El análisis de la política subnacional suele quedar atrapado en la crónica de la inmediatez o en la evaluación puntual de la gestión urbana (si la basura se recoge a tiempo o si las calles y avenidas están reparadas). Sin embargo, las dinámicas de gobierno en los niveles departamentales ofrecen laboratorios excepcionales para la ciencia política. El devenir de la Intendencia de Montevideo (IM) desde la asunción de Mario Bergara en julio de 2025 se configura en un caso peculiar para observar sobre cómo las estructuras institucionales, el diseño de acuerdos y los alineamientos partidarios reconfiguran el ejercicio del poder.
Para comprender el presente montevideano no alcanza con mirar las planillas presupuestales; es preciso analizar el tránsito de un modelo de liderazgo basado en la polarización y la proyección nacional, encarnado por Carolina Cosse, hacia un modelo de gobernanza incremental, negociadora y de corte estrictamente sectorial. Este giro no es casual: responde a un cambio notorio en el mapa de incentivos políticos e intergubernamentales del Uruguay actual.
El juego de las diferencias: un nuevo ecosistema intergubernamental
La literatura sobre relaciones intergubernamentales subraya que el comportamiento de los ejecutivos subnacionales puede variar drásticamente según la coincidencia –o falta de ella– con el signo político del gobierno central. Carolina Cosse gobernó Montevideo bajo un escenario de “cohabitación conflictiva”: un gobierno nacional de signo opuesto (la Coalición Republicana). En ese marco, la IM funcionó como el principal bastión de la oposición y una plataforma de contraposición directa al Poder Ejecutivo. La confrontación y la retórica del “ahogamiento financiero” eran respuestas racionales a un sistema de incentivos que premiaba la polarización con miras a la interna partidaria.
El escenario que enfrenta Bergara en este período es radicalmente distinto. Con el Frente Amplio instalado tanto en la Torre Ejecutiva bajo la presidencia de Yamandú Orsi como en el Palacio Municipal, el eje de confrontación nacional-departamental se diluye. La IM deja de ser la “trinchera” de la resistencia para convertirse en un eslabón clave de la gobernabilidad oficialista. Los incentivos ya no están puestos en la diferenciación estridente, sino en la complementariedad técnica y la eficacia de gestión. El diálogo fluido entre Bergara y ministerios clave como el de Transporte y Obras Públicas para agilizar el tránsito capitalino es un síntoma de este nuevo clima de cooperación sistémica.
El gabinete departamental: cooptación técnica y equilibrio de coalición
Desde la perspectiva del diseño de gobiernos, el armado del gabinete de Bergara trasluce una fina ingeniería política destinada a resolver dos tensiones simultáneas: el equilibrio de las fracciones internas del Frente Amplio (la lógica de la coalición-partido) y la necesidad de eficacia territorial.
La incorporación de figuras con probado rodaje en la articulación social, como Graciela Villar en Desarrollo Social, junto a cuadros de confianza seregnista como Viviana Repetto (Secretaría General) y Diego Olivera (Prosecretaría), funciona como un escudo político clásico. Esta “mesa chica” está diseñada expresamente para amortiguar el conflicto sindical y acechar la negociación con los municipios.
Bergara entendió que la confrontación legislativa era un camino hacia la parálisis. El hito de junio de 2026, con la aprobación de cuatro fideicomisos para saneamiento, calles y veredas, es el triunfo del pragmatismo micro-legislativo.
Sin embargo, el “fichaje” más potente es la designación de Leonardo Herou en Desarrollo Ambiental. Importar al artífice del exitoso modelo de gestión ambiental de Canelones, tras un pacto explícito con el presidente Orsi, encierra un fuerte significado simbólico y operativo. Representa la renuncia a los enfoques hipertecnológicos y centralizados de la era Cosse en favor de una estrategia de descentralización y cercanía intradomiciliaria. En términos teóricos, es un proceso de transferencia de políticas públicas exitosas (policy diffusion) dentro de las fronteras de una misma coalición política para mitigar el principal talón de Aquiles de la gestión de la izquierda en la capital: la limpieza urbana.
Negociación legislativa: el hito de los fideicomisos
En los sistemas presidenciales o de fuerte impronta ejecutiva local, el relacionamiento con el legislativo (en este caso, la Junta Departamental) suele oscilar entre la sumisión, el bloqueo o la cooptación. El quinquenio anterior estuvo signado por el bloqueo institucional; la resistencia de la oposición de la Coalición Republicana impidió que Cosse obtuviera las mayorías especiales necesarias para créditos internacionales ambiciosos, derivando incluso en un inédito intento de juicio político por la inasistencia de la intendenta a sala.
Bergara, condicionado por un punto de partida financiero complejo (que lo obligó a un plan de austeridad inicial de 19 millones de dólares mediante el recorte de horas extras y la postergación parcial de subsidios), entendió que la confrontación legislativa era un camino hacia la parálisis. El hito de junio de 2026, con la aprobación de cuatro fideicomisos por 260 millones de dólares para saneamiento, calles y veredas, es el triunfo del pragmatismo microlegislativo.
Ante la necesidad de alcanzar una mayoría especial de dos tercios de la Junta Departamental (21 votos) y, para ello, necesariamente contar con el apoyo de ediles de la Coalición Republicana, el intendente activó una estrategia de negociación atomizada, tejiendo acuerdos individuales con ediles de la oposición (dos blancos, un colorado y un independiente). Al ajustar montos y ofrecer contrapartidas locales, Bergara logró que estos ediles desoyeran las directivas de sus líderes nacionales. Desde la teoría de la elección racional, el intendente alteró la estructura de pagos de los ediles opositores, ofreciéndoles beneficios tangibles para sus electorados locales a cambio del voto, quebrando la disciplina de bloque de la coalición opositora.
El Congreso de Intendentes y la despolarización
Finalmente, el cambio de actitud respecto al Congreso de Intendentes redondea este nuevo perfil. Mientras Cosse delegaba su participación y procesaba su relación con el cuerpo desde la desconfianza hacia la mayoría del Partido Nacional, Bergara devolvió a Montevideo a un lugar central en la articulación de políticas del Congreso con el gobierno nacional. Oficiar de anfitrión en la sesión plenaria de apertura del quinquenio o habilitar debates técnicos transversales –como la unificación de criterios en las patentes de vehículos eléctricos– demuestra que la IM ha dejado de percibirse como una “isla” institucional.
La gestión de Bergara en Montevideo se encamina a ser recordada como el imperio del traje de administrador sobre la épica refundacional. Frente a los proyectos de gran escala y fuerte impacto visual de la ingeniería de Cosse, el economista ha optado por la microgestión del bacheo, el saneamiento profundo (etapa VII del BID) y el equilibrio de las cuentas públicas.
Al desarmar la lógica de la polarización nacional, recomponer los puentes con la Junta Departamental y el Congreso de Intendentes, y rodearse de un gabinete de matriz territorial, Bergara no solo busca sanear el déficit de la comuna; está demostrando que, en la política como en la gestión pública, a veces el mayor acto de audacia política consiste, simplemente, en sentarse a negociar.
Antonio Cardarello es politólogo.