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Opinión Posturas

Desafíos para el desarrollo: más alineados de lo que parece

Por ser de la casa, voy a tomar prestados algunos datos de un estudio reciente de Opción Consultores. El Monitor Uruguay 2030 recoge la visión de referentes de distintos ámbitos sobre los principales desafíos, oportunidades y prioridades del país hacia los próximos años. A partir de entrevistas en profundidad, permite ordenar esas miradas, identificar coincidencias y reconocer algunos de los principales nudos estratégicos que aparecen cuando se piensa el desarrollo de Uruguay.

Hace unos días, Agustín Bonino escribía en El País sobre uno de sus hallazgos más interesantes: 70 referentes provenientes del ámbito político, empresarial, social, periodístico y técnico muestran niveles importantes de coincidencia sobre varios de los grandes desafíos que Uruguay tiene por delante.

Entre ellos aparece con fuerza la necesidad de recuperar capacidad de crecimiento, mejorar la competitividad, fortalecer el capital humano, atender los problemas de seguridad y convivencia, modernizar el Estado y mejorar la inserción internacional del país. Pero hay algo más interesante que la enumeración.

En las entrevistas aparece también una idea bastante transversal: Uruguay conserva activos importantes —estabilidad institucional, previsibilidad, capacidades acumuladas—, pero necesita utilizarlos como plataforma para dar un nuevo salto. No alcanza con administrar aquello que ya funciona razonablemente bien. El desafío está en generar condiciones para crecer, incorporar conocimiento, desarrollar talento y mejorar nuestra capacidad para transformar oportunidades en resultados.

70 referentes provenientes del ámbito político, empresarial, social, periodístico y técnico muestran niveles importantes de coincidencia sobre varios de los grandes desafíos que Uruguay tiene por delante.

Y ahí el hallazgo empieza a tomar otra dimensión. Cuando actores que ocupan lugares distintos, representan intereses diferentes y muchas veces aparecen públicamente enfrentados identifican problemas similares, aparece algo que vale la pena mirar con atención. Debajo de las diferencias existe una zona de coincidencia, que, probablemente, sea más amplia de lo que el debate público deja ver.

Vivimos buena parte de nuestra conversación colectiva atravesados por el conflicto. Es lógico: las diferencias hacen noticia, ordenan posiciones, generan discusión y movilizan intereses. Los acuerdos suelen hacer bastante menos ruido, pero que no hagan ruido no significa que no existan.

El Monitor permite ver justamente eso: que grupos de interés y de presión que pueden parecer muy distanciados entre sí comparten, en sus niveles de conducción y referencia, una lectura del país bastante más próxima de lo que muchas veces suponemos. Eso no significa, por supuesto, que exista acuerdo sobre las soluciones. Ahí empieza otra conversación. Una cosa es coincidir en que Uruguay necesita crecer y otra definir cómo hacerlo. Una cosa es plantear que el Estado debe ser más eficiente y otra decidir qué cambiar. Una cosa es reconocer que el capital humano es central y otra acordar qué transformaciones necesita nuestro sistema educativo.

Entre el diagnóstico y la decisión aparecen prioridades, costos, intereses y distintas concepciones sobre el papel que deben jugar el Estado, el mercado y la sociedad.

Las próximas entregas del Monitor Uruguay 2030 nos darán algunas luces sobre esos escenarios posibles y sobre los caminos que distintos actores imaginan hacia adelante. Pero hoy me interesa quedarme un paso antes, con algo sencillo, aunque no menor: por distanciados que puedan parecer algunos grupos de interés o de presión, sus élites están bastante más alineadas de lo que el ruido muestra.

Quizás estemos menos lejos unos de otros de lo que creemos. Y para un país que necesita discutir seriamente su futuro, reconocer el terreno que ya compartimos no parece un mal lugar para empezar.

Valentina Viera es licenciada en Desarrollo y maestranda en Políticas Públicas.