Uruguay produce alimentos para abastecer a varias veces su población, pero esa capacidad productiva no garantiza que todos sus habitantes accedan a una alimentación suficiente y saludable. Frente a esta contradicción, autoridades y referentes del sector agropecuario y científico destacaron el papel de la innovación para reducir la inseguridad alimentaria, mejorar la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios y acercar la investigación a las necesidades de productores y consumidores.
La persistencia de la inseguridad alimentaria, la malnutrición y las dificultades económicas de los hogares expone una de las principales contradicciones del sistema agroalimentario nacional, según señalaron autoridades y especialistas durante una actividad organizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Uruguay, en el marco del Día Mundial de la Alimentación.
“Uruguay produce alimentos para cerca de 30 millones de personas y aún puede aumentar más este volumen. Sin embargo, más de uno de cada diez habitantes de la República se encuentran en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave”, sostuvo Gabriel Ísola, director general de Desarrollo Rural del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca.
Ísola también advirtió sobre la situación de la infancia rural: según expresó, más de 37% de las niñas y los niños de ese ámbito enfrentan situaciones de malnutrición y 9% padece inseguridad alimentaria grave.
Frente a esta situación, el representante de la FAO en Uruguay, Pablo Rabczuk, sostuvo que la innovación es una herramienta para transformar los sistemas agroalimentarios y dar respuesta a la inseguridad alimentaria, pero aclaró que no se limita a incorporar tecnología.
“Innovar significa encontrar nuevas respuestas a problemas conocidos, pero también anticiparnos a los desafíos del futuro. Porque la innovación debe ser inclusiva y llegar a todos, especialmente a la agricultura familiar, a las mujeres, a los jóvenes, a quienes enfrentan mayores barreras para acceder al conocimiento y a las propias tecnologías”, afirmó.
Rabczuk señaló que el cambio climático, las presiones ambientales, la inestabilidad económica y las dificultades para acceder a una alimentación saludable plantean desafíos cada vez más complejos. Por eso, consideró necesario conectar la ciencia y la tecnología con las necesidades de quienes producen, distribuyen, comercializan y consumen alimentos.
“La innovación no es solamente tecnología, también es conocimiento, nuevas formas de organización, de cooperación, políticas públicas y soluciones que nacen de la experiencia y de los propios productores y de las comunidades”, expresó.
Innovación para mejorar el acceso a los alimentos
La necesidad de vincular la innovación con los problemas sociales también estuvo presente en la exposición de Miguel Sierra, presidente del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA). Al inicio de su presentación, señaló que “no todo es tecnológico”. A su juicio, la innovación debe abordarse junto con cambios institucionales, organizacionales y económicos, además de políticas públicas que permitan mejorar el acceso a los alimentos.
“No es solo producir alimentos, ya tenemos suficiente producción de alimentos para abastecer a la humanidad. Lo que sucede es que tiene que ir asociado a accesibilidad”, afirmó, remarcando que Uruguay produce alimentos para seis o siete veces su población.
Sierra también destacó la importancia de evaluar los resultados de las inversiones en investigación. Según indicó, una evaluación realizada por el Banco Interamericano de Desarrollo posicionó al INIA como un instituto de referencia internacional y estimó una tasa de retorno anual de la inversión de entre 25% y 28%. Advirtió, no obstante, que los efectos de la investigación pueden demorar entre 15 y 20 años en materializarse, por lo que requieren continuidad en el financiamiento.
El presidente del INIA sostuvo que históricamente los institutos de investigación agropecuaria concentraron sus esfuerzos en aumentar la productividad y la producción, pero que ese enfoque ya no resulta suficiente. “Hoy estamos viendo que eso no es suficiente, hay que poner énfasis en los temas de sostenibilidad, salud y accesibilidad”, señaló.
Desafíos
Por su parte, el director de Uruguay Innova, Bruno Gili, dijo que el gobierno viene trabajando desde el “primer día” para que el sistema de ciencia, tecnología e innovación aumente la productividad y genere una mayor competitividad en el sector agropecuario.
En ese sentido, sostuvo que el país necesita aumentar la inversión en innovación y mejorar el impacto de los recursos que destina a esa área.
Como ejemplo, citó el Índice Global de Innovación de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, en el que Uruguay se ubicaba en el puesto 66 entre más de 140 países. Según detalló, el país ocupaba el lugar 55 en insumos –los recursos destinados a ciencia, tecnología e innovación–, pero descendía al puesto 77 al considerar los resultados.
“Hay una improductividad. […] Tenemos un nivel de esfuerzo superior a un montón de países, pero tenemos resultados menores. Ese es el principal reto”, afirmó. Para Gili, una de las explicaciones está en los problemas de coordinación entre las instituciones que integran el sistema científico y tecnológico.
El jerarca también advirtió sobre el bajo nivel de inversión general de Uruguay, que situó en 16% del producto interno bruto (PIB). A su entender, ese porcentaje resulta insuficiente para sostener las transformaciones productivas que el país necesita.
En el ámbito agroalimentario, Uruguay Innova trabaja junto con instituciones científicas, universidades y empresas en iniciativas para promover la colaboración entre investigadores y productores desde las primeras etapas del desarrollo de soluciones tecnológicas. La intención es que la investigación responda a necesidades concretas del sector productivo.
“La idea es construir plataformas de cocreación para que el investigador diseñe soluciones junto con el productor y las empresas tecnológicas desde el día uno”, afirmó.
Gili señaló, además, que la inteligencia artificial, la robótica, internet de las cosas y los sensores todavía no están teniendo en Uruguay el impacto que podrían alcanzar. “Creemos que la inteligencia artificial es una tecnología transversal”, remarcó.
Otros sistemas agroalimentarios
Para Ísola, avanzar hacia sistemas agroalimentarios sostenibles exige considerar no solo la producción, sino también los ingresos de las familias, los precios, los mecanismos de distribución y la calidad nutricional de los alimentos. “¿Cómo garantizar que las familias puedan acceder a los alimentos en la cantidad y calidad que necesitan? ¿Cómo asegurar que el abastecimiento alcance a todas y todos sin dejar a nadie atrás?”, se preguntó.
En ese sentido, afirmó que el MGAP trabaja junto con el Instituto Nacional de Alimentación y otras instituciones para facilitar el acceso a alimentos de calidad y, al mismo tiempo, mejorar los ingresos de los productores familiares y agroecológicos. Entre las estrategias mencionó el fortalecimiento de las compras públicas de alimentos provenientes de la agricultura familiar, los circuitos cortos de comercialización y la producción local sostenible.
“No podemos olvidar dos aspectos que también son claves para lograr estos impactos: el protagonismo de las mujeres y el de las asimetrías existentes en nuestros distintos territorios”, concluyó.
