La presencia uruguaya en la reunión denominada “reunión ministerial sobre el resurgimiento del terrorismo político”, celebrada recientemente en Washington, Estados Unidos, organizada y convocada por el secretario de Estado, Marco Rubio, resulta inadmisible.
En dicha reunión, el responsable de la política internacional del gobierno actual de Estados Unidos, presidido por Donald Trump, incorporó en su discurso una referencia directa como ejemplo de amenaza mayor al Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros y a las ideologías marxistas y al comunismo.
Esta reunión de carácter mundial convocó a una gran cantidad de países gobernados por la ultraderecha. Marco Rubio representa un gobierno que desconoce expresamente el multilateralismo y es protagonista de guerras ilegales y asesinatos extrajudiciales, además de secuestros y amenazas de uso de la fuerza y anuncios de invasiones a países soberanos.
En el mismo nivel que las mafias transnacionales del narcotráfico y el crimen organizado, Rubio colocó a un movimiento político que integra el partido de gobierno de Uruguay, a las ideas marxistas y al comunismo, que también son parte del mismo, como amenazas globales.
No cabe la menor duda de que, en el proceso histórico de transición hegemónica que vive el mundo, las relaciones asimétricas son mucho más difíciles de administrar. Tampoco hay dudas de que la defensa de la ley internacional y la vigencia de la Carta de la Organización de Naciones Unidas resultan un compromiso irrenunciable para Uruguay, incluso en un escenario complejo y con riesgos evidentes.
En el mismo nivel que las mafias transnacionales del narcotráfico y el crimen organizado Marco Rubio colocó a un movimiento político que integra el partido de gobierno de Uruguay, a las ideas marxistas y al comunismo.
Sin embargo, hasta por una cuestión elemental de dignidad nacional, tampoco cabe la más mínima duda de que la presencia uruguaya es inadmisible. No afecta solo al gobierno, afecta groseramente a la mejor tradición de política exterior de nuestro país.
Esgrimir como explicación el rango de la persona que estuvo representando al Estado uruguayo es una falta de respeto a la ciudadanía. Quienes hayan participado de esta decisión son responsables de una afrenta a nuestro país como Estado soberano.
La bandera uruguaya estaba bien visible en el escenario. Una decisión lamentable.
Carlos Pita fue embajador de Uruguay en Chile, España y Estados Unidos.