En Paysandú, en un gesto simbólico, decenas de zapatos acompañaban los rostros de cada detenido desaparecido. La consigna del 20 de Mayo también estuvo presente en otras localidades, como Guichón. En la capital departamental, la marcha se hace desde 1998 y, según explicó María Elia Topolansky, integrante de la Comisión de la Memoria, “la convocatoria ha crecido de manera sostenida”.
La 31ª Marcha del Silencio congregó, en la tarde-noche de ayer, a decenas de ciudadanos de Paysandú, muchos de ellos jóvenes.
A las 18.30, encabezada por una pancarta alusiva y los rostros de los detenidos desaparecidos, la marcha partió desde la plaza Constitución rumbo al memorial ubicado en 18 de Julio y Silván Fernández, frente al liceo 1. Allí está inscripto el nombre de Nelsa Gadea, la única detenida desaparecida oriunda de Paysandú, cuya desaparición ocurrió en Chile.
Mientras avanzaba la movilización, al escucharse el nombre de cada uno de los desaparecidos, todos respondían “¡presente!”.
Cien metros antes de llegar al memorial, y a lo largo de una cuadra, aparecían sobre soportes de madera los rostros de los detenidos desaparecidos. Más adelante, decenas de pares de zapatos descansaban sobre una gran margarita pintada en el pavimento. Como ya es habitual, al arribar al memorial se volvió a nombrar a cada uno de los desaparecidos.
Por otra parte, la jornada del 20 de Mayo también tuvo expresiones en otras localidades, como Guichón, donde vecinos se concentraron en la plaza Williman.
En Paysandú capital, tras entonar las estrofas del Himno Nacional, la movilización se desconcentró, en una jornada marcada por el frío.
Topolansky destacó, en diálogo con la diaria, el crecimiento de la participación ciudadana y la incorporación de jóvenes. Además, remarcó que, a más de tres décadas del inicio de estas movilizaciones, el reclamo sigue vigente porque aún quedan muchos casos sin resolver.
“Hace 30 años que se está marchando y, desgraciadamente, todavía faltan muchísimas respuestas para llegar a los restos de muchos más desaparecidos”, expresó.
Foto: Santiago Fleitas
Una lista que sigue creciendo
Topolansky explicó que este año la nómina de detenidos desaparecidos incorporó ocho nuevos nombres –siete hombres y una mujer–, lo que abrió interrogantes en parte de la población sobre por qué el número continúa variando con el paso del tiempo.
La referente sostuvo que esto se debe a que nunca existió una lista oficial proporcionada por el propio Estado.
“El Estado, que es el responsable de las desapariciones forzadas, nunca dio una lista de personas desaparecidas. Esa lista se fue construyendo a partir de las ausencias y, fundamentalmente, de las denuncias realizadas por familiares o allegados”, señaló.
Precisó que cada caso requiere un proceso de investigación para determinar si la ausencia estuvo vinculada al terrorismo de Estado o a otras circunstancias. En ese marco, subrayó la diferencia entre una desaparición común y una desaparición ejecutada desde el aparato estatal.
“No es lo mismo un conflicto entre personas a que sea el Estado, que es el que tiene el deber de cuidar a sus ciudadanos, quien los desaparezca. Ahí está presente todo el aparato burocrático y represivo del Estado”, afirmó.
Para ejemplificar esa diferencia, recordó el caso de Amparo Fernández en Paysandú, una mujer desaparecida hace algunos años y cuya causa tuvo una persona procesada, aunque el cuerpo nunca apareció.
“Eso es terrible para su familia y para toda la sociedad, pero es distinto de una desaparición organizada desde el Estado. Eso es lo que necesitamos que se entienda cuando hablamos de terrorismo de Estado”, enfatizó.