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Andy Burnham, el 29 de junio, en Manchester. Foto: Toby Shepheard, AFP

El próximo primer ministro británico planea gobernar desde Mánchester y favorecer la descentralización

Andy Burnham, que espera suceder a Keir Starmer el 20 de julio, promete más crecimiento “en cada código postal”, descentralizando el país y creando un nuevo Downing Street en el norte de Inglaterra.

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Andy Burnham espera tomar el relevo de Keir Starmer como primer ministro de Reino Unido el 20 de julio. El favorito y, por el momento, único candidato en las primarias laboristas promete que su gobierno descentralizará el Estado como manera de luchar contra el declive del país, especialmente fuera de Londres.

El recién elegido diputado anunció el lunes que trasladará parte de las operaciones de su ejecutivo de la sede habitual, el 10 de Downing Street en la capital, a Mánchester, la ciudad donde ha sido alcalde durante nueve años. Ahora quiere crear “el Downing Street del norte” (Nº 10 North, en inglés), que será, según él, el “centro de un Reino Unido reinventado” que atenderá a las necesidades del país más empobrecido, sobre todo en el centro y el norte de Inglaterra.

Burnham promete un plan de diez años para conseguir “buen crecimiento en cada código postal británico”, aunque da pocos detalles de cómo lo logrará, más allá de repartir más el poder político. El núcleo de su idea es descentralizar el Estado y dejar que las autoridades locales gestionen la “reindustrialización” de sus zonas, tengan poderes para intervenir en la gestión de suministros públicos y dispongan de más fondos para proyectos de renovación. Una de las misiones del Downing Street del norte será construir vivienda pública.

“Tendremos el mayor reequilibrio de poder que ha conocido nuestro país”, dijo Burnham durante un discurso en un museo de Mánchester dedicado a las protestas, los sindicatos y los movimientos cívicos, el People’s History Museum. El exalcalde dijo que el museo era su lugar favorito en la ciudad y que es un recordatorio de que el gobierno no siempre ha estado a la altura de las demandas populares. Citó en particular la revuelta reprimida con violencia de Peterloo en 1819, que dio origen a reformas democráticas: entonces, los revolucionarios de Mánchester “cambiaron un Estado que se había construido sin tenerlos en cuenta”.

El del lunes era su primer discurso sobre su plan de gobierno desde su victoria el 18 de junio en Makerfield, un distrito rural entre Liverpool y Mánchester que le ha permitido volver al Parlamento y lanzar su candidatura al liderazgo del Partido Laborista y de Reino Unido.

Tras el anuncio de la dimisión de Starmer, las primarias del Partido Laborista se celebrarán entre el 9 y el 16 de julio, con una votación en el grupo parlamentario. Cualquiera que quiera ser candidato necesita el apoyo de 81 diputados además de sindicatos y otros grupos afiliados. No hay rival declarado para Burnham, que es el político laborista nacional mejor valorado ahora.

Si el proceso se desarrolla como está ahora previsto, Burnham será proclamado líder del Partido Laborista el 17 de julio y será nombrado primer ministro de Reino Unido el lunes 20 de julio, inmediatamente después de que Starmer formalice su dimisión.

Modelo “más europeo”

El plan más específico de Burnham hasta ahora es dar más poderes a las ciudades y autoridades regionales, pero la financiación para hacerlo no está clara, especialmente para zonas deprimidas que tengan pocas opciones de recaudar más impuestos en sus comunidades. El aspirante a primer ministro mencionó el modelo federal de Alemania por el que las regiones se quedan con parte del IVA y de los impuestos sobre la renta y las más pobres reciben ayudas extra del Estado central.

El lunes, Burnham sugirió que habrá más dinero para los ayuntamientos, pero no detalló cuánto o cómo. No admitió preguntas de los periodistas ni antes ni después del discurso. “Si los ayuntamientos no pueden arreglar los baches, ¿qué opciones tienen más que apostar por grandes proyectos de regeneración para crecer?”, dijo, recordando los recortes desde la crisis financiera de 2008.

Pero las transferencias de dinero público desde Londres pueden estar limitadas por las propias estrecheces del Estado. Burnham se compromete a respetar las reglas fiscales y a no subir los impuestos sobre la renta y el consumo, como hizo Starmer cuando fue elegido en 2024.

“Burnham intentará, en cierto modo, crear un sistema más europeo, en el que Mánchester tenga más competencias y autonomía de una manera que podría compararse a Barcelona”, explica Tom McTague, director de The New Statesman, en una entrevista, a elDiario.es. “España es un modelo en el que existen ciudades y centros de poder que compiten entre sí, mientras que Gran Bretaña depende excesivamente de una sola megaciudad. Es un lugar muy diferente a España, Alemania, Italia o de la mayoría de los países europeos, con la excepción de Francia”.

El modelo de Mánchester

El ejemplo del crecimiento de Mánchester y la mejoría en el transporte público tras su nacionalización han sido las principales bazas en campaña para el aspirante a primer ministro. Es cierto que Mánchester ha crecido más que la media como resultado de una colaboración público-privada, pero también que la pobreza extrema está en los mismos niveles que cuando llegó Burnham al ayuntamiento.

“Burnham llegará a primer ministro porque como alcalde ha logrado que una ciudad, Mánchester, progrese. Su centro tiene un aire de prosperidad y optimismo similar al de Madrid o Múnich”, explica McTague. “La gran pregunta para Reino Unido es cómo crear una economía que eleve los lugares fuera de los centros urbanos, y nadie tiene aún la respuesta”.

El plan de la transferencia de poderes nacionales a las regiones para combatir la desigualdad ya lo impulsaron Starmer y Boris Johnson, entre otros. El resultado ha sido desigual hasta ahora, y no todas las ciudades o sus habitantes han querido más poderes. En un referéndum de 2012, los ciudadanos en Mánchester, de hecho, rechazaron la posibilidad de elegir directamente a su alcalde, aunque el gobierno conservador de entonces lo hizo de todas formas y creó el Gran Mánchester, donde fue elegido Burnham por primera vez.

En casos más recientes, algunas ciudades no han querido poderes, en particular, en asuntos que centran las quejas de la comunidad, como la inmigración.

El principal problema, en todo caso, puede ser el de la financiación. Una de las opciones es subir impuestos sobre las propiedades, más valiosas en el sur de Inglaterra, y sobre el capital. Pero la lista de necesidades es larga y el dinero público, limitado.

¿Y las nacionalizaciones?

De hecho, los planes de nacionalización de los servicios públicos más allá de lo que ya está haciendo el gobierno de Keir Starmer no están ahora tan claros como el exalcalde había sugerido hace unos meses.

Burnham ha hablado mucho en campaña de la nacionalización del sistema de bus y tranvía de Mánchester, que estaba en manos de múltiples compañías privadas, como pasa en casi toda Inglaterra fuera de Londres. Él mismo describió este plan como “el manchesterismo”.

Pero se trata solo de una ciudad y, en realidad, la nacionalización fue un proceso que duró cuatro décadas y fue impulsado por sus predecesores en Mánchester.

En su discurso del lunes, Burnham solo mencionó que las autoridades locales tendrán más poderes para intervenir en las empresas que gestionan los servicios públicos cuando sea necesario, en particular el agua, la luz y el transporte. En vivienda, se comprometió a construir más casas de protección oficial que nunca desde la posguerra, pero la idea de renacionalizar los servicios privatizados en las décadas de 1980 y 1990 por los gobiernos conservadores parece ahora más modesta.

“Es muy difícil por las limitaciones fiscales. Reino Unido no tiene mucho margen de maniobra”, explica McTague. “Sin embargo, habrá más impulso hacia la transferencia de poder a las regiones y un mayor control central sobre servicios públicos y suministros básicos”.

El actual gobierno de Starmer ya ha empezado a nacionalizar compañías de tren en un plan que avanza por regiones. También ha aprobado un proceso para intervenir las empresas encargadas de toda la gestión del agua –con un modelo de privatización total casi único en el mundo–, en particular la fallida Thames Water. El gobierno también creó una compañía pública para promocionar la inversión en energía renovable y está impulsando la expansión de nuevos núcleos urbanos. Todavía no está claro si Burnham acelerará alguno de estos planes invirtiendo más dinero público.

Este artículo fue publicado originalmente por elDiario.es.

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