El analista especializado en política, historia y economía china Daniel Barrios presentó su libro Des-cubrir China en La Azotea de Haedo de Punta del Este, en el departamento de Maldonado. El evento contó con la participación del docente y director general del Departamento de Cultura de la Intendencia de Maldonado, Andrés Rapetti, y con exposiciones de Óscar Andrade, senador frenteamplista y secretario general del Partido Comunista del Uruguay, y del exrector de la Universidad de la República Roberto Markarian.

Andrade evaluó que vivimos en “un mundo en la cornisa”, porque el cambio de hegemonía, que parece un “proceso ineludible”, genera “un nivel de tensión y agresividad a escala planetaria en todos los planos”. Dijo que China es “un fenómeno que nadie veía” por la idea de que “nada del Sur global puede emerger en estas circunstancias históricas”, pero, tras repasar algunos indicadores que dan cuenta de su desarrollo, sostuvo que transitó “una revolución de un país que salió de donde salió, un siglo de humillación, que es imposible no tenerlo en cuenta para entender por qué el orgullo de cada conquista” y por qué “recomponer su unidad territorial” se yergue como componente innegociable.

Subrayó que la obra de Barrios arroja luz sobre “cómo es que se logra” ese proceso, lo que incluye “sus contradicciones” y elementos como el aumento de la desigualdad o el “fenómeno de la corrupción” y las medidas que se adoptaron para enfrentarlo. En ese marco, frente a un mundo con la necesidad de “reconstruir el orden internacional que ya no será el de la salida de la Segunda Guerra Mundial”, valoró que el concepto chino de “futuro compartido para la humanidad” –que aparece en la declaración conjunta que suscribieron Yamandú Orsi y Xi Jinping en febrero– funciona “como anillo al dedo” para la “tradición política uruguaya”: “Precisamos un mundo que tenga ese horizonte: futuro compartido, no de dominio. Que tenga lógicas de cooperación y de cuidado del medioambiente”, apuntó.

Por otro lado, se refirió a los procesos de colonización europeos, una huella que “no nos la sacamos fácil del pensamiento”, pero que China “está poniendo en cuestión”, mientras que desde Occidente creen que su emergencia “es una amenaza porque determinaría el mismo tipo de relación centro-periferia y de dominio”: “¿Por qué un Estado-civilización de 5.000 años no tiene como perspectiva recomponer esa relación de dominio y por qué quien emerge se siente identificado con el Sur global? ¿Esto implica que hay que abordar el fenómeno de China con una mirada acrítica? No, pero como mínimo con respeto a un proceso histórico que ha generado estas condiciones; entre otras, buena parte del crecimiento económico y de la eliminación de la pobreza el mundo se lo debe a China”, acotó.

Debido a lo anterior y conectado con el estado de la situación mundial, expresó que “no dialogar con lo que está haciendo China hoy es una necedad” y no exclusivamente por razones comerciales, aunque erradicar la influencia ajena al hemisferio del continente –como se planteó en “la inauguración del Escudo de las Américas”, dijo– representa “sacarnos el pan”, ya que “no hay otra forma de sacar a China del continente sin que quede un montón de gente en la más absoluta dificultad en esto de ser el primer socio comercial y financiero de 150 países”. Según Andrade, por “razones humanitarias tendríamos que reivindicar que el centro tiene que ser la cooperación”, y eso no es “ser prochino”, sino una posición de que “ningún país tiene que estar subordinado a que lo que hace lo tiene que hacer pidiendo permiso, en una lógica casi de protectorado que se quiere reinstalar”.

Por último, en el marco de “un componente de colonialismo”, indicó que al hablar de China parece que lo único que se discute “son los momentos en que la revolución tuvo errores profundos”, un elemento “demasiado sesgado” para intentar interpretar un proceso histórico que, desde la perspectiva del legislador, tiene “mucho de esperanza más que de amenaza”.

“Tenemos un nivel de prejuicio tan alto que no podemos reconocerle nada bueno. Estamos tan formateados en una lógica que nos parece que estas transformaciones no son importantes o épicas. Son importantes y son épicas. Tienen millones de contradicciones, ¿cómo no tenerlas?”, se preguntó, dado que “todo proceso de transformación va a estar imbuido de contradicciones”.

Barrios valoró que China es “el principal defensor de la institucionalidad internacional”

“La reemergencia de China es un cambio de era”, afirmó Barrios. En palabras del autor, se trata de un “cambio total” porque, “por primera vez, un país en desarrollo y una excolonia” pasa a ser una potencia, además de que “logró en 30 años lo que Gran Bretaña y Estados Unidos hicieron en 200”. “Historiadores y expertos han equiparado o comparado el nivel de transformación en la vida de la gente solamente con la revolución industrial”, afirmó.

También resulta un cambio drástico porque, de forma inédita, el “centro de gravedad económico y político se va transfiriendo y se instala en Oriente”. Otro argumento que manejó el analista y tildó como hecho sin precedentes es que “una civilización completamente distinta a la occidental” es la que está protagonizando esa transferencia de poderes y, a su vez, lo anterior está permeado por la “desproporción” entre la “importancia decisiva” de la potencia en comparación con el conocimiento que se tiene sobre el país.

Sostuvo que el hemisferio occidental nunca necesitó interpretar al resto del mundo porque “lo conquistó políticamente y lo destruyó militarmente”. En ese sentido, para entender a China “no solo hay que ir –y está presente–a la filosofía de Confucio”, sino también a la figura del Partido Comunista de China, “vilipendiado y agredido por el neoliberalismo”, pero que “no es un intruso” en su país, sino que “lo ven como algo de la familia”, y resulta difícil “reconocer que todo esto que maravilla al mundo fue hecho por un sistema unipartidista y que ese partido es un partido comunista”, acotó.

En el plano internacional, calificó al país asiático como “el principal defensor de la institucionalidad internacional”. Sobre su postura militar, dijo que evita enviar tropas a conflictos en curso por una “obsesión con el derecho internacional” y la idea de evitar la “ley de la selva” que, a su criterio, impulsa el presidente estadounidense, Donald Trump, de la que “toma distancia para no entrar en un espiral” de violencia. “China hace énfasis en el derecho internacional” y “de eso no se mueve”, porque hacerlo significaría “perder todo lo que la civilización ha ido acumulando y que llevó, incluso con el rol que jugó Estados Unidos, al nivel de desarrollo que hoy vive nuestra sociedad”.

China tuvo la capacidad de “rescatar lo bueno” de un pasado “muchas veces terrible”, dijo Markarian

A su turno, el matemático Markarian repasó el viaje a China que hizo durante su rectorado para avanzar en la apertura del primer Instituto Confucio en Uruguay, acompañado por autoridades del Instituto Confucio de China y de la Universidad de Qingdao. Fotografías mediante, explicó la herencia colonial en la potencia asiática que dejó atrás el llamado siglo de la humillación, y también habló de la influencia del pensador Confucio. En línea con lo anterior, destacó la “capacidad que han registrado los chinos en toda su historia –pero especialmente de 1949 en adelante– de mirar el pasado, muchas veces terrible, tratando de rescatar lo bueno”.

“Hay que asimilarlo, hay que aceptarlo sin más trámite y dejarse de prejuicios. Eso no quiere decir que uno acepte a los chinos como la verdad revelada, pero tampoco aceptar lo nuestro como la verdad revelada”, ya que, a la luz de los acontecimientos en algunos comicios del mundo, los sistemas electorales que regulan las democracias occidentales no están funcionando “como régimen para elegir a la gente capaz para gobernar”. En ese sentido, Markarian reparó en una frase del libro que explica que, de acuerdo con la teoría de Confucio, un gobierno puede ser legítimo, aunque no sea elegido, en función de sus resultados y de la mejora de las condiciones de vida que provea para la población, algo que se aleja de “lo políticamente correcto”, y por eso quien lo escribe es “una persona valiente”.

Finalmente, Rapetti calificó a China como “un gigante que avanza a paso inexorable” y dijo que “inquieta a aquellos con los cuales compite”, pero también a Uruguay, porque al margen del estrecho vínculo comercial, el país aún “nos es lejano”. Llamó a profundizar en “la presencia militar china por el mundo” porque, mientras otras grandes potencias “rápidamente muestran sus cartas” ante un conflicto internacional latente, en Beijing hay “mesura, templanza y sobriedad”. Se preguntó si las instituciones internacionales “le son funcionales, y por eso no vemos esa presencia militar o no la vemos porque estamos ante un modelo diferente de crecimiento y de desarrollo” que implica “un cambio de paradigma de expansión”.