“Hoy es un gran día para Colombia”, dijo el viernes el nuevo presidente de ese país, Abelardo de la Espriella, en un video publicado en su cuenta de X. Sus palabras contrastaban con la imagen, en la que se lo puede ver rodeado de militares, algunos de ellos con armas largas y las caras cubiertas, ante cuatro cuerpos amortajados.
“Gracias a una operación impecable realizada por nuestra Policía Nacional, por un comando especial de la Dijin [como se denomina a la Dirección de Investigación e Interpol], se dio de baja a uno de los más peligrosos delincuentes de nuestro país, alias Naín o Bendito Menor”, dice el presidente, y a continuación la cámara pasa por encima de cuatro cadáveres envueltos en lonas blancas.
El presidente celebra que Naín Andrés Pérez Toncel, a quien declara narcotraficante y extorsionador, “no seguirá delinquiendo porque le cayó la mano de hierro del Estado” y advierte que “aquellos delincuentes que no se sometan terminarán de esta forma”.
Con los cadáveres dispuestos en el suelo para su exibición, De la Espriella destaca que Pérez Toncel había sido declarado un “objetivo de alto valor” y que ahora “está a buen recaudo del infierno” y su gobierno lo “expone ante Colombia y el mundo”.
Dos días antes, el presidente colombiano hizo un anuncio similar, esa vez exhibiendo 23 cadáveres envueltos en telas blancas y caminando entre ellos. Según el gobierno, esas personas eran disidentes de la guerrilla de las FARC muertos en un operativo militar en el departamento de Guaviare.
Periodistas, analistas y dirigentes políticos repudiaron estas exhibiciones. Uno de ellos fue el rival en segunda vuelta presidencial de De la Espriella, Iván Cepeda, de la alianza Pacto Histórico. “Se pasea entre las bolsas con los cadáveres. Casi los pisa con desprecio. Se dice cristiano, pero en realidad es un ser sin escrúpulos y sin el más mínimo sentido de humanidad”.
La diputada María Fernanda Carrascal, también de Pacto Histórico, señaló en sus redes que “el Estado debe combatir a los grupos armados, pero una cosa es derrotarlos y otra muy distinta convertir sus cadáveres en espectáculo”. Manifestó que “Colombia ya conoce el peligro de medir el éxito militar en cuerpos muertos”, en alusión a los falsos positivos, la práctica de matar a civiles para presentarlos como guerrilleros abatidos en combate.
“La vida humana no pierde su dignidad porque alguien haya sido nuestro enemigo. Una democracia no debería necesitar exhibir cadáveres para demostrar que está ganando. Y si hablamos de Cristo Rey, eso tiene muy poco de Cristo”, agregó, en referencia a la religiosidad recurrente en los discursos del presidente colombiano.
Otro legislador de Pacto Histórico, Heráclito Landínez, manifestó que De la Espriella “quiso mostrar autoridad y terminó mostrando algo profundamente perturbador”, un presidente “caminando entre cadáveres frente a las cámaras, como si los muertos fueran parte de la escenografía para exhibir resultados”. El diputado declaró: “Eso no es autoridad. Es deshumanización”.
Al igual que su compañera de bancada, dijo que el Estado debe “combatir a los violentos”, pero que “convertir cuerpos sin vida en una demostración pública de fuerza no es firmeza ni liderazgo”, sino una “peligrosa banalización de la muerte”.
Landínez dijo que Colombia “ya ha enterrado demasiadas víctimas” y que “la seguridad debe defender la vida, no hacer espectáculo con la muerte”.