El deporte, el desarrollo humano, la espiritualidad y el trabajo son los cuatro pilares estratégicos de la Fundación Fénix, que nació en Maldonado en 2019 con la misión de preparar a personas recluidas en la cárcel para el día que recuperen su libertad. Actualmente, también cuenta en Maldonado con un hogar de medio camino, conocido como Casa Fénix, donde los liberados que participaron del proyecto residen mientras asisten a talleres de formación y capacitación y acceden a oportunidades laborales mediante convenios con empresarios de la zona.
Este jueves 29 habrá una nueva cena benéfica en el Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry, de Manantiales, con el objetivo de divulgar su trabajo, recaudar fondos para los programas que implementa con personas privadas de libertad y financiar proyectos en 2027. Gonzalo Mieres, uno de los directores y creadores de la fundación, contó a la diaria que el evento ya superó con creces la venta de tickets para los 400 cupos previstos inicialmente.
“La respuesta de la comunidad es espectacular y, en un punto, sorpresiva para nosotros. Contábamos con que íbamos a tener un buen apoyo, pero superó ampliamente las expectativas”, celebró. Con esto, la institución se acerca a la concreción de su segunda Casa Fénix, en un predio que el centro educativo Los Tréboles cede en comodato, en el barrio montevideano Flor de Maroñas.
“Queremos ampliar la base de personas que tengan un lugar donde vivir hasta que completen su proceso de adaptación y de inserción. O sea, que consigan trabajo, que lo puedan sostener y que logren su independencia y autonomía”, explicó Mieres.
Casa Fénix: el camino hacia la libertad plena
La Casa Fénix de Maldonado, el ejemplo a seguir en Montevideo, lleva un año y medio de funciones. Ahora aloja a once liberados del proyecto Fénix de todo el país que, por diferentes factores, no tienen donde vivir tras egresar de la cárcel. Además de los dormitorios, cuenta con baños, lavadero, salón de usos múltiples, cocina, living y comedor. En ese espacio se brindan algunos de los talleres que dan continuidad al trabajo realizado en la cárcel, con seguimiento de dos psicólogas.
Este año se inauguró un salón-aula de oficios, donde se imparten cursos en articulación con el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional. A esa formación también acceden al menos 13 jóvenes liberados que fueron recibidos por su familia o que ya culminaron su período en Casa Fénix y pudieron conseguir trabajo y alquilar en Maldonado.
Mieres destacó que la casa “consolida fuertemente” el proceso iniciado en la cárcel para proporcionar herramientas y habilidades nuevas que les permitan conseguir y mantener un trabajo, y también para desarrollarse en lo personal y espiritual. “Es tener una libertad plena, no estar en consumo, contar con un grupo de pertenencia, un grupo de amigos con quienes comparten el camino y se contienen”, resumió.
“Con la esperanza en el semblante”
La experiencia adquiere aún más relevancia si se considera que Maldonado es el segundo departamento con más personas privadas de libertad y que, entre los cientos de personas en situación de calle, buena parte son liberados de la cárcel de Las Rosas provenientes de la región.
“Salen con una mano atrás y otra delante, y lo primero que hacen es encarar para San Carlos o para Maldonado, sin ninguna opción ni oportunidad ni herramientas para reiniciar su vida”, lamentó Mieres.
Entiende que, para una buena reinserción, hay tres claves: formación previa, acompañamiento en el proceso y oportunidades laborales concretas. “No una pasantía de medio día con una especie de sueldito que no le da para para encarar nada, sino un trabajo proporcionado por una empresa seria”, aclaró.
En esa línea, manifestó que el sector empresarial está respondiendo “de una manera muy positiva y sorprendente”, entre otras cosas porque hay un abordaje “indispensable” del consumo problemático de drogas, que las empresas “valoran mucho”. Gracias a esa tarea de “trazabilidad”, todos los residentes de la Casa Fénix tienen empleo y “la esperanza se les nota en el semblante”.
En busca de la sostenibilidad
La fundación trabaja en establecimientos penitenciarios de Maldonado (Las Rosas), Cerro Largo (Conventos), Lavalleja (Campanero) y Montevideo (Unidad 6, Punta de Rieles) en contacto diario con el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR). En el horizonte del año próximo está la expansión del proyecto, por lo menos, a la cárcel de mujeres (Unidad N°5) en Punta de Rieles.
Mieres apunta a que “los procesos y los proyectos funcionen de forma permanente” y que, además, trasciendan los cambios de gobierno y de jerarcas. “El proyecto es valorado y no digo que sea intocable, pero puede seguir trabajando sin intervenciones caprichosas” dijo tras la firma de un convenio marco con la directora Ana Juanche.
No obstante, aun con ese grado de articulación cotidiana, la fundación no recibe apoyo económico estatal ni profesionales del INR para la tarea. Mieres, sin embargo, es optimista: “Cada vez tenemos una cercanía mayor y creo que no va a pasar mucho tiempo para que empecemos a trabajar en conjunto en algunas cosas”.
Entretanto, la fundación analiza estrategias para conseguir recursos económicos que garanticen la cobertura de los gastos fijos y permitan la expansión. El director confía en que la exitosa cena de este jueves (que esperan reiterar el próximo año) permita solventar la mayor parte de lo planificado para 2027, mientras buscan otras vías “más sistemáticas” para no depender de un único evento.