¿Es posible expresar en una consigna la complejidad de los problemas que se les presentan a las mujeres (mitad de la población mundial) en este 8 de Marzo de 2026?
El movimiento de mujeres y feminista mundial viene siendo sistemáticamente despreciado en sus reivindicaciones de igualdad como ciudadanas plenas, como constructoras indispensables para un desarrollo sostenible en todos los países del planeta, por parte de un agresivo acoso mediático y de acciones concretas desde hace ya varios años.
La consolidación de la corriente mundial de ultraderechas conservadoras, íntimamente ligadas a los intereses de un sistema económico basado en el lucro que no tiene fin en sus aspiraciones de acumulación económica y de poder, va conquistando estados republicanos, donde los equilibrios entre los poderes creados sobre la base del respeto al derecho y a la legítima representación democrática eran un valor reconocido internacionalmente.
Mucho se ha escrito y manejado comunicacionalmente sobre las tácticas y estrategias empleadas para incidir en la “opinión pública” y lograr acceder a los gobiernos por medios legales formalmente establecidos. Pero es clarísimo en la repetición de los argumentos de los distintos actores políticos que representan esta corriente ultraconservadora y agresiva en su accionar que la estrategia de acumulación se basa en cambiar la cultura de respeto a los acuerdos que se lograron internacionalmente sobre los mínimos de dignidad que los estados deben proporcionar a sus poblaciones, especialmente a las de menores posibilidad de inclusión en el desarrollo de cada país. Porque fueron los gobiernos los que consagraron esos derechos a los que llamamos “derechos humanos”. Y esa perspectiva de derechos humanos de las personas molesta, y complica la posibilidad de acumulación de gobiernos autocráticos que no desean sujetos organizados reivindicando su dignidad mínima.
Y aquí entramos las mujeres, más de la mitad de toda la población mundial y en todos los países, que arrastramos una construcción cultural, económica, social, institucional que abrumadoramente nos fue dejando en un plano subalterno justamente en nuestra realidad humana como sujetas portadoras de derechos.
Mucho hemos logrado explicar e historiar por qué y cómo se fue construyendo lo que sociológicamente llamamos el “patriarcado”, sus consecuencias negativas no solo para las mujeres, sino para la adecuación de las instituciones a la modernidad y a los cambios acelerados sociales y tecnológicos.
Esta arremetida elemental y furiosa contra la posibilidad de la autonomía trabajosamente lograda por el movimiento de mujeres y feminista para ir incluyéndose como ciudadanas integrales con los derechos conquistados poco a poco, en la negociación permanente con un mundo dominado y manejado en todas las esferas del poder por hombres, pensado por ellos desde su perspectiva en códigos de conducta y normas transmitidas de generación en generación, nos encuentra, por lo tanto, en un cambio dramático de las reglas de juego mundiales donde las mujeres estamos defendiendo los avances conquistados para no retroceder.
Si las uruguayas, con una alta organización por su educación y su participación política, tenemos muchos debes que reclamar, no podemos olvidarnos de otras poblaciones de mujeres que hoy sufren las agresiones vandálicas en carne propia.
Y atrás de las mujeres están los temas de la reproducción de la pobreza, de dificultades para incluirnos en el mercado de trabajo, para incluir los cambios tecnológicos, del conocimiento científico alcanzado, del bienestar de las familias, del aporte a los temas de convivencia no violenta en las relaciones familiares, en las interpersonales, en las de la militancia sindical, en la política. Porque las mujeres peleamos por esas causas que son las de toda la humanidad.
Por lo tanto, sí, estamos en una lucha que es mundial y está bien que reivindiquemos que no avalamos a los gobiernos autoritarios, sean del color que sean. De hecho, las feministas uruguayas hemos denunciado a gobernantes que eran aceptados por los distintos partidos políticos según su ideología sin ver sus conductas personales en relación con los derechos de las mujeres.
El tema es cómo reducimos en una consigna esta lucha contra el autoritarismo conservador mundial sin caer en una consigna que se entiende desde los estereotipos tradicionales con preconceptos, porque muchas veces también ha sido mal utilizada.
Sí, las uruguayas tenemos mucho que reclamar en este 8 de Marzo que nos encuentra con instituciones que tienen el mandato por ley de responsabilizarse para cambiar esas prácticas rutinarias tradicionalmente excluyentes por prácticas inclusivas y transformadoras, pero que tienen escasa jerarquización en nuestro organigrama de gobierno.
Hoy las políticas de inclusión involucran a todos los organismos ejecutores del Estado; imposible cambiar una forma de gestionar si se desarrollan políticas fragmentadas y poco jerarquizadas. Y si las uruguayas, con una alta organización por su educación y su participación política, tenemos muchos debes que reclamar, no podemos olvidarnos de otras poblaciones de mujeres que hoy sufren las agresiones vandálicas en carne propia, en sus familias, de los “dueños del mundo”.
Es siempre un desafío pensar cómo comunicamos nuestras ideas para que las comprenda la mayor cantidad de personas, para que se sensibilicen con el terrible momento mundial que nos está tocando vivir. Y que la mitad de quienes lo sufren son las mujeres, los niños y niñas y las personas con poca autonomía como las personas ancianas o con discapacidades. Ojalá no nos quedemos en la superficie de las consignas sin reflexionar qué significan.
Margarita Percovich fue legisladora del Frente Amplio.