Damián González Bertolino.

Foto: Natalia Ayala

González Bertolino: “La sociedad no termina en la esquina del barrio, hay un mundo afuera por conocer”

El docente y escritor cuenta sobre la biblioteca y centro cultural Kennedy Cultura Feliz, hoy ubicada en Los Caracoles tras una década en el exbarrio Kennedy.

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Con el realojo de más de 500 familias del exasentamiento Kennedy de Punta del Este hacia el barrio Los Caracoles, en Maldonado, también se trasladó la biblioteca comunitaria y centro cultural Kennedy Cultura Feliz, que funcionó durante una década allí. Fue creada por el docente del liceo departamental de Maldonado y reconocido escritor Damián González Bertolino, de 46 años, quien creció en el barrio Kennedy, como prefiere llamarlo, en lugar de “asentamiento”.

González Bertolino contó a la diaria que el objetivo de la biblioteca es “desarrollar personas lectoras o fortalecer los hábitos de lectura de niños, niñas y adolescentes”, aunque está abierta a la comunidad del departamento, del país y a los turistas, para “generar un diálogo mayor entre distintos espectros de la sociedad”. Hoy está ubicada al lado de la nueva subcomisaría de San Rafael y se encuentra en obras de reforma: montañas de arena y bloques ocupan el exterior mientras en el interior, tomado por libros guardados en cajas y en el depósito, sobrevuela el polvo propio del nacimiento de un proyecto que se expandirá más.

El gestor de este espacio cultural, que actualmente funciona como una extensión de su casa, señaló que “se están redactando los estatutos de la estructura legal de la biblioteca” y que se prevé tenerlos prontos para la segunda mitad del año”. La iniciativa surgió en conjunto con la Asociación de Amigos de la biblioteca y, a su entender, “permitirá mejorar y optimizar los gastos y aspirar a postularse a fondos de apoyo, ya sea para infraestructura o para incorporar más cursos”.

La Biblioteca Kennedy Cultura Feliz nació y resistió durante diez años en el Kennedy. ¿Por qué surgió la necesidad de crearla y cómo fue el proceso?

El barrio Kennedy tuvo una larga historia de aislamiento, marginación y olvido por parte del Estado. Si bien se fundó a comienzos de los años 60 con la pretensión de dar una solución habitacional –aunque no había viviendas sociales–, al menos buscaba que la gente tuviera un terreno para empezar a edificar su casa; sin embargo, los gobiernos departamentales no le encontraron una solución al problema del Kennedy y siempre estuvo la especulación por el precio de la tierra. Muchas familias quisieron regularizar su situación e incluso formaron comisiones de vecinos, pero fueron desalentadas a nivel burocrático. Como consecuencia, el barrio sufrió un aislamiento cada vez mayor y no tenía una plaza de juegos, un CAIF [Centros de Atención a la Infancia y a la Familia], y en el comunal había escasamente algún curso.

Ante la falta de un lugar que nucleara a las personas en su tiempo de ocio, estimulara su lectura y reuniera a quienes querían conversar sobre lo que pasaba en el barrio y sus necesidades, en 2014 nació la biblioteca. Comencé sacando la mesa de la cocina de mi casa a la avenida San Pablo con 60 libros de mi biblioteca personal y otros donados por amigos y editoriales, y hoy hay 4.000 libros. La gente empezó a acercarse de a poco, y al año empezó a funcionar en un viejo garaje reciclado de mi casa; fue una experiencia hermosa de diez años.

¿Cómo fue recibido ese espacio por las infancias y adolescencias?

Siempre es más difícil convencer a los adultos porque, al haber sido un barrio muy olvidado y sin este tipo de propuestas culturales, un porcentaje grande de la población considera que hay espacios culturales que no son para ellos, sino para gente de otros sectores de la sociedad; los perciben como un lujo. Pero los niños y adolescentes rompen esa brecha, porque son más desprejuiciados, más abiertos para jugar y relacionarse. El sábado 16 hubo más de 15 niños en el primer taller lúdico creativo Juego + juego, llevados por sus padres del barrio y del barrio 14 de Febrero, porque la biblioteca está abierta a todas las edades y a la comunidad del departamento, del país y de turistas.

“En el barrio Kennedy un porcentaje grande de la población consideraba que los espacios culturales eran para otros sectores de la sociedad; lo percibían como un lujo”.

¿Cómo elegiste el nombre de la biblioteca y qué simboliza?

Un día me desperté y se me ocurrió ese nombre. Tiene que ver con que vivíamos en un barrio muy estigmatizado, como una especie de techo oscuro que impedía mirar un poco más allá. Cada vez que salían noticias del barrio eran sucesos lamentables, como un crimen, un femicidio o un caso vinculado al espectro delictivo, que también sucedía en el barrio de enfrente, El Golf. Eso fue siempre una carga muy grande y lo es hasta hoy; a veces en el currículum para conseguir trabajo las personas no ponían su dirección porque sabían que no le iban a dar el trabajo. Entonces, la idea de un espacio cultural que se llamara así respondía a esa situación, a pensar la cultura y el encuentro desde una idea de felicidad que incluya el compartir, el reconocimiento mutuo, el sentirse parte de una comunidad que pueda hablar entre sí y relacionarse con el resto de la sociedad.

¿Cómo era un día en la biblioteca en el exbarrio Kennedy?

La biblioteca abría sus puertas y venían niños y personas adultas a buscar libros, y algunos sábados de mañana había clases de piano. También se acercaban vecinos con su termo y mate, del barrio y de otros lugares, que, si bien no estaban interesados en leer, encontraban un espacio para compartir y dialogar. Recuerdo esos sábados con mucha alegría y como un momento muy enriquecedor, en el que se sentía que todo estaba bien: podíamos encontrarnos, contar cómo nos fue en la semana y hablar de las preocupaciones laborales.

¿Cambió algo en la dinámica actual en Los Caracoles?

Hace casi dos años que estamos en Los Caracoles y es como volver a empezar, porque hay que volver a reconectar con el antiguo público y captar al nuevo, y construir estrategias para acercar al público adulto, que seguramente se incremente cuando se abra la biblioteca de lunes a sábados y haya un horario fijo, luego de terminada la obra. Muchos vecinos que antes tenían la biblioteca a media cuadra, ahora están en una vivienda a seis cuadras; aunque esa distancia parece ínfima, la configuración de los espacios cambió.

Actualmente, funcionan talleres de expresión plástica para adolescentes y adultos, de historia de la poesía uruguaya, de las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes, de música y canto, de Juego + juego, de realización audiovisual y cine –proporcionados por el CURE [Centro Universitario Regional del Este] –, y clases de apoyo escolar a niños del barrio. Además, estamos trabajando con el colegio privado North Schools [ubicado dentro del proyecto urbanístico Distrito 52], en un plan de acción para que los alumnos puedan utilizar esta biblioteca y que a su vez se genere un sistema de correspondencia con niños de la escuela 112 de Los Caracoles.

“En Los Caracoles es como volver a empezar, porque hay que reconectar con el antiguo público y captar al nuevo”.

¿Cómo funcionará ese sistema de correspondencia?

Mediante el intercambio de cartas entre la escuela y el colegio privado; tras esa dinámica se organizará, entre julio y agosto, una actividad en la biblioteca para que se conozcan y sepan que la sociedad no termina en la esquina del barrio, sino que hay un mundo allá afuera que es importante conocer. La sociedad crece cuando las personas se encuentran con sus diferencias, o a pesar de sus diferencias, y dialogan; lo contrario de eso es la muerte del sentido comunitario. Una de las cosas más importantes del exbarrio Kennedy es que en la esquina empezaba el barrio El Golf y San Rafael y, más allá del contraste social, muchos vimos allí la posibilidad de encontrar oportunidades laborales, conocer otras personas, y encontramos del otro lado muchas manos que se tendían.

La biblioteca está en reforma. ¿Cuáles son las obras previstas?

En las últimas semanas se pintó la biblioteca por dentro y por fuera, y se agregó un ventanal que permite insonorizar el espacio y ganar más silencio, y potenciar la entrada de luz natural, además de aprovechar la vista del humedal del arroyo Maldonado y las sierras del norte de Maldonado. Falta colocar las estanterías en las paredes y sumar sillones que permitan leer con comodidad, ya que uno de los objetivos de la biblioteca es que las personas que vengan encuentren una comodidad superlativa y no quieran irse.

Además, está en obra el patio, que tendrá un fogón, un anfiteatro, un sector con gradas, plantas nativas y un muro ciego para proyectar películas, y en la entrada de la biblioteca habrá hamacas y subibaja; el arquitecto a cargo es Pablo Canessa. Se espera que esté en funcionamiento para el último fin de semana de octubre, que es el aniversario de la biblioteca. Por el momento, hay benefactores que contribuyen con dinero a la biblioteca para la compra de materiales y también hubo vecinos, por ejemplo, de La Barra que hicieron donaciones.

¿Qué implicó a nivel emocional la desaparición física del barrio y el traslado de la biblioteca?

Obviamente hay un duelo, y parte de la madurez de vivir es aceptar que hay cosas que se terminan inevitablemente. Si bien fue duro aceptar esa realidad, en ningún momento experimenté nada similar al resentimiento, lo vi como una oportunidad nueva. Creo que las experiencias que uno vivió a nivel vecinal e individual, quedan en la memoria. Cuando empezaron a demoler todo, no quise ver nada, me fui cuando la máquina avanzó hacia la biblioteca. Me costó un año y poco volver al barrio y encontrarme con que no había nada.

“Siempre que pienso en el barrio, pienso en un espacio de una emocionalidad muy abigarrada”.

¿Qué se conservará en la memoria colectiva?

No podemos olvidar todo lo que ocurrió en ese barrio a lo largo de más de medio siglo: el dolor, la necesidad, el amor, la amistad, el esfuerzo de mucha gente por salir adelante, la vida y la muerte. Quedarán como testigos silenciosos los objetos que permanecieron cuando se demolieron las casas. Si bien se revolvió la tierra y se aplanó el lugar, quien vaya a vivir el día de mañana allí va a estar durmiendo por las noches y, unos metros más abajo, van a estar muchos objetos de personas que vivieron ahí –cubiertos, muñecos, vasos, recipientes– durmiendo y respirando su propia memoria. Es una buena idea para un cuento.

¿Se ha propuesto escribir sobre el Kennedy?

Muchas experiencias del Kennedy se han filtrado en lo que he escrito, sobre todo en mi último libro autobiográfico El origen de las palabras y en el que estoy escribiendo ahora sobre el vínculo con mi madre a partir del duelo por su muerte. Durante mucho tiempo tuve la intención de escribir sobre esto. No soy un escritor de cuentos, porque siento que lo mío son las novelas, pero recogí en los últimos años muchas ideas que pueden terminar en cuentos. Ahora, con cierta distancia temporal, física y emocional, quizás sea el momento de escribir sobre ese mundo que existió y que hoy pareciera que no hubo nada.

¿Qué no podría faltar en cuanto a emociones, imágenes, personajes?

La complejidad de ese mundo, atravesado por el dolor y la alegría. Siempre que pienso en el barrio, pienso en un espacio de una emocionalidad muy abigarrada. Sin duda, deben estar el sacrificio, los problemas vinculados a la delincuencia, la droga y el deterioro social, pero también la amistad, el amor, el compañerismo, el humor y lo picaresco. Además, durante 80 o 90 días al año había una población turística, sobre todo de argentinos, que se instalaba en los barrios residenciales cercanos, lo que volvía más compleja y rica la estructura de las dinámicas sociales. Por ejemplo, en la adolescencia, mis amigos y yo pasábamos el verano en el Club del Golf de Punta del Este: uno trabajaba como caddie [encargado de cargar la bolsa de palos de un golfista], yo como cuidacoches y los otros en el driving range [área para practicar la técnica de golpear la pelota de golf] y como mandaderos.

_El increíble Springer_ irá al cine

La obra más reconocida de Damián González Bertolino es El increíble Springer, novela con la que obtuvo el Premio Nacional Narradores de la Banda Oriental en 2009. Ese libro se publicó en Argentina, Chile, Albania, hubo un audiolibro por una empresa sueca, tuvo varias ediciones en Uruguay y en junio se publicará en Brasil. Pero va a más.

El escritor contó a la diaria que durante 2025 trabajó en el guion de una película sobre El increíble Springer, una adaptación que se realizará con la producción de Chucho TV y bajo la dirección del uruguayo Juan Carve. Hoy está en etapa de preproducción.

“Es mi primer libro y al público lector le gusta, pero me siento bastante lejano como escritor porque fui cambiando mi estilo. Es un libro que me conecta mucho con mi padre –que murió hace un año– porque surge de una anécdota personal de la infancia de él, que tuvo un desenlace terrible. Creo que la gente ve ahí esa fascinación un poco escabrosa por esa felicidad que siempre está amenazada por su término, y es un libro al que siempre termino volviendo”, comentó.

Por su obra literaria, en 2016 González Bertolino fue seleccionado por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara como una de las 20 nuevas voces narrativas de América Latina. También publicó las novelas El fondo (2013; 2015), Los trabajos del amor (2015), Herodes (2018) y El origen de las palabras (2021).

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