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Es un monstruo grande y pisa fuerte

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Escuché en la diaria Radio el excelente reportaje de Martín Rodríguez a Daniel Barrios, doctor en Economía y analista especializado, por la edición de su libro Des-cubrir China.1 Civilización, Confucio y comunismo, afirma Barrios, son las claves del pensamiento filosófico y político de la estrategia china. Un ejemplo: el pacto con Margaret Thatcher cuando en 1997 China recuperó Hong Kong: un país, dos sistemas. El mismo razonamiento paradójico de la antigua civilización china en los escritos militares de Sun Tzu: “El arte supremo de la guerra es doblegar al enemigo sin librar una batalla”.

El arte de la guerra

Occidente se ha manejado siempre con Karl von Clausewitz, la guerra total. La eliminación del otro. China, que no tiene agresiones ni invasiones militares, ha aplicado la estrategia militar coherente con su filosofía. Mao Tse Tung y su larga marcha, sus Escritos militares. Vo Nguyen Giap en Indochina, con la derrota francesa en Dien Bien Phu y la victoria, ominosa para Estados Unidos, de la guerra de Vietnam (“Lo fundamental en la guerra no son las armas, son los hombres”). Son datos elocuentes, efectivos y eficientes.

Sir Basil Liddell Hart, teórico del arte militar británico, recién dio a conocer su Estrategia de Aproximación Indirecta en 1941, a pesar de haberla esbozado en la Primera Guerra Mundial. Los estadounidenses terminaron entendiendo algo de esto luego de la paliza que recibieron en Corea. Sin embargo, no han aprendido nada. Siguen dominados por las exigencias del complejo militar industrial y por una cultura guerrera que ya les ha dado muchos hijos que regresan en sobres negros y sus casas lucen una estrella.

Veamos la cruda realidad y los resultados de algunas guerras.

Empecemos por la guerra contra el alcohol. Ley seca en Estados Unidos, 1920 a 1933. Logro uno: aparición de los gánsteres, organizaciones criminales que disputaban el mercado ilegal. La violencia se multiplicó, porque la respuesta represiva era también feroz. Logro dos: el capo di tutti i capi, Al Capone, fue derrotado y encarcelado no por la represión policial, sino por evasión de impuestos. Logro tres: dio material de sobra para películas y series policiales. El promotor de esta ley fue un obispo episcopal, puritano de pura cepa, reverendo Charles Brent. Antes, siendo embajador en Filipinas, había propiciado la Comisión del Opio de Shanghái en 1909. Intento del sistema prohibicionista. Fracaso total. Existiendo tanta evidencia, muchos preguntan: ¿por qué se sigue gastando dinero y perdiendo vidas en la denominada “guerra contra las drogas”? Varias explicaciones. Intereses poderosos, pero básicamente la hegemonía de mentes rígidas. Albert Einstein: “Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.

Las guerras del opio. China fue humillada por las potencias europeas. El emperador Quing intentó frenar el tráfico de opio de Gran Bretaña desde India, que causaba desequilibrios económicos y graves problemas de salud en su población. La superioridad naval y militar británica derrotó a las fuerzas Qing. En el Tratado de Nankín (1842) impuesto por la fuerza, China cedió Hong Kong, abrió cinco puertos (como Shanghái y Cantón) y pagó indemnizaciones. Segunda Guerra del Opio (1856-1860): Gran Bretaña quería la legalización total del opio y más privilegios comerciales. Reino Unido y Francia lucharon contra China, ocuparon Pekín y saquearon el Palacio Imperial. Se legalizó el opio, se abrieron más puertos y se cedió la península de Kowloon. Humillación total.

Las guerras imperiales. Estados Unidos ha llevado a cabo 400 intervenciones militares en toda su historia. La BBC2 informa que las cifras varían según la definición de intervención: invasión, golpe de Estado, bombardeo o despliegue. Se señalan más de 250 intervenciones desde 1991 a la fecha.

Principales intervenciones militares de Estados Unidos: Corea (1950-1953), Vietnam (1961-1973), Guerra del Golfo (Irak, 1991), Afganistán (2001-2015) e Irak (2003-2015). Intervenciones en América Latina: Cuba (1959-1961), Guatemala (1954, 1960), República Dominicana (1965), Granada (1983), Panamá (1989), Venezuela 2026. Golpes de Estado y desestabilización: Irán (1953), Guatemala (1954), Chile (1973). Otras intervenciones: Líbano (1983-1984), Somalia (1993), Bosnia (1994-1995), Yugoslavia (1999), Libia (2011) y Siria (2014-2016).

Colgaron a Sadam Hussein como en un wéstern barato. No encontraron las armas de destrucción masiva. El costo total para el Tesoro estadounidense de la “guerra contra el terrorismo” (que incluye Irak y Afganistán) se ha estimado en más de ocho billones de dólares. En Irak, como en Libia y Siria, existe una desestabilización permanente.

En Afganistán, luego de 20 años, quedó un gobierno talibán. Sigue siendo el mayor exportador mundial (79%) de opio, heroína y derivados. Ahora en el Caribe y la guerra contra las narcolanchas, se desplegó una flota cuyos costos se estiman entre ocho y diez millones de dólares diarios.3 No sabemos cuál es la identidad de los asesinados, ni la carga que llevaban, ni la ruta del dinero. Nada. ¿Eficiencia costo-beneficio? Menos tres.

Trump creó una Junta de Paz con estados vasallos, para supervisar, incluso, a la ONU. ¿Guerra al narcoterrorismo? Macanas, es la guerra por petróleo barato o robado. Por el poder mundial. El matón del barrio impone su fuerza: el hemisferio es nuestro, dijo, y va por Groenlandia y Ushuaia. Si no, deberás pagar peaje arancelario.

“Qué harías por tu patria”

Ese es el título de un cuplé de la murga Doña Bastarda.4 De los más aplaudidos en este carnaval. No alude solo al genocidio de Gaza, que es más que suficiente, a la par de la Shoá. Es una propuesta antibélica. Han usado y abusado de “la patria” como motivación para el exterminio del otro. Es el mismo mensaje del film de Joseph Losey Por la patria (King and Country) o de Sin novedad en el frente, la célebre novela de Erich Maria Remarque. Muestran el desgarramiento de la humanidad una y otra vez, a riesgo del exterminio apocalíptico. Incluso hoy, nuevamente, en los conflictos de países con armamento nuclear. Genocidio en Gaza, 30 millones de hambrientos en Sudán, Yemen, Haití. El exterminio cruel contra migrantes en Estados Unidos y en Europa.

Estados Unidos ya pisa tierra sudamericana y quiere llevar la guerra a todo el continente. No respeta nada y le sirve de excusa para todo. América Latina y el Caribe pueden enfrentar el problema del crimen organizado. No necesitan al Padrino.

Reivindicamos una actitud humana de una ética inmanente. La negativa a la obediencia debida. A romper con la banalidad del mal que tan bien describió Hannah Arendt.

Por supuesto, el ser humano tiene otras facetas que conviven en nuestras mentes y culturas. El film Noche de paz (Joyeux Noël) muestra la confraternización en las trincheras de soldados alemanes, franceses y escoceses, en lo que es conocido como la Tregua de Navidad de 1914. Meses antes, en julio de 1914, las juventudes de Alemania, Francia y Gran Bretaña festejaban entusiastas la declaración de guerra. Fue tal el desborde de entusiasmo bélico, que llevó a fracturar a la II Internacional socialista. Los grandes partidos socialistas de Alemania y Francia votaron cada uno los créditos de guerra para sus gobiernos guerreristas. Obreros alemanes contra obreros franceses.

Solo en la batalla de Verdún hubo un millón de bajas. Gran Bretaña perdió toda una generación: medio millón de hombres menores de 30 años, la cuarta parte de los estudiantes de Oxford no volvió. La Primera Guerra Mundial dejó entre 16 y 37 millones de muertes totales (militares y civiles). No fue suficiente. La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fue mucho más mortífera, de 70 a 85 millones de muertes, incluyendo una inmensa mayoría de civiles (más de 50 millones), a 140.000 personas en Hiroshima y a otras 74.000 en Nagasaki. Se calcula que, de los fallecidos, 38.000 eran niños. Cifra similar a la de los niños muertos en Gaza.5 En los años siguientes, muchos de los supervivientes sufrirían leucemia, cáncer u otros efectos secundarios de la radiación.

Lógica formal y civilización oriental: Confucio y Lao-Tse

El 29 de mayo de 2024 se inauguró una escultura de Confucio y Lao-Tse en el parque Batlle, titulada “En busca de la sabiduría: Confucio preguntando sobre el Tao a Lao-Tse”. Realizada por el artista chino Wu Weishan, donación del Museo Nacional de Arte de China, alude al encuentro en Zhou, siglo VI a. C., cuando Confucio, buscando conocimiento, consultó a Lao-Tse, quien trabajaba como archivero en la Biblioteca imperial.

En Occidente nuestro razonamiento, heredado de Aristóteles, se basa en tres principios de la lógica formal. El de identidad (A es idéntico a A), el de contradicción (es imposible que algo sea y no sea al mismo tiempo) y el de tercero excluido (algo es verdadero o falso, no hay una tercera opción). La cultura oriental ha abonado su pensamiento en la lógica paradojal, que cuestiona el principio de contradicción. El ente puede ser A y No A al mismo tiempo. Confucio y Lao-Tse desarrollan una filosofía que es patrimonio de todo Oriente, rompe con la rigidez y puede visualizar el Tao (el camino) que se manifiesta a través de la interacción de fuerzas opuestas y complementarias, buscando equilibrio.

“De todos los excesos, el más perjudicial, el más condenable es el de las armas, la guerra [...] al apogeo de cualquier poderío le sucede siempre la decadencia [...]. Las armas mejor hechas son instrumentos nefastos que horrorizan a todos los seres… un príncipe prudente solo las utiliza contra su voluntad y por necesidad, prefiriendo siempre una modesta paz a una gloriosa victoria. No es conveniente que se estime que una victoria sea un bien. Aquel que lo hiciera demostraría que tiene un corazón de asesino. No sería conveniente que un hombre así reinara sobre el imperio”, sostenía el filósofo chino Lao-Tse.

La paz y nada más

Oponerse a la guerra es hacer primar la pulsión de vida sobre la pulsión de muerte, como afirmara el psicoanalista Bruno Bettelheim. Es un mandato imperativo.

No podemos contemplar la guerra como ajena a nosotros. Se quiera o no, ella está presente. En especial la guerra contra las drogas, que ha sido y es contra las personas. Se calcula en un millón de bajas civiles los estragos de esta guerra. Estados Unidos ya pisa tierra sudamericana y quiere llevar la guerra a todo el continente. No respeta nada y le sirve de excusa para todo. América Latina y el Caribe pueden enfrentar el problema del crimen organizado. No necesitan al Padrino. Se puede, con una mentalidad de reducir los daños y gestionar los riesgos humanos, sociales y económicos. La regulación de mercados ilícitos como los que ya existen dentro de Estados Unidos (27 estados con cannabis de uso adulto y 40 de uso médico) con otras drogas es una alternativa humanista y viable. La guerra, no.

Por eso canto con León Gieco (a pesar de que soy ácrata y ateo): “Solo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente”.

Milton Romani Gerner es licenciado en Psicología. Fue embajador ante la Organización de los Estados Americanos y secretario general de la Junta Nacional de Drogas.

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