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Futuro Empresas
(Archivo, abril de 2024)Foto: Alessandro Maradei

(Archivo, abril de 2024)Foto: Alessandro Maradei

Una alianza entre la Udelar y una empresa apícola busca transformar la cera de abejas y abrir nuevos mercados

Investigadores de la Facultad de Ingeniería y una empresa apícola desarrollaron un proceso para mejorar la calidad de la cera de abejas. La tecnología ya comenzó a escalar a nivel industrial.

Un proyecto desarrollado en conjunto por investigadores de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República y la empresa Apícola Integral Las Piedras busca mejorar la calidad de la cera de abejas mediante un proceso de purificación y blanqueo que permita reducir la presencia de acaricidas y, al mismo tiempo, acceder a mercados internacionales más exigentes.

La iniciativa surgió a partir de un problema que enfrenta la apicultura: la presencia de residuos de productos utilizados para combatir la varroa, un ácaro que afecta a las abejas y que está asociado al despoblamiento y la mortandad de colmenas.

“Se empezó a trabajar con acaricidas de síntesis. Hay cuatro moléculas aprobadas para el país, y se ha encontrado resistencia a tres de ellas”, explicó a la diaria Ariel Martínez, representante de Apícola Integral Las Piedras. Según señaló, una de las preocupaciones es que las moléculas utilizadas para combatir el ácaro quedan atrapadas en la cera y pueden contribuir a generar resistencia.

La empresa, ubicada en Progreso, maneja aproximadamente 70% de la cera producida en Uruguay. Habitualmente recibe la cera de los apicultores, la funde y limpia para retirar impurezas como tierra, polen y restos de las colmenas. Luego la vuelve a solidificar en forma de láminas que funcionan como base para que las abejas construyan nuevos panales.

El proyecto buscó intervenir en ese proceso para obtener una cera de mayor calidad. “Recurrimos a la academia para purificar la cera y evitar la resistencia a los acaricidas y para lograr una calidad que nos permita entrar en los mercados más exigentes”, explicó Martínez.

Una sorpresa en los primeros análisis

El trabajo comenzó con algo básico: conocer qué había realmente en la cera uruguaya. Los investigadores analizaron cinco lotes provenientes de distintos lugares y en diferentes condiciones para establecer una línea de base de los contaminantes presentes.

La primera sorpresa fue que los niveles de residuos eran menores de lo esperado.

“Nos llevamos una primera sorpresa. En los lotes que probamos, la cera no tenía la carga contaminante que estábamos esperando, sino que tenía mucho menos”, contó a la diaria Mariana Cabrera, investigadora que participó en el proyecto. Según explicó la doctora en ingeniería química, encontraron concentraciones “casi un orden menos de magnitud que las ceras reportadas en Europa, España y en Estados Unidos”.

Los niveles eran tan bajos que para medirlos tuvieron que recurrir a lugares especializados. Además de los acaricidas utilizados contra la varroa, analizaron otros productos que pueden llegar a la colmena, por ejemplo, aquellos utilizados en la agricultura y que las abejas pueden transportar durante la polinización.

El equipo realizó un análisis de más de 700 posibles compuestos contaminantes. Encontró residuos de ocho pesticidas, pero en concentraciones cercanas a los límites de detección o cuantificación.

El resultado cambió parcialmente el rumbo del trabajo. Ya no se trataba solamente de descontaminar una cera con altos niveles de residuos, sino de desarrollar un proceso que permitiera mejorar sus características y aumentar su valor.

Luego, los investigadores ensayaron diferentes procesos para mejorar la calidad de la cera y facilitar su exportación. En las pruebas de laboratorio, algunos de estos tratamientos permitieron remover entre 60% y 100% de los pesticidas analizados, dependiendo del compuesto y del proceso utilizado.

De cinco lotes a una planta industrial

El equipo probó diferentes tratamientos con tierras filtrantes y carbón activado. Se modificaron concentraciones, tiempos de tratamiento, métodos de mezcla y sistemas de filtrado, con una condición: que el procedimiento pudiera ser aplicado por la empresa sin requerir una inversión imposible de afrontar.

“Siempre con la lógica de que esto tiene que ser fácilmente reproducible en la empresa”, explicó Cabrera.

Gustavo Sánchez, investigador que participó del desarrollo, señaló que se probaron diferentes variables y procesos hasta optimizar las condiciones necesarias para alcanzar el objetivo de blanqueo.

“Lo interesante del trabajo es que se construyó una instalación de pequeño porte que permitió realizar ensayos a escala, lo que permitió dejar una instalación pequeña para estudiar nuevos tipos de ceras”, afirmó.

El trabajo pasó luego de la escala de laboratorio a una instalación piloto construida para realizar pruebas en la propia empresa. El proceso permitió obtener una cera amarilla de buena calidad, señalaron los investigadores.

“Los resultados fueron muy buenos en cuanto a limpieza del blanqueo”, afirmó Cabrera. “No llega a cera blanca blanca, la que se usa a fines farmacéuticos y demás, pero sí a una cera amarilla de muy buena calidad”.

La empresa comenzó a construir una instalación a escala industrial basada en el proceso desarrollado junto con los investigadores.

“La idea es procesar unos 600 kilos de cera por día, y se podría llegar a duplicar esa cantidad sin problema con la infraestructura que tenemos armada”, explicó Martínez.

Alemania, el próximo mercado

La mejora no apunta solamente a producir una cera de mayor calidad para el mercado local. También busca abrir puertas en el exterior.

Durante el proyecto se contrató una consultora para analizar el mercado internacional de la cera, los precios y las exigencias de los compradores. Uno de los resultados fue que el control de pesticidas funciona principalmente como una exigencia comercial entre empresas.

Los investigadores también compararon los niveles encontrados con los límites permitidos para otros productos, como la carne y la miel. En la mayoría de los casos, la cera uruguaya estaba muy por debajo de esos valores.

“Eso fue también un resultado importante, porque a la empresa le da otras herramientas al momento de negociar”, señaló Cabrera.

Entre los mercados analizados, Alemania aparece como uno de los más atractivos. La empresa ya mantiene conversaciones con una firma alemana para concretar una exportación.

La industria cosmética, la alimenticia y la propia producción apícola son algunos de los principales destinos de la cera. Una de las posibilidades que abre el nuevo proceso es ofrecer un producto con cantidades de acaricidas “sin o casi indetectables”, según explicó Martínez.

Salir del laboratorio

Para Cabrera, uno de los resultados más interesantes del trabajo no está solamente en la tecnología desarrollada, sino en cómo se construyó.

“Cada vez me convenzo más de que cocreamos juntos desde el principio, porque desde la empresa nos enseñaron un montón sobre cera de abejas”, afirmó.

El equipo académico reunió investigadores con especialidades diferentes: algunos trabajaban con aceites, tierras filtrantes y carbones activados; otros, con procesos de blanqueo o extracción con solventes. Ninguno tenía inicialmente una especialización específica en cera de abejas.

“Unimos nuestros saberes en un área nueva, con un montón de desafíos”, contó Cabrera. “Fue muy lindo ver cómo lo que sabemos se puede aplicar a otras cosas”.

En total participaron cuatro personas desde la empresa y 12 desde la academia, incluidos seis estudiantes de grado.

La colaboración tampoco terminó con el desarrollo de la tecnología. Según Martínez, la empresa ya está trabajando junto con investigadores en nuevos productos y desarrollos vinculados a la apicultura.

“Lo que nos abrió es la fuerza del conocimiento. Nosotros no teníamos mucha idea de qué respaldo podíamos tener de la academia hasta que arrancamos con esto”, afirmó.

Para Cabrera, esa experiencia también plantea una discusión sobre cómo se evalúa el trabajo académico. “Estas cosas a veces no se valoran en nuestro currículum”, agregó, y advirtió que eso puede hacer que algunos investigadores “no se animen a tirarse al agua en este tipo de proyectos”.