Entre dos pequeños pueblos del interior de Paysandú –separados apenas por una vía de tren– se tejió, a lo largo del siglo XX, una trama poco habitual: producción agropecuaria, pensamiento crítico y militancia política conviviendo en un mismo territorio.

Por Piñera y Beisso pasaron figuras como Carlos Quijano, Julio Castro y Liber Seregni. Pero también dejaron huella maestros, docentes y pobladores que hicieron de ese lugar algo más que un punto en el mapa.

Piñera y Beisso y algo que no termina de encajar

Ubicadas en el sureste del departamento de Paysandú, dentro del municipio de Guichón, Piñera y Beisso son dos pequeñas localidades rurales que, como tantas otras, surgieron a partir de la llegada del ferrocarril. Son lugares donde la lógica indicaría otra cosa: producción, silencio y distancia de los grandes centros.

Sin embargo, durante décadas por esos mismos caminos circularon ideas. No como algo excepcional o esporádico, sino como parte de la vida cotidiana. Porque en ese territorio –que desde 1936 la ley reconoce como una misma unidad al integrar a Beisso dentro del pueblo de Piñera durante el gobierno de Gabriel Terra– coincidieron figuras que marcaron la historia intelectual y política de Uruguay.

Allí estuvieron –y no precisamente de paso– Carlos Quijano y Julio Castro. Quijano, abogado y periodista, fue una de las voces más influyentes del pensamiento latinoamericano del siglo XX. Fundó el semanario Marcha, desde donde promovió una mirada crítica sobre la realidad política y social del continente. Su trayectoria política no fue lineal: fue dirigente y diputado por el Partido Nacional, y años más tarde participó en la fundación del Frente Amplio.

Por su parte, Julio Castro fue maestro rural, periodista y un referente de la educación pública que combinó su tarea docente con la reflexión pedagógica y el compromiso social, hasta su desaparición durante la dictadura cívico-militar.

Por esos caminos también pasó Liber Seregni, general retirado, fundador y primer presidente del Frente Amplio, figura clave en la articulación de esa nueva fuerza política en los años 70.

Pero esta no es solo la historia de grandes nombres

También es la de una trama local que hizo posible esa presencia. La familia Beisso, por ejemplo, constituye una de sus claves. Desde la llegada de Juan Beisso al país, su descendencia fue consolidando un vínculo profundo con la zona, particularmente a través de Ulises Beisso Poggi (1889-1962) y luego de su hijo, Ulises Beisso Pérez.

El cruce decisivo aparece cuando esa historia familiar se enlaza con la de los Quijano. Ulises Beisso Pérez se casó con María del Rosario Quijano, hija de Carlos Quijano. De esa forma, lo rural y lo intelectual dejaron de ser mundos separados.

La estancia La Palma fue el escenario concreto de esa convergencia. Allí coincidían, trabajaban y discutían Beisso, Quijano y Julio Castro. No era solo un espacio productivo, era también un espacio de pensamiento. Además, Castro escribía en el semanario Marcha que el propio Quijano había fundado y que Beisso ayudaba a sostener como administrador. En ese contexto, la política no aparecía como algo externo, sino como parte de la vida.

El primer comité de base del Frente en Piñera

No sorprende entonces que en Piñera se haya fundado el primer comité de base del Frente Amplio en el interior del país. Se llamó “Lucas Píriz”. En su acto inaugural el primer orador fue Julio Castro, y quien ofició como presentador fue Roberto Coco Piñera, nieto del fundador del pueblo, originalmente conocido como Villa Elisa.

Coco, fallecido en 2024, fue docente durante buena parte de su vida. Poco antes de morir, a los 88 años, logró un notable hito obteniendo su título universitario como técnico en Bienes Culturales. Un gesto que, más que individual, parece dialogar con una tradición local donde el conocimiento y la formación ocupan un lugar persistente.

Esa dimensión también atraviesa la vida cotidiana del lugar. La escuela 17 de Piñera lleva el nombre del maestro José María Firpo, referencia central en la memoria local y reconocido a nivel nacional como autor de Humor en la escuela, entre otras obras.

Al ritmo del tren

Piñera y Beisso nacieron al ritmo del tren. A comienzos del siglo XX, cuando Juan Lindolfo Cuestas era presidente, José Piñera logró que el tren se detuviera allí, dando origen a la estación que permitió el desarrollo del pueblo (ver recuadro). Como en tantas localidades del interior, el ferrocarril fue impulso y estructura; su desaparición, una herida.

Hoy esa historia se expresa también en los datos. Según el censo de 2023, Beisso cuenta con 367 habitantes, mientras que Piñera tiene 117. La diferencia responde a procesos recientes: Beisso ha crecido al impulso de la construcción de viviendas de Mevir, mientras que Piñera, más antigua, refleja el impacto del declive ferroviario.

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Votar en un territorio singular

Si se observan los resultados de las elecciones nacionales, donde el voto tiende a expresar con mayor claridad identidades políticas que en las departamentales, el comportamiento de Piñera y Beisso resulta tan ajustado como revelador.

En octubre de 2014, el Frente Amplio obtuvo 204 votos frente a 128 del Partido Nacional. En 2019 el resultado se invirtió: 178 a 135. Y en 2024, la diferencia fue mínima: 157 a 152. Los balotajes refuerzan esa lógica de disputa permanente. En 2014, el Frente Amplio ganó por 210 votos a 135. En 2019 se impuso Luis Lacalle Pou a Daniel Martínez con 225 a 178. Y en 2024, el margen volvió a ser muy estrecho: 182 a 180 a favor de la fórmula del Frente Amplio.

José Piñera, Roberto _Coco_ Piñera y Carlos Quijano, en la década del 70. Foto: S/D (fuente: Manuel Piñera).

José Piñera, Roberto Coco Piñera y Carlos Quijano, en la década del 70. Foto: S/D (fuente: Manuel Piñera).

No hay una tendencia fija

Se comprueba la alternancia. Hay voto competitivo. Pero ese comportamiento adquiere otra dimensión cuando se lo coloca en contexto. El municipio de Guichón al que pertenecen estas localidades ha sido históricamente gobernado por el Partido Nacional y presenta, en términos generales, resultados ampliamente favorables a ese partido frente al Frente Amplio y el Partido Colorado. En ese sentido, lo que ocurre en Piñera y Beisso no solo es parejo: es, sobre todo, inusual. Se trata de un entorno rural donde, como muestran distintos estudios sobre comportamiento político, tienden a predominar orientaciones más conservadoras.

Sin embargo, la presencia sostenida de figuras como Carlos Quijano, Julio Castro o el propio Seregni en los primeros años de existencia del FA, junto con una trama local atravesada por la educación, la prensa y la discusión pública, parece haber configurado un clima distinto.

En términos de Pierre Bourdieu, podría pensarse como la construcción de un “capital cultural” específico: una acumulación de prácticas, valores y formas de ver el mundo que inciden en la manera en que una comunidad se posiciona políticamente.

Sin necesidad de establecer relaciones mecánicas, la hipótesis resulta sugerente: que en este rincón rural la densidad intelectual no haya sido solo una rareza, sino también un factor capaz de dejar huella en las formas de participación política.

Dos pueblos que funcionan como uno. Un territorio donde la intelectualidad no fue un fenómeno externo, sino una presencia concreta. Y donde, cada vez que se vota, no decide solamente el presente. También vota la historia.