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Caraballeda, La Guaira, el 1° de julio.

Foto: Juan Barreto, AFP

Las posibilidades de rescatar sobrevivientes de los terremotos en Venezuela se reducen cada vez más

El gobierno aumentó a 2.295 el recuento de muertos y decretó siete días de duelo, mientras algunos rescatistas dieron por terminada su labor.

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A medida que pasan los días desde los terremotos del miércoles 24 de junio en Venezuela, crece el desánimo entre rescatistas y voluntarios que buscan sobrevivientes entre los escombros.

Cerca de un centenar de rescatistas llevaban ayer 48 horas de trabajo ininterrumpido para intentar salvar a Hernán Gil, un hombre que seguía vivo bajo los escombros de un edificio en Catia La Mar, una localidad del estado de La Guaira, informó la agencia Efe.

Si bien podían acceder a él para entregarle agua y medicación, se encontraba en un sótano, bajo una enorme carga de escombros que se debían remover a mano, porque la maquinaria pesada podía causar derrumbes. Esto pondría en riesgo a Gil y a los propios rescatistas. Desde el jueves, la esposa de Gil, Gusbimar González, esperaba frente al edificio.

Otra mujer, Jennyfer, esperó por días frente a la panadería La Almendrina, que según testigos estaba llena de clientes cuando ocurrieron los dos terremotos, separados por unos 39 segundos. Allí se encontraban sus hijos, Mathías y Lucía. Los dos niños habían entrado con su padre, Gabriel de Freitas, y habían dado señales de vida después del derrumbe del edificio de tres pisos, según el medio venezolano El Estímulo. Las esperanzas de Jennyfer se terminaron el lunes, cuando los rescatistas sacaron cuatro cuerpos, entre ellos los de su familia.

Poco después, durante la madrugada del martes, un grupo de rescatistas de Jordania logró sacar con vida a un niño, Klieber Morán, de tres años. Sobrevivió atrapado en un edificio de La Guaira.

La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, que decretó siete días de duelo, destacó el rescate de Klieber. A su vez, el titular de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, dijo en un discurso televisado que “debemos aferrarnos a la esperanza de seguir encontrando personas con vida bajo los escombros”.

Pero las posibilidades de que las personas sobrevivan en esas condiciones disminuyen cada día, y los rescatistas son conscientes de esto. Este miércoles, Países Bajos envió ayuda humanitaria –carpas e insumos para atención médica–, pero dio por concluidas sus tareas de rescate. “Las posibilidades de encontrar ahora a personas con vida ya son muy reducidas. En este momento se necesita mucho más otro tipo de ayuda”, dijo Jorg van Waardhuizen, integrante de la organización USAR, a cargo del equipo.

Según los últimos números oficiales, 6.461 personas fueron salvadas por más de 4.000 rescatistas desde el miércoles 24. También se actualizó este miércoles el número de muertos, que aumentó a 2.295, el de heridos, que subió a 11.267, y el de los damnificados, que fueron 12.841. Sin embargo, estos datos son muy primarios, porque miles de personas continúan desaparecidas.

Las tareas se enfocan cada vez más en atender a los sobrevivientes que quedaron sin hogar, que perdieron familiares y no tienen alimento ni refugio. Esta crisis no solo desbordó a los hospitales, cementerios y crematorios de Caracas, sino que causó la necesidad de crear refugios provisorios donde albergar a los damnificados.

Unicef alertó que en esta etapa los niños que han quedado separados de sus familias por muertes o desplazamientos son una población especialmente vulnerable. “Cientos de personas tuvieron que abandonar sus hogares en cuestión de segundos, huyendo apenas con lo puesto mientras sus propias casas se desplomaban a su paso y, en estos momentos, los niños, niñas y las familias necesitan un apoyo vital”, señaló. Según la organización, unos 3,9 millones de niños y niñas vivían en las zonas afectadas.

También la organización Plan Internacional, que trabaja en asuntos de infancia y adolescencia, advirtió sobre la vulnerabilidad de esta población en el contexto actual, en particular, por la exposición a abusos. “En los albergues, básicamente está todo el mundo junto: hombres, mujeres, niñas y niños. No hay servicios sanitarios separados: uno para mujeres y niñas, uno para hombres”, dijo la consultora del Plan International en Venezuela, Geraldine Gómez, según citó Efe.

“En uno de los albergues conocí a dos mujeres de una misma familia que se turnan para descansar: tienen dos colchonetas juntas y, mientras una cuida a los niños, la otra duerme. Una de ellas me contó que a veces tiene miedo de quedarse dormida, porque teme que se lleven a su hija, y que ni siquiera puede dejar que su niña vaya sola al baño”, relató.

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