Creado en 2001, el Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI, por sus siglas en inglés), es un centro que tiene como objetivos proporcionar al gobierno australiano insumos sobre políticas de defensa, seguridad y estrategia con proyección internacional e informar al público sobre dichos temas. Una de sus actividades tiene foco en la política cibernética y tecnológica internacional, en particular la de China, y entre sus productos públicos recientes se encuentra el denominado “rastreador de tecnologías críticas”. ASPI considera “crítica” cualquier tecnología, actual o emergente, con potencial significativo de mejorar o amenazar la seguridad nacional, la economía, la salud o la estabilidad social de una nación.
Se propone al rastreador como un indicador clave del rendimiento investigador de un país, su intención estratégica y su potencial capacidad futura en ciencia y tecnología. La comparación entre países permite visualizar sus trayectorias y el peso que adquieren en términos de liderazgo a nivel global en cada área.
El primer informe se publicó en 2023 y analizaba el quinquenio precedente. En 2024 se lo extendió retrospectivamente hasta 2003, lo cual permitió visualizar las trayectorias durante dos decenios. Otros informes ampliaron las tecnologías incluidas y en diciembre de 2025 se publicó la última edición.
Inicialmente, el relevamiento incluyó 44 tecnologías en áreas como defensa, espacio, energía, medioambiente, inteligencia artificial, biotecnología, robótica, ciberseguridad, informática, materiales avanzados y tecnologías cuánticas. Con sucesivas ampliaciones, el número de tecnologías fue creciendo, primero a 64, y llegó a 74 en el último informe.
¿Cómo se construye el rastreador?
Para ponderar las capacidades y trayectorias tecnológicas de los países se seleccionó entre múltiples posibles enfoques metodológicos el referido a las citas de publicaciones científicas de alta calidad en revistas especializadas. Se parte del concepto de que las publicaciones de investigación contribuyen de modo relevante a la solidez tecnológica, científica y comercial y que el efecto es más pronunciado con los artículos de alta calidad, es decir, los más citados. Se conoce que el 80% de los artículos que corresponden al 0,01% superior de las investigaciones de alta calidad (medidas mediante el recuento de citas a tres años) se citan en patentes. Esta conexión entre investigación más citada y avances técnicos patentados se utiliza como indicador para medir la posición nacional relativa, así como la de las instituciones nacionales implicadas.
Si bien el registro de patentes es un mecanismo clave para proteger comercialmente nuevas invenciones y el análisis de citas de patentes por país sería una valiosa fuente de información, determinar el país de origen y la titularidad fue considerado un proceso muy complejo. De igual manera, el análisis de la financiación de capital riesgo podría proporcionar información sobre la intensidad de la innovación técnica, pero obtener datos fiables a nivel internacional es extremadamente difícil. Por su parte, el análisis de documentos nacionales con prioridades y estrategias de investigación proporciona información, pero no necesariamente lo hace sobre resultados y capacidades de un país.
Todas las señaladas limitaciones llevaron a que ASPI definiera utilizar las citas de publicaciones como insumo central para construir el rastreador. Se consideró que las convenciones internacionales de publicación son confiables, las métricas de citas permiten identificar investigaciones de alto impacto y las bases de datos son completas y proporcionan detalles de los investigadores, incluyendo lugar de trabajo e identificación individual.
No obstante, esta instantánea temporal provista por el rastreador para cada tecnología no revelará la comercialización ni mostrará las tasas de difusión tecnológica, es decir, cómo se adoptan innovaciones y nuevas tecnologías, ni reflejará los niveles de inversión que se realizan o qué tecnologías se incorporarán a la industria. Al utilizar datos públicos, no se puede estimar el volumen ni la calidad de la investigación clasificada realizada por los gobiernos y la industria. El trabajo no captura la investigación clasificada, realizada por departamentos de defensa u otros, ni tampoco la no publicada, realizada por empresas privadas. Además, el rastreador releva solo publicaciones en revistas en inglés. Todas estas limitantes deben ser conocidas y tenidas en cuenta. A pesar de ello, entendemos que el rastreador puede considerarse una herramienta de utilidad.
En la construcción se utilizaron tres métricas de calidad para cada país: la proporción de artículos en el 10% de las investigaciones más citadas, el denominado índice H (índice de Hirsch) y el número de instituciones de investigación que un país tiene entre las diez instituciones con mayor productividad del mundo.
Para establecer el 10% de los artículos más citados en cada tecnología se usó la base de datos de Web of Science. Esto identificó 2,2 millones de artículos de investigación para el período inicial 2018-2022 y nueve millones para la última versión ampliada. El crédito por cada publicación se dividió entre los autores y sus afiliaciones, y se asignó no solo al primer autor, sino al equipo de modo fraccionado. El índice H es una métrica de rendimiento que analiza el impacto de la producción académica, calculado a partir del número de citas del conjunto de publicaciones de un individuo. En nuestro país es conocido y de uso en las evaluaciones dentro de la comunidad científica.
También procesó la información de modo de establecer, para cada tecnología crítica, cuáles eran las diez instituciones en el mundo con la mayor productividad científica respectiva. Para esto se utilizó el índice H institucional de los últimos cinco años. En función del grado de participación de las instituciones, el informe define el nivel de riesgo de “monopolio tecnológico” que se puede estar dando en una tecnología. Cuando la participación institucional de un país es de ocho –o más– en diez de las principales instituciones del mundo, se considera de riesgo alto, y cuando es de 5 a 7, de riesgo medio.
Estados Unidos, que lideraba en 60 de 64 tecnologías en el período 2003-2007, cayó a solo siete en el período 2019-2023. China, que era líder en tres, pasó a serlo en 57.
Las trayectorias de los países y los cambios en liderazgos
Para cada tecnología se establecieron los cinco países más productivos. El grupo de países que participan en al menos uno de esos lugares en alguna de las tecnologías críticas es reducido y, como era previsible, Estados Unidos y China están presentes en todos los podios.
El resultado más impactante es el cambio de liderazgo ocurrido en los 21 años considerados. Mientras que en el quinquenio 2003-2007 Estados Unidos lideró en 60 de 64 tecnologías, su liderazgo cayó a solo siete en el quinquenio 2019-2023. Por el contrario, China, que inicialmente solo era país líder en tres tecnologías, alcanzó a serlo en 57 de las 64 tecnologías en el último quinquenio.
Globalmente, se constata un cambio hacia las grandes economías de la región indopacífica, con creciente protagonismo tecnológico, además de China, de otros países como India. Para algunas tecnologías, las diez principales instituciones de investigación del mundo tienen su sede en China. La Academia China de Ciencias ocupa un lugar destacado, a menudo el primero o segundo, en muchas de las tecnologías. Desde 2005, la participación de China en la producción mundial de investigación ha aumentado del 13% a casi el 40% (ver figura). A medida que China ha pasado de la periferia al centro de la innovación global, la colaboración internacional con investigadores chinos ha crecido de forma natural.
La base de datos utilizada permitió determinar el flujo de investigadores. Se concluyó que el avance chino fue impulsado por la importación de talento y conocimiento: una quinta parte de sus artículos de alto impacto son escritos por investigadores con formación de posgrado en países de los llamados “cinco ojos”. Es llamada así la alianza estratégica de inteligencia conformada por Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda, luego de la Segunda Guerra Mundial. De ahí se desprende que el liderazgo de China es fruto de una planificación a largo plazo, como lo han reconocido las actuales autoridades chinas y sus predecesores.
China destaca en la defensa y las tecnologías espaciales, y nuevos avances se han producido en sensores cuánticos, computación de alto rendimiento, sensores gravitacionales, lanzamientos espaciales y diseño y fabricación de circuitos integrados avanzados (chips semiconductores). Estados Unidos ocupa, actualmente, el segundo lugar en la mayoría de las tecnologías examinadas y lidera en computación cuántica, vacunas y contramedidas médicas, medicina nuclear y radioterapia, pequeños satélites, relojes atómicos, ingeniería genética y procesamiento del lenguaje natural.
Los datos muestran un pequeño grupo de países de segundo nivel, liderado por India y Reino Unido. India se sitúa ahora entre los cinco primeros países en 45 de 64 tecnologías y ha desplazado a Estados Unidos del segundo puesto en dos nuevas tecnologías (fabricación biológica y registros distribuidos), para ocupar el segundo puesto en siete tecnologías. En el último informe, Reino Unido ha salido del top 5 en ocho tecnologías. Aparte de India y Reino Unido, el desempeño de la mayoría de las potencias secundarias se mantiene mayormente sin cambios dentro del podio: Alemania (27), Corea del Sur (24), Italia (15), Irán (ocho), Japón (ocho) y Australia (siete). Dada la coyuntura, es interesante señalar que Irán figura entre los primeros cinco en “motores avanzados” que permiten vuelos hipersónicos (ramjet y scramjet).
En relación con el monopolio tecnológico, el último informe indica que en 24 de 64 tecnologías críticas existe un alto riesgo de monopolio chino. Estas incluyen muchas aplicaciones de defensa, como radares, motores de aeronaves avanzados, drones, robots colaborativos y de enjambre y posicionamiento y navegación por satélite.
Disociación colaborativa Estados Unidos-China y nuevas asociaciones regionales
El estudio muestra, asimismo, que está en curso lo que podríamos llamar una disociación colaborativa entre el ecosistema de China y el de Estados Unidos y sus aliados. Tras décadas de crecimiento, la colaboración en investigación técnica entre Estados Unidos y China alcanzó su punto máximo en 2019. Luego se observa un declive pronunciado, aunque Estados Unidos aún sigue siendo el principal socio de investigación de China. La caída coincide con la denominada Iniciativa China del Departamento de Justicia lanzada en 2018 por Donald Trump y destinada a “combatir el espionaje industrial y económico de China”. A medida que dicha colaboración ha disminuido, los investigadores chinos han fortalecido sus vínculos con algunos socios más cercanos, como Pakistán, Arabia Saudita e Irán.
En 2023, el informe de ASPI señaló de modo concluyente que los países occidentales “están perdiendo la competencia tecnológica global, incluida la carrera por los avances científicos y de investigación y la capacidad de retener el talento global, ingredientes cruciales que sustentan el desarrollo y el control de las tecnologías más importantes del mundo, incluidas aquellas que aún no existen”. La investigación “revela que China ha sentado las bases para posicionarse como la principal superpotencia mundial en ciencia y tecnología, al establecer una ventaja a veces sorprendente en la investigación de alto impacto en la mayoría de los dominios tecnológicos críticos y emergentes”.
En resumen, la información aportada por el rastreador documenta trayectorias previsibles: consolidación tecnológica de China como primera potencia en muchas áreas desplazando a Estados Unidos de ese lugar, emergencia vigorosa de India y, globalmente, creciente centralidad de la región indopacífica. Otros resultados, no tan previstos, como la baja presencia en los podios de algunos países (Rusia, Francia), pueden responder a sesgos del diseño.
El instrumento desarrollado por el instituto australiano, aun considerando las limitaciones indicadas, permite tener una apreciación más global del mundo tecnológico actual. Desde América Latina, región cuyos países no figuran en ningún podio, muchas veces no visualizamos los acelerados cambios en las fronteras tecnológicas –o su dimensión– que se están produciendo. Cambios que, para muchos especialistas geopolíticos que sí los perciben, están en la base de la violenta reconfiguración mundial que observamos en estos días.
Edgardo Rubianes es doctor en Biología y fue presidente de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación.