La carrera por el liderazgo mundial en inteligencia artificial (IA) no se reduce a determinar qué país desarrolla los modelos más potentes. Para Emiliano Chinelli, CEO y fundador de Promtior, la estrategia de modelos abiertos puede darle a China una ventaja decisiva en términos de masividad.
“Probablemente China logre la masividad”, sostuvo, en diálogo con la diaria, aunque advirtió que todavía no está claro si conseguirá superar a Estados Unidos en la capacidad de sus modelos.
En ese escenario, Chinelli, quien es ingeniero con posgrado en computación, consideró que Uruguay debe apostar por una estrategia basada en modelos abiertos, especialmente para aplicaciones críticas del Estado. El objetivo es que el país pueda procesar determinados datos dentro de sus propias fronteras y reducir su dependencia de tecnologías cerradas. “La soberanía se elige en la arquitectura”, remarcó.
Pero el desafío no es solamente tecnológico. Dentro de las empresas, la IA ya está siendo utilizada por trabajadores incluso cuando las organizaciones no tienen políticas claras sobre su uso. Es lo que se conoce como “IA en la sombra”: empleados que recurren por iniciativa propia a herramientas de IA y pueden terminar compartiendo información sensible con plataformas que la empresa desconoce. Para Chinelli, este es uno de los principales riesgos que enfrentan hoy las organizaciones.
Usted sostiene que la barrera ya no es la tecnología. ¿Cuál cree que es el principal cuello de botella para que las empresas uruguayas adopten IA?
Todas las empresas tienen un modelo de gobernanza y esa forma de gobernar muchas veces penaliza que se pueda construir tecnología. Hoy, por ejemplo, en muchas empresas en Uruguay todavía los gerentes de tecnología no ven con buenos ojos la adopción de herramientas de IA. Y eso es algo que entiendo perfectamente, porque las herramientas de IA pueden ser muy entretenidas, por decirlo de alguna forma.
Hoy en día, creo que una de las cosas que sigue penalizando es, por un lado, la falta de tecnologías específicas que habiliten formas de gobernar y de operar más seguras. Y, por otro lado, creo que está la capacitación, ya no tanto a nivel de uso de las herramientas, sino una capacitación más ejecutiva, para que los líderes sepan cómo gestionar equipos que utilizan estas herramientas. Esos son los dos principales cuellos de botella.
¿Podría explicar un poco a que hace referencia con usar IA en la sombra?
Uno de los riesgos más grandes que tiene la IA hoy en día es lo que se llama shadow AI, que son empleados de organizaciones que usan herramientas como ChatGPT, pero que no lo dicen. O a veces utilizan otro tipo de herramientas de IA y comparten información sensible con esas herramientas, sin saber que eso representa un peligro.
En el mejor de los casos, los empleados de las empresas utilizan herramientas como OpenAI, Anthropic o Copilot de Microsoft. Y si bien la política de la empresa puede permitir o no que suban documentación a esas herramientas, son, entre comillas, herramientas seguras.
Ahora, el problema es cuando las personas no tienen bien entendido el ecosistema de IA y las herramientas que están utilizando son de fabricantes desconocidos. Ese tipo de herramientas, de las que no sabemos quiénes son los fabricantes, pueden representar un riesgo. Hubo un caso particular de una herramienta que fue hackeada y toda la información de los usuarios quedó pública.
Ese es el verdadero peligro cuando una empresa no incorpora en sus políticas algún tipo de asesoramiento a sus empleados. Si mis empleados utilizaran información sensible en OpenAI, me preocuparía, tal vez, porque nosotros utilizamos la plataforma Cloud a nivel empresarial. Pero no me preocuparía tanto como si estuviesen utilizando herramientas que no son conocidas.
Y lo que está pasando hoy es eso: en cada área de cada empresa están los que se llaman early adopters (adoptadores tempranos), que, sin malas intenciones, están utilizando estas herramientas de IA.
Ese es el uso de la IA que es peligroso: cuando tenemos personas en la empresa utilizando cosas que no son, entre comillas, las oficiales o las más conocidas.
¿Cuál es la idea sobre IA que hoy considera más equivocada entre empresarios y responsables de políticas públicas?
Yo veo ideas extremas. Por un lado, están las personas que creen que esto es la fuente de la abundancia y que la IA va a solucionar todos los problemas que tenemos de productividad y competitividad. Creo que eso, en el extremo, está equivocado.
Y también creo que están equivocados quienes se paran en el otro extremo, pensando que la IA va a eliminar por completo el trabajo y que va a generar una crisis.
Lo digo porque hace poco salió la noticia de unos chicos de 16 o 17 años que habían hecho una aplicación de IA que ya tenía 90 clientes en Uruguay. Era una herramienta para crear contenido de estudio para profesores y se la vendían a docentes.
Esas nuevas generaciones ya están reinventando probablemente el trabajo. En definitiva, lo que quiero decir es que veo muy errado a quienes se paran en los extremos.
¿Cree que la IA está destruyendo empleos?
Yo no digo que no destruya empleos, sino que no me paro en el extremo. Las evidencias que tenemos ahora, a partir de estudios realizados en Estados Unidos –uno conducido por OpenAI y otro que conocí a través de la Universidad de Stanford–, muestran que está cambiando dónde están las oportunidades y dónde se originan los empleos.
Vemos una caída en las contrataciones de las personas más juniors, en los niveles de entrada, pero no vemos lo mismo en los roles más senior. Esa caída no es menor: está entre un 7% y un 10%. Eso es una luz roja.
Ahora hay un cambio de reglas de juego. Eso es seguro.
Cuánto va a impactar ese cambio de reglas de juego en el trabajo y si va a destruir empleos o no, todavía creo que es muy prematuro para afirmarlo. No tenemos la información suficiente como para decir que se va a destruir la economía, pero tampoco para afirmar lo contrario.
Hay una realidad que vemos todos los días en las empresas con las que trabajamos: cuando incorporan IA, en la mayoría de los casos esas empresas igual terminan contratando más gente, o a veces terminan siendo más eficientes. Pero esa eficiencia no necesariamente se traduce en una reestructura.
Yendo a temas de geopolítica y soberanía, usted sostiene que “la soberanía se elige en la arquitectura”. ¿Qué significa eso exactamente para una empresa o para Uruguay, un país tan chico como el que tenemos?
Para desarrollar el concepto: el 30 de noviembre de 2022 se lanza ChatGPT al mundo. Eso provoca toda una revolución. De alguna forma, los consumidores nos enamoramos de esa aplicación con la que podíamos hablar y que nos resolvía cosas.
Esa aplicación fue evolucionando, fueron apareciendo competidores y, si tenemos dinero para pagar los tokens que cuesta utilizar esa IA, podemos usarla en nuestros productos y en nuestro día a día. En definitiva, hay una forma de trabajar que mayoritariamente vienen proponiendo las empresas estadounidenses, que es a través del consumo de sus plataformas.
Esas plataformas están cerradas para nosotros. Si las quiero utilizar, tengo que pagar. Y a veces el costo es alto, a tal punto que algunas ideas de negocio que puedo tener tal vez no son viables. Son ideas que generan valor para un nicho específico, pero si las quiero implementar utilizando estas tecnologías, no me cierra la ecuación de costos.
Algo que empezó a pasar con China en los últimos dos años –también lo hacen otras empresas estadounidenses y en Europa– es que se popularizaron modelos como DeepSeek o GLM en China. Estos modelos de alguna forma se abren al mundo. Yo me puedo descargar su modelo de IA y ponerlo en mi infraestructura y no pagar un solo dólar: solamente el costo de la infraestructura.
El hecho de que modelos tan potentes estén, o se puedan distribuir de alguna forma gratis me habilita a construir todos estos negocios que tal vez no eran viables utilizando modelos cerrados.
Cuando hablamos de soberanía y de arquitectura, lo que estamos diciendo es que, cuando construimos nuestro sistema, cuando diseñamos la arquitectura de nuestro sistema o servicio, si contemplamos utilizar modelos abiertos que puedo descargar y meter dentro de mi tecnología, estoy construyendo una aplicación, sistema o modelo de negocio más soberano que uno que depende de sistemas cerrados que tengo que pagar.
O sistemas cerrados que, como pasó con el último modelo de Anthropic hace unas semanas, pueden ser apagados por decisión de otro país. Hace un mes hubo un problema entre la Casa Blanca y Anthropic. La Casa Blanca pidió que apagaran el modelo, y se apagó para todo el mundo por unos días. Ahí vemos cómo una soberanía extranjera puede influir en el modelo de negocio que yo pueda tener. Ese precedente que generó la Casa Blanca generó más adeptos a la causa china de la IA abierta.
A partir de los modelos abiertos que está promoviendo Pekín, ¿de alguna manera China le está ganando la competencia tecnológica a Estados Unidos en IA?
Puede ser prematuro decir que le está ganando. Sí hay distintos indicadores que nos dan la pauta de que China puede estar alcanzando un liderazgo, según lo que uno analice.
Si uno analiza la capacidad de los modelos, qué tan buenos son, hoy las empresas estadounidenses siguen ganando, particularmente Anthropic.
Ahora, si uno considera que tenemos modelos casi tan potentes como los de Anthropic, pero abiertos, ahí te puedo decir que China está ganando.
Por ejemplo, un miembro de un partner de Andreessen Horowitz, uno de los fondos de inversión más grandes del mundo, decía que estimaba que el 80% de las startups de IA en Estados Unidos ya estaban utilizando modelos chinos.
Esta estrategia de open source no es nueva. Los modelos abiertos existen desde hace mucho tiempo. Linux, por ejemplo, es un sistema operativo que compite con Windows y hoy, por lejos, más del 90% de internet corre sobre esos servidores.
Cuando miro hacia atrás, como ingeniero informático, apostar a la estrategia open source siempre te da masividad.
Probablemente China logre la masividad. No sabemos si va a lograr hacer modelos más inteligentes que los que está haciendo Estados Unidos, no sabemos si lo va a alcanzar en esa carrera. Pero a veces quizás no necesitás los modelos más inteligentes.
Lo que yo esperaría es que China logre la masividad, que logre mayor presencia, mayor superficie, aunque no le gane la carrera a Estados Unidos por los modelos más inteligentes. Esa es mi visión.
¿Y qué le recomendaría a Uruguay?
El Estado, de alguna forma, sí o sí tiene que tener una política de modelos abiertos, pero ya solo para hacer compliance [cumplimiento normativo] con las mismas leyes que existen hoy en Uruguay.
Las mismas leyes de privacidad de datos que tenemos hoy en el país hacen necesario que, para cierta información, esos datos se procesen dentro de la frontera de Uruguay.
Por eso sabemos que Antel va a hacer una inversión de 50 millones de dólares en modernizar su data center, entre otras cosas, principalmente para poder incorporar infraestructura para correr modelos de IA.
La realidad es que hoy sí o sí el gobierno tiene que tener una estrategia abierta a la IA. Eso no quiere decir que no pueda apalancar otros acuerdos, como los que tenemos con Google, u otros que se hagan y que permitan usufructuar modelos cerrados.
Pero la columna vertebral tiene que ser una estrategia basada en modelos abiertos, independientemente de su procedencia. No tienen por qué ser modelos abiertos de China.
¿Cómo debería posicionarse un país pequeño como Uruguay frente a la creciente competencia entre Estados Unidos y China?
Yo creo que la neutralidad, que es la marca país de Uruguay, es la mejor opción.
