¿Cómo estás viviendo este momento en que sos el centro de la discusión política?
Y bueno... no es lo mejor. Uno trata de hacer su trabajo y de no escuchar lo que se habla, pero indudablemente el entorno influye. Hay mucha gente que no debería hablar y sin embargo...
Pero ¿cómo te cayó que se hablara de lo que costás?
No debería haber pasado. Porque uno no sale a preguntar cuánto costó la 4x4 de Da Silva, la moto de Luis o el barco de Javier García, pero ya sabemos que uno está expuesto a estas cosas cuando acepta.
¿Y el tema de que estuvo involucrada otra camioneta en tu llegada?
Es una colega, prefiero no andar hablando de esas cosas. Si lo hacen otros, que se hagan responsables.
¿Y lo del descuento para que se hiciera la transacción?
No sé, son temas que uno no maneja. Muchas veces uno es el último en enterarse. Es cierto lo que dijo el presidente de que se tira de cabeza a los descuentos: a veces venimos por Giannattasio medio apurados porque hay que ir al portaaviones, ponele, e igual paramos por un 3x2 de ravioles o un 15% menos en un calefón para la cocina.
Aparentemente vas a cumplir otra función: de trasladar al presidente, ahora vas a pasar a llevar chiquilines a las escuelas en el interior.
Mirá, para ser honesto, no es el rubro en el que me siento más cómodo. Uno está acostumbrado a desempeñar otro rol. Pero bueno, si tengo que hacerlo voy a dar el máximo esfuerzo, como siempre. La entrega, las ganas, eso nunca falta. Si un guacho me vomita, me la banco y sigo adelante.
Desde la vereda de enfrente se habla de llevar el tema a la Justicia, ¿qué opinas?
A mí no me gusta hablar de los jueces. Creo que son personas y están sometidos a presiones y, cuando se habla tanto, al final los cambian y no es lo mejor.