la diaria Letras

Anne Carson (archivo 2015).

Foto: Pontus Lundshl, TT News Agency, AFP

Anne Carson, nobel de literatura: una elección exquisita

La autora canadiense investiga la tradición clásica para reflexionar sobre temas vigentes.

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Dos impulsos, o tal vez el mismo, dominan a los filólogos creadores. Por un lado, el de ir atrás, al origen de los términos cuyos sentidos mutan inquietantemente a lo largo de los milenios. Al mismo tiempo, buscan traer, recuperar significados antiguos, reencauzar nuestra relación con el pasado. En ese grupo habría figuras tan heterogéneas como la poeta uruguaya Circe Maia, el filósofo alemán Martin Heidegger y la reciente ganadora del Nobel de Literatura, la canadiense Anne Carter.

“Empiezo cada investigación en la etimología. La historia de cómo una palabra comenzó a significar lo que significa es el punto de entrada a todo lo demás”, le dijo a su colega Peter Constantine en una entrevista de 2014.

Hay en ella, además de esa atracción por lo raigal, una predilección característicamente posmoderna por yuxtaponer registros diversos. La hibridación de ensayo, performance, poesía, investigación es una marca del estilo Carson. Por caso: su pieza Norma Jean of Troy combinó la biografía de Marilyn Monroe y la tragedia Helena, de Eurípides, en una puesta dramático-operística que se montó en Nueva York en 2019. Antes, en 2015, hizo una traducción de Antígona, de Sófocles, que se representó en Londres con protagónico de Juliette Binoche.

Más de una vez, Carson ha reaccionado contra su educación (“Mi formación y mis profesores se oponían firmemente a la subjetividad, por lo que desde el principio me ha costado mucho llevar mi pensamiento al ámbito de la ciencia y los hechos, donde otras personas conversan de forma lógica e intercambian opiniones”, escribió en Economy of the Unlost: Reading Simonides of Ceos with Paul Celan), pero es, a la vez, un producto paradigmático del sistema académico de América del Norte, de sus estímulos a la creación, investigación y destaque individual.

Nacida en Toronto en 1950, doctorada tres décadas después en la universidad de esa ciudad, Carson tuvo cargos en facultades de Princeton, McGill, Michigan, Cornell, y frecuentemente es profesora invitada en la Biblioteca del Agua, en Islandia, donde reside en varios momentos del año y donde recibió la llamada de la Academia Sueca con la comunicación del premio.

“Están locos”, le dijo a la emisora pública islandesa, que se acercó a buscar su reacción; se refería al comité del Nobel. Al borde de una ruta nevada, bromeó con que ahora habrá que ponerles pegatinas a las portadas de sus libros y especuló sobre las ventajas de la poesía en los tiempos que corren: “Probablemente hoy sea más útil que la prosa, porque es más rápida y todo el mundo está apurado”. “Si la prosa es una casa, la poesía es un hombre prendido fuego que la atraviesa corriendo”, había dicho hace diez años a Kate Kellaway, de The Guardian.

Su primer libro de crítica fue una versión de su tesis doctoral. Eros, el dulce-amargo (Eros, the bittersweet, que uno apuradamente traduciría como “agridulce”), es una exploración sobre el deseo como carencia, que parte de la obra de la poeta griega Safo y recorre pasajes de Shakespeare, Tolstói y Roland Barthes, entre otros. Relacionable con la noción de “deseo mimético” que acuñó el francés René Girard, la concepción de deseo de Carson reconoce un origen en la separación y también incluye la pulsión por conocer como actividad erótica. Es, claramente, una señal para adentrarse en su obra artística.

La belleza en la verdad

Autobiografía de rojo, aparecida en 1998, es una novela en verso –buena parte de la obra de Carson llama la atención por su aparente cercanía a la prosa– en la que reconstruye el mito de Gerión, el monstruo alado de color rojo asesinado por Hércules, pero lo adapta al mundo de hoy, lo que incluye un viaje del protagonista, convertido en adolescente gay, a lugares desconocidos en la Grecia antigua, como Argentina y Perú. Autobiografía lúdica –está en tercera persona, por si no alcanzara para sospechar–, además de traducciones de fragmentos de Estesícoro, la obra tiene tres apéndices, un poema “estándar” y una entrevista, seguida de una larga enumeración como cierre. Además de constantes en la obra de Carson, como la simbología de los volcanes y la pulsión homoerótica, Autobiografía de rojo también refiere a la vida de la poeta Gertrude Stein.

En las colecciones de ensayos y versos Plainwater (traducida como Agua corriente), de 1995, Carson, usualmente parca con respecto a su vida personal, da algunas pistas sobre detalles familiares que la marcaron. Cuenta sobre los problemas de salud mental de su padre, que fue abandonando la comunicación con otros poco a poco y murió en un asilo. “Seamos amables cuando cuestionemos a nuestros padres”, dice. También menciona la desaparición voluntaria de su hermano, buscado por tráfico de drogas, a quien le dedica un breve ensayo sobre la natación. En Hombres en sus horas libres (2001) deja ver el desgarro por la muerte de su madre, ocurrida durante la escritura del libro: “Ahora ya no tengo a nadie”.

La belleza del marido: un ensayo narrativo en 29 tangos puede tomarse también como una pista biográfica, y ciertamente podría adjudicársele un papel al primer y breve esposo de Carson –su pareja desde hace décadas es el artista y académico Robert Currie, a quien describe como su “colaborador-marido”–, pero el verdadero asunto es la transformación del deseo a lo largo del tiempo, con núcleo en la disputada sentencia de Keats sobre la belleza y la verdad que aparece al final de “Oda a una urna griega” (“beauty is truth, truth beauty”).

Esa obra es la más fácil de conseguir por estos lados, quizás seguida deAlbertine: rutina de ejercicios, una serie de reflexiones aforísticas, que van de lo aparentemente estadístico a lo agudamente crítico, en torno al personaje de Marcel Proust (En busca del tiempo perdido) que ha obsesionado a legiones de freudianos. Eso si hablamos de libros físicos, que, con excepción de La belleza… (publicado por Lumen, parte del grupo Penguin Random House), han sido editados por sellos españoles orientados a públicos muy minoritarios. En línea, en cambio, es posible conseguir varias ediciones con derechos restringidos y también toparse con multitud de trabajos de traductores voluntarios.

Con la elección de Carson, la Academia Sueca cumple con el patrón de alternar mujer-hombre en premios correlativos y, si nos ponemos geopolíticos, se arrima discretamente a los indignados con Trump, al destacar a una autora de un país que representa la oposición pacífica, liberal, ¿ilustrada? a la arbitrariedad estadounidense. Lamentablemente, el péndulo atlántico complica las chances de Thomas Pynchon, varón yanqui que tendrá 90 años en 2027, pero acrecienta las del japonés Haruki Murakami, y, al año siguiente, las de alguna autora hispanohablante.

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