vamos a tener software malicioso, redes globales sin fronteras con alcance mundial, gracias a internet”, indicó.
La asimetría entre los recursos necesarios para ejecutar una operación y el daño que puede ocasionar es uno de los aspectos centrales de esta transformación. Los ataques, además, no siempre se perciben de inmediato: pueden comprometer sistemas, extraer información o afectar servicios antes de que la organización atacada advierta lo que sucede.
El experto advirtió que la IA está acelerando tanto los ataques como las defensas, aunque consideró que, por ahora, las capacidades ofensivas avanzan más rápido.
Señaló que ya existen herramientas capaces de diseñar ataques hiperpersonalizados contra infraestructuras específicas, mientras que son pocas las organizaciones que cuentan con sistemas de IA defensiva para detectar y mitigar esas amenazas. Además, afirmó que el 90% de las infraestructuras gubernamentales no se preocupa siquiera por actualizar sus sistemas, lo que agrava su vulnerabilidad.
“Es un escenario bastante crítico y agotador, porque ¿cómo podrías de alguna manera tú, como actor, directamente parar, generalizar o evadir directamente una IA que ya tiene el conocimiento de toda tu infraestructura y conoce al pie de la letra con qué tecnología se construyó?”, se preguntó.
Aseguró que se está ante una “era crítica” y que la única posibilidad que se tiene es apostar por una IA defensiva. “De otra manera, lo único que estamos haciendo es jugar al experto en ciberseguridad”.
La inteligencia artificial acelera la carrera
La IA añade una nueva dimensión a ese panorama porque permite automatizar tareas, analizar grandes volúmenes de información y detectar vulnerabilidades con mayor velocidad. También puede facilitar la preparación de ataques a personas que no cuentan con el conocimiento técnico que antes se necesitaba para determinadas operaciones.
“La IA está reprogramando el sistema de cibercrimen, sin duda”, afirmó Gustavo Carvalho, ingeniero de soluciones de seguridad de ThreatDown para Brasil, durante su presentación “Ciberseguridad en tiempos de IA”. El especialista advirtió que estas herramientas permiten realizar acciones que antes resultaban mucho más difíciles o requerían más tiempo y conocimientos.
Carvalho llamó la atención sobre la circulación de modelos de inteligencia artificial sin mecanismos de protección. En su exposición mencionó que más de 6.600 modelos o herramientas sin protecciones habían sido descargados más de 22 millones de veces en un período de 30 días.
“¿Y por qué eso es una información importante? Porque significa que los ciberdelincuentes están descargando herramientas y no tienen protección contra ejecución de actividades sospechosas o de cibercrimen”, afirmó.
El experto remarcó que es una situación “muy peligrosa” ya que las herramientas de IA no sólo están siendo utilizadas por los hackers para hacer ataques sino que también para descubrir vulnerabilidades, indicó.
“Cualquier persona tiene capacidad de utilizar una herramienta de IA que no tiene protección para hacer un ataque. La única cosa que es necesaria es una persona con motivación”, afirmó. En ese sentido, la amenaza no se limita a los grandes grupos criminales ni a los actores vinculados con gobiernos: también puede surgir de individuos con acceso a herramientas cada vez más potentes.
El especialista señaló, además, que la evolución de los modelos puede reducir el tiempo disponible para prepararse. Durante la charla se refirió a herramientas capaces de descubrir vulnerabilidades y advirtió sobre la rapidez con la que esas capacidades pueden extenderse. La ventana para reforzar los sistemas puede ser breve, sostuvo.
Las organizaciones incorporan IA sin saber qué están utilizando
Mientras la discusión geopolítica se concentra en los Estados, los grupos de ataque y las infraestructuras críticas, los especialistas también señalaron problemas cotidianos dentro de empresas e instituciones. La adopción de IA no siempre está acompañada por políticas claras, controles adecuados o conocimiento sobre qué herramientas utilizan los trabajadores.
Iván Gomolinsky, CEO de Security Advisor, propuso abordar la IA como un problema operacional y no como una amenaza existencial. Sostuvo que la tecnología ya está incorporada a las organizaciones y que el desafío consiste en aprender a controlarla y gobernarla.
“Lo que ha ido pasando es que estos cambios se han dado a velocidades más rápidas, pero no los vivimos de un modo existencial, sino que los vivimos de un modo operacional. ¿Por qué? Porque tenemos que dominarlos, tenemos que controlarlos y que gobernarlos”, planteó.
Gomolinsky dijo que el 70% de las empresas ya utiliza IA de alguna manera, pero solo el 26% puede gobernar las herramientas que emplea.
“La adopción le sacó 44 puntos de ventaja a la gobernanza”, resumió. También sostuvo que solo el 5% de las compañías tendría visibilidad sobre lo que ocurre con la IA dentro de sus organizaciones. El problema no es únicamente qué sistemas se incorporan de manera oficial, sino también cuáles utilizan los empleados por su cuenta y qué información comparten con ellos.
“Estamos subiendo a las herramientas de IA información sensible en nuestros prompts. (...) Por lo tanto, a las vulnerabilidades que ya teníamos, se le suma todo este mundo. Por eso, más allá del dilema existencial de la IA, tenemos que lidiar con ella”, afirmó.
Gomolinsky sostuvo que la incorporación de IA a las empresas debe mantener al ser humano en el centro de las decisiones, especialmente cuando están en juego la seguridad y la continuidad de las operaciones. “La decisión sigue siendo humana”, afirmó, y explicó que estas herramientas permiten ejecutar tareas con mayor rapidez, pero no deben sustituir el criterio de los especialistas.