Yo creo que Aldo Guerrini se definió a sí mismo –y fue definido por los demás como se definió a sí mismo– como la conciencia profunda de la continuidad socialista aun contra los mayores errores o desnaturalizaciones o extravíos de la identidad. Y fue eso.
Una apertura mental inmensa, total; una fraternidad irónica y autoirónica, siempre con el cigarro, para afirmarse en el Partido Socialista (PS) como un último arrecife antes de que los náufragos alcanzaran la orilla. Era un admirador del comunismo italiano y del eurocomunismo. Sí. Un punto perfecto de un partido total. Con toda la vida entera dentro, con todas las contradicciones humanas adentro, con todas las teorías y aprendizajes adentro, con toda la humanidad, con todas las amistades hermanas, con todos los amores adentro. Parece mentira, pero Rada y Aldo la misma semana dicen que una época terminó.
La razón fundamental de la identidad de mi generación con Aldo está en el documento que definió su breve secretaría general del PS clandestino, la democracia sobre nuevas bases, allá entre setiembre y octubre de 1979, para siempre. Aldo había abierto –en plena clausura del mundo en las catacumbas de la dictadura– un diálogo múltiple y renovado del socialismo con las ideas frescas para recalibrar la estrategia y la táctica, la función del partido de los socialistas. La democracia sobre nuevas bases también suponía una reflexión propia, pero desde un diálogo nuevo con Gramsci y también con la vía democrática al socialismo o el Compromiso Histórico de Enrico Berlingüer horadando los cimientos del marxismo-leninismo.
Aldo Guerrini se definió a sí mismo como la conciencia profunda de la continuidad socialista aun contra los mayores errores o desnaturalizaciones o extravíos de la identidad.
Por sobre todo eso había una novedad: el centro de los cambios y el corazón de la democracia ya no se situaba en una visión partidocéntrica. La creación de poder, de atención de urgencias de la gente, del bienestar o la cultura o la alegría cotidiana reposan en la sociedad civil y en las capacidades asociativas de la gente de abajo. Una sociedad civil autónoma del Estado y del mercado.
La democracia es un fin, es un medio, y el socialismo se vive y entiende allí dentro de ese movimiento. Esa unión del socialismo y la democracia fue la esencia de lo que se llamó renovación. Pasaron 45 años y la misma lucha continúa, pero la época es nueva. Aldo fue la continuidad secreta entre Emilio Frugoni y el presente. Si los mensajes siguen pasando de mano en mano, habrá ganado.
Eduardo de León es sociólogo.