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Más mujeres en ciencia: una llave que abre puertas

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“El mundo necesita más ciencia y la ciencia necesita más mujeres”, es la consigna del Premio L’Oréal–Unesco “Por las Mujeres en la Ciencia”. Suena potente, pero también exige ser interrogada: ¿qué implica realmente y por qué debería importarnos a todos?

Desde Unesco entendemos la ciencia como un derecho humano y un bien público esencial para el desarrollo. En ese marco, garantizar que las mujeres accedan y participen en igualdad de condiciones no es solo una cuestión de equidad, sino una condición estructural para construir sociedades más innovadoras, inclusivas y sostenibles. Cuando las mujeres no están plenamente representadas en la ciencia, no solo se restringen trayectorias individuales: se limita la diversidad de perspectivas, se empobrece la producción de conocimiento y se compromete la capacidad de responder a los desafíos que afectan al conjunto de la sociedad.

Para avanzar hacia sus objetivos de desarrollo, los países necesitan fortalecer sus capacidades científicas, generar conocimientos, desarrollar e implementar tecnologías que contribuyan a estos fines. Existe un consenso de que debemos investigar más y desarrollar nuevos productos, para lo cual necesitamos más recursos, financieros y humanos. Por lo tanto, no podemos darnos el lujo de que, debido a un sinnúmero de barreras culturales y estructurales, las mujeres no puedan desarrollar vocaciones científicas de la misma manera que los hombres.

A su vez, debemos tener en claro que las tecnologías no son neutras, ya que, si bien pueden ser utilizadas de diferentes maneras y con distintos objetivos, son desarrolladas en contextos sociales específicos por personas concretas. Esto reafirma la necesidad de más mujeres en ciencia que contribuyan con sus propias perspectivas a una mejor ciencia y a mejores tecnologías.

En este marco, el Premio L’Oréal–Unesco es una de las expresiones más concretas de ese reconocimiento a nivel global. En Uruguay, desde 2008 el premio ha distinguido investigaciones en áreas clave para el desarrollo, que van desde las ciencias biológicas y ambientales hasta la física, la ingeniería y las ciencias sociales aplicadas. Estos trabajos abordan desafíos estratégicos como la biodiversidad, la salud, la innovación tecnológica, la sostenibilidad de los ecosistemas y el desarrollo de infraestructuras críticas, reflejando no solo excelencia científica, sino también una clara orientación hacia el impacto en la sociedad y el futuro del país.

Sin embargo, cuando miramos la evidencia, el panorama es más complejo. A nivel global, las mujeres representan apenas un 33% del total de personas investigadoras. En América Latina y el Caribe, esa cifra asciende a aproximadamente un 45%, posicionando a la región como una de las más avanzadas en este indicador. Incluso en países como Uruguay, Argentina o Paraguay, la participación femenina se acerca o alcanza la paridad. En el caso de Uruguay, 51% de las personas investigadoras son mujeres, lo que refleja un liderazgo regional en equidad de género dentro del sistema científico.

Pero si lo miramos con lupa, esa aparente igualdad es engañosa.

En áreas clave para el desarrollo como las disciplinas STEM -ciencia, tecnología, ingeniería y matemática, según su sigla en inglés- la participación de las mujeres sigue siendo menor. En Uruguay y Argentina ronda el 42%, y cae aún más en otros países de la región. Además, solo una minoría accede a posiciones de liderazgo: alrededor del 20% en Uruguay, con trayectorias más lentas y brechas salariales persistentes.

Esto no es solo una cuestión de justicia: es una pérdida de capacidad para innovar.

Las barreras también operan en los sistemas de financiamiento, en los criterios de evaluación, en el acceso a puestos de dirección o gerencia -donde las mujeres ocupan tan solo el 20% del total-, en la falta de datos desagregados, en la menor presencia en redes internacionales y en la insuficiente traducción de compromisos en políticas públicas sostenibles. Por eso, avanzar requiere algo más que reconocimiento: exige decisiones concretas, inversión, cooperación y una transformación estructural de los sistemas científicos y tecnológicos.

La reciente creación de la Secretaría Nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento representa una oportunidad estratégica para integrar de manera más decidida la perspectiva de género en las políticas de ciencia, tecnología e innovación.

En este contexto, el ejemplo de la última edición del premio es particularmente ilustrativo. Claudina Rattaro, reconocida por su proyecto Future-Mobnet, trabaja en el diseño y validación de redes móviles 5G y 6G, integrando inteligencia artificial y desarrollo de infraestructura crítica. Su investigación no solo posiciona a Uruguay en la frontera tecnológica global, sino que muestra con claridad el tipo de ciencia que necesitamos: una ciencia conectada con el futuro, con impacto real y con capacidad de transformar nuestras sociedades.

Pero también deja una pregunta abierta: ¿cuántas trayectorias como la suya aún no logran desarrollarse plenamente? La respuesta a esa pregunta define el rumbo.

Por eso, es imprescindible seguir trabajando de manera sostenida en la promoción de la participación de las mujeres en la ciencia: fortaleciendo políticas públicas con enfoque de género, ampliando el acceso a financiamiento, promoviendo redes de colaboración, generando evidencia para la toma de decisiones y, sobre todo, asegurando que el talento no encuentre barreras invisibles en su camino.

En este escenario, Uruguay comienza a dar señales claras en la dirección correcta. La reciente creación de la Secretaría Nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento representa una oportunidad estratégica para integrar de manera más decidida la perspectiva de género en las políticas de ciencia, tecnología e innovación. No se trata solo de fortalecer la institucionalidad científica, sino de hacerlo incorporando criterios de igualdad desde el diseño: en la asignación de recursos, en los sistemas de evaluación, en la promoción de liderazgos y en la generación de datos que permitan visibilizar brechas. Si estos esfuerzos logran consolidarse, Uruguay no solo podrá avanzar en su agenda de desarrollo científico, sino también posicionarse como un referente regional en la construcción de un ecosistema de conocimiento más inclusivo, diverso y competitivo.

Flavio Scasso es oficial de Ciencias de Unesco Montevideo.

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