“Te cruzabas con una a cada rato. Era casi imposible encontrar un lugar para bañarse en donde no hubiera representantes del Estado observándote con largavistas. Una cosa completamente orwelliana”. Esta queja pertenece a una persona que se define como “liberal a ultranza” y que estuvo vacacionando en el este durante enero. La abundancia de casillas de salvavidas generó reparos entre las comunidades liberales y libertarias de Uruguay y de Argentina.
Un libertario proveniente de la vecina orilla relató que ver tantas casillas lo “deprimió”. “Hace unos años uno venía a Uruguay buscando la libertad que te daba Luis Lacalle Pou y que no teníamos con Alberto Fernández. Ahora es al revés. Allá hay cada vez menos guardavidas porque Milei entiende que andar controlando dónde se baña y dónde no se baña una persona o cuántos metros se mete mar adentro es un ataque directo a la libertad individual como principio sagrado. Es muy triste”.
El llamado desesperado: “¿Nadie se da cuenta de que esas casillas son exactamente iguales a las de los campos de prisioneros de concentración que hay en China?”. Liberal alarmado.
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Un edil del Partido Nacional explicó que el Estado puede firmar el contrato “con total tranquilidad”, ya que, en caso de incumplimiento por parte del adjudicatario, tiene garantizada una compensación millonaria