“Gracias por todo”. Eso es lo que les dijeron a 17 técnicos de la Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento el 30 de abril. Algunos llevan unos pocos años, otros llevan diez y algunos 15 o 16 años trabajando en el organismo. No les dijeron que les iban a cubrir el subsidio por desempleo. No les dijeron que les iban a pagar el despido. No. Les dijeron: “Gracias por todo”.
Entre estos 17 hay tres casos que quiero analizar en detalle, ya que son los técnicos que conforman la columna vertebral de gub.uy. Este es un proyecto emblemático: la sustitución de un surtido multifacético y variopinto de portales en un ecosistema coherente, consistente y unificado. Más de 70 portales. Es pasar la balanza del jerarca que quiere su foto, su currículum y su corte de cinta en la portada a la priorización sistemática de los servicios y la información que precisan los ciudadanos, haciendo que lo que aprenden en un portal sirva para el siguiente. Gub.uy tiene premios internacionales, han venido de países hermanos de América Latina a analizar la experiencia y evaluar la posibilidad de implementarlo en su país. Se han escrito documentos sobre la experiencia. Y siempre estuvieron estos tres técnicos como su columna vertebral.
Cómo funciona un proyecto sin columna vertebral es algo que veremos. No se va a desmoronar en un día ni va a haber una implosión tumultuosa para un video de Tik Tok. Pero sin columna vertebral, el león se transforma en gusano.
Además, gub.uy es rentable: que cada organismo tenga su portal propio, considerando los más de 70 portales que hay en gub.uy, hoy cuesta más de 4.000.000 dólares anuales. Y gub.uy cuesta en el entorno de 2.500.000. Es más fácil de usar, pone foco en el ciudadano, está más tiempo disponible, es más seguro, trata mejor los datos y, además, es más barato. Siempre estuvieron estos tres técnicos como su columna vertebral. Hasta el 30 de abril. Ahí les dijeron “Gracias por todo”, devolvé el notebook y andá para tu casa. Ni un motivo, ni una explicación, ni una negociación, ni una causa.
Si queremos hacer la revolución de las cosas simples, esta es muy simple: no destruir lo que anda para poder hacer anuncios en la tele y tratar a la gente con respeto. Si toca desvincularla, dar una explicación, escuchar los descargos, evaluar alternativas. Y si se concreta, pagar todo lo que corresponde, evitando la precarización en la propia Torre Ejecutiva.
Si queremos hacer la revolución de las cosas simples, esta es muy simple: no destruir lo que anda para poder hacer anuncios en la tele, y tratar a la gente con respeto.
Daniel Mordecki es docente de Usabilidad y fue director ejecutivo de la Agesic.