Archivo, octubre de 2024.

Foto: Virginia Martínez Díaz

Librerías de Maldonado: estrategias de supervivencia para un público lector asociado a la estacionalidad

El departamento cuenta con unas 20 librerías independientes cuya realidad varía según la ubicación y la época del año.

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En este mes del libro, la diaria dialogó con libreros de Maldonado sobre el flujo de clientes y los desafíos del sector en un departamento fuertemente atado a la estacionalidad. Se estima que hay 20 librerías independientes: unas, más cercanas de los centros universitarios de la capital fernandina y sus estudiantes; algunas vinculadas a clientes de alto poder adquisitivo en la zona balnearia; otras, en ciudades pequeñas, atadas a los vaivenes económicos de los lectores locales.

Desde Espacio Chamangá, que funciona desde 2021 en el centro de Maldonado, Servando Valero resaltó que la cantidad de librerías aumentó de manera “importante” en los últimos años con “la llegada de nuevos residentes tras la pandemia [de covid]”. A esto sumó la instalación de universidades públicas y privadas y del Centro Regional de Profesores del Este, que favoreció el incremento de jóvenes lectores.

“Muchos estudiantes que antes se iban a la capital del país ahora permanecen, sumados a quienes vienen de otros departamentos atraídos por distintas carreras o que son docentes de esas instituciones”, detalló. Dada esa realidad, en la ciudad fernandina la clientela cambia según la estación: “En verano se ven menos los del invierno y llegan otros para compensar”, apuntó el librero.

Resaltó que buena parte de quienes llegan al Espacio Chamangá buscan un “catálogo más cuidado” y les gusta la “librería tradicional”. Además de la comercialización del libro, les “interesa” las actividades generadas dentro y fuera del local.

Aunque también hay un servicio de venta online en su sitio web, a juicio de Valero “atraer la atención de clientes no es nada fácil, por la presencia de cadenas de librerías que, asociadas a bancos, ofrecen descuentos que son imposibles para las independientes”.

El mundo lector en San Carlos

Para Analía Martínez, quien junto con Mónica Molinari manejan Sapere Vedere, librería situada desde hace cinco años en el centro de San Carlos, uno de los obstáculos para el crecimiento es la competencia que implica la venta de libros nuevos por parte de cadenas de supermercados y farmacias, que además lo hacen con promociones bancarias.

Explicó que replicar ese mecanismo “deja muy poca ganancia al librero” y además “se le baja el valor al libro al ofrecerlo como regalo por la compra de otros productos”. “El libro tendría que estar solo en las librerías”, opinó. Actualmente, la librería carolina trabaja con libros usados y libros nuevos mediante acuerdos con editoriales.

En San Carlos solo hay dos librerías, pero el público es reducido. Durante el verano “mucha gente trabaja en Punta del Este y dispone de menos tiempo para leer”, y en invierno disminuye la actividad porque las personas “no circulan debido a las alertas o el frío”. Entre otros factores que impactan de forma negativa en las ventas, Martínez identificó “la lectura digital, a través de ebook o formato PDF, y las fotocopias de los libros” por parte de estudiantes liceales.

Aseguró que “las ventas están en una línea decreciente”; incluso este marzo “no se registró la habitual suba de ventas por el inicio de clases”. Para sostener Sapere Vedere, las propietarias incorporaron estrategias de marketing en redes sociales, venta de cuadros pintados por Molinari y talleres de animación a la lectura con la profesora Samanta Carlos. Trabajan con pagos en efectivo o transferencia, y no cuentan con venta online.

“Ha bajado la venta en general y, en particular, la de libros nuevos, por sus elevados costos”, afirmó Martínez, quien destacó que “todas las librerías deben pagar precios fijos por los libros nuevos, también costoso”. En contraste, los libros usados permiten ofrecer ejemplares de entre 300 y 500 pesos, “la mitad que un libro nuevo”.

Rizoma: un reducto para lectores de alto poder adquisitivo

Los argentinos Eduardo Ballester y Marcela Jacob gestionan el proyecto Rizoma en La Juanita, cerca de José Ignacio, desde fines de 2020. La librería está asociada con una cafetería, hotel y galería de arte. Allí no existe la competencia con supermercados y farmacias, pero de algún modo coexisten con tiendas de decoración que también venden libros de gran formato, contó Ballester.

Rizoma apuesta a la presentación de publicaciones y los espectáculos musicales gratuitos. Este año publicó su primer libro comercial, Exclusión, del fotógrafo argentino Dani Yaco, sobre personas en situación de calle en Buenos Aires.

Mantiene “un stock actual de 25.200 ejemplares” y suele vender narrativa, libros de gran formato como fotografías, ensayos, literatura infantil y desarrollo personal. Además, se destaca la diversidad lingüística de sus clientes, que suelen buscar narrativa en inglés.

“Más de la mitad de las ventas se concentran en enero y febrero”, según Ballester. La encargada de la librería, Agustina Cabrera, añadió que “se registró un leve crecimiento en noviembre, diciembre y marzo”, aunque el mayor público se concentra en verano, por ser una zona turística. Suelen ser personas de mayor poder adquisitivo que en el resto del departamento.

La clientela es “mayoritariamente extranjera”, de Brasil, Argentina, Francia, Estados Unidos, y “hay una creciente presencia de rusos”, comentó Cabrera. No obstante, “en invierno la dinámica cambia mucho y el local abre solo de viernes a domingo”, con un público mayormente uruguayo, aunque los fines de semana largos aumentan los argentinos y brasileños.

Semejanzas y diferencias con Montevideo

En cuanto a las diferencias entre una librería de Montevideo y una de Maldonado, Valero cree que “no hay muchas, salvo los costos por los fletes de la mercadería” y la obvia cuestión de que operan con una densidad de población mucho menor a la de la capital del país.

Por su parte, Cabrera consideró que Rizoma se asemeja a librerías montevideanas como Escaramuza o Cultural Alfabeta, aunque destacó que su entorno, rodeado de bosque y a dos cuadras de la playa, marca una diferencia.

Además, “si bien la oferta es similar, como los libros vienen desde la capital del país, existen demoras en la reposición”, sostuvo. Ballester también consideró que el costo de flete es “un gasto extra que las librerías de Montevideo no tienen”.

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