Lo que hasta hace pocas semanas era apenas una estructura visible desde distintos puntos de la ciudad comenzó a producir electricidad. El Shopping Tres Cruces puso en marcha una planta fotovoltaica sobre el techo de la terminal y centro comercial que permitirá abastecer cerca de 35% de su consumo energético anual y sumar una de las mayores instalaciones solares urbanas del país.
La obra requirió una inversión cercana a 1,2 millones de dólares e implicó la instalación de 2.415 paneles solares sobre más de 6.200 metros cuadrados de techo. Según las proyecciones de la empresa, la planta generará una cantidad de energía equivalente al consumo eléctrico de más de 600 hogares.
Además del ahorro energético, el proyecto apunta a reducir el impacto ambiental de la operación. Las estimaciones indican que permitirá evitar unas 920 toneladas de emisiones de dióxido de carbono por año, una reducción comparable a retirar más de 200 vehículos de las calles.
“Estimamos que un mínimo de 35% del consumo anual lo vamos a generar en la planta. Toda esa energía que UTE se va a ahorrar se la podría suministrar a unas 600 familias conectadas a la red”, dijo a la diaria Gonzalo González, gerente de Operaciones de Tres Cruces y responsable del proyecto.
Cómo surgió
González dijo que la iniciativa comenzó a tomar forma a partir de un proceso de mejora en la gestión energética de la empresa.
“Cuando llegué, hace seis años, ya existían algunas tentativas y aproximaciones para elaborar un proyecto con energía fotovoltaica, siempre con el objetivo de volvernos más sustentables, a la vez de poder hacer ciertas economías en el consumo de energía”, señaló.
El impulso definitivo llegó luego de que la empresa obtuviera, en 2023, la certificación ISO 50001 de gestión eficiente de la energía. A partir de las auditorías periódicas asociadas a esa norma, la instalación de una planta solar volvió a ser considerada una alternativa viable.
“Empezamos a analizar que verdaderamente era algo válido, porque en el mundo los costos de la energía fotovoltaica fueron bajando”, explicó González.
Un desafío técnico poco habitual
La planta incorpora 2.415 paneles monocristalinos, ocho inversores y cerca de 18 kilómetros de cableado solar. La instalación alcanza una potencia nominal de 1.200 kW en corriente alterna y fue distribuida en tres sectores diferentes de las cubiertas del complejo.
Sin embargo, el principal desafío no estuvo en la potencia instalada, sino en el lugar elegido para construirla: el techo de uno de los centros comerciales y terminales de transporte más transitados del país.
“No es lo mismo instalar una planta fotovoltaica en un campo a cielo abierto que en la azotea de un complejo donde llegan dos millones de personas por mes”, afirmó González.
Según relató, el proyecto obligó a incorporar tecnologías de monitoreo, prevención y detección de incendios, así como nuevos conocimientos técnicos para operar una infraestructura de estas características. Parte del personal hizo capacitaciones con universidades españolas y la empresa trabajó junto con especialistas internacionales para resolver aspectos vinculados a la seguridad de las instalaciones.
“Fue un tremendo desafío [...] trajimos todas esas tecnologías del mundo a Uruguay”, sostuvo.
La planta fue concebida principalmente para autoconsumo. Tres Cruces mantendrá su conexión con UTE y, en situaciones excepcionales de baja demanda y alta generación solar, podrá inyectar excedentes a la red eléctrica.
“Con UTE hicimos un convenio para que, en el caso de si la planta genera más de lo que estamos consumiendo, podemos inyectar a la red eléctrica. Pero la realidad es que el consumo nuestro es tan grande que nunca vamos a llegar a ese umbral en el que estemos inyectando, salvo en algunos casos particulares, como puede ser el feriado del 1° de Mayo”, explicó.
El próximo paso
Para González, la puesta en marcha de la planta no representa un punto de llegada, sino el comienzo de nuevas inversiones vinculadas a la transición energética.
Entre las posibilidades que evalúa la empresa figuran la incorporación de sistemas de almacenamiento mediante baterías y la futura instalación de cargadores para vehículos eléctricos, una vez que la normativa permita desplegar equipos de alta potencia en estacionamientos techados.
“Las plantas tienen prácticamente una vida útil de entre 20 y 25 años. A partir de que tenemos una planta disponible y que nos permite generar un ahorro base, esto nos compromete también a buscar otros ahorros y otras tecnologías adicionales”, concluyó.