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Julio Fernández Techera, Carolina Cosse, Enrique Iglesias y Yamandú Orsi, durante la ceremonia de distinción doctor Honoris Causa a Iglesias, en en el Aula Magna del Edificio Sacré-Cœur de la Universidad Católica del Uruguay.

Foto: Gianni Schiaffarino

Enrique Iglesias recibió la distinción honoris causa de la UCU: “Un desarrollo sin referencia a la cultura es un espejismo”

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El excanciller aseguró que los logros a los que puede conducir la racionalidad económica “resultan insuficientes para enfrentar objetivos tan dramáticos como la reducción de la pobreza, el estrechamiento de la brecha entre ricos y pobres o la inclusión de grandes minorías”.

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El excanciller Enrique Iglesias recibió este miércoles la distinción doctor honoris causa por parte de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), en una ceremonia que contó con la presencia del presidente Yamandú Orsi, la vicepresidenta Carolina Cosse y el expresidente Julio María Sanguinetti, entre otras autoridades y dirigentes políticos.

El reconocimiento es el primero de su tipo que entrega la casa de estudios, y lo hizo en el marco de la propuesta de enseñanza para mayores de 60 años, UCU Senior, surgida en alianza con la Fundación Astur del contador Iglesias. Además de canciller, Iglesias fue presidente del Banco Central del Uruguay, secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), presidente del Banco Interamericano de Desarrollo y primer secretario general iberoamericano.

Tras recibir la distinción, Iglesias realizó una “serena reflexión” sobre los modelos económicos, la búsqueda de reducción de la pobreza, en tiempos “de cambio acelerado” que desafían las certezas y las convicciones “desde distintos ángulos”. “Aprender a mover y movernos en las oportunidades y los riesgos de esta sociedad no sólo es un desafío para la gestión de las políticas económicas, es además un desafío para la propia estructura, para el funcionamiento de la sociedad”, sostuvo Iglesias.

El contador apuntó que “los grandes principios de la racionalidad económica o los grandes fundamentos de los paradigmas económicos”, aprendidos en las aulas, “no son la realidad misma”. “Esa realidad nos ha demostrado obstinadamente y en múltiples ocasiones la profunda confrontación que hay entre la racionalidad económica y las realidades sociales”, sostuvo, y acotó que, en ese sentido, “hemos apreciado cómo los logros económicos a los que nos puede conducir aquella racionalidad resultan insuficientes para enfrentar objetivos tan dramáticos como la reducción de la pobreza, el estrechamiento de la brecha entre ricos y pobres o la inclusión de grandes minorías”.

“La racionalidad económica, la que puede conducir la mano invisible del mercado, sólo puede ser aceptable éticamente si es acompañada por la mano claramente visible de la justicia y de la solidaridad dentro de la sociedad y entre pueblos y naciones”, señaló Iglesias, quien afirmó que las cosas que ha podido lograr en su trayectoria “nunca fueron cosas individuales”.

En base a sus años y experiencia, el contador reafirmó “que el crecimiento económico necesita acompañarse de un crecimiento espiritual de los individuos y de la sociedad toda entera”, porque “un desarrollo sin identidad, sin referencia a la cultura, es un espejismo, y como tal no podrá ser duradero”. El excanciller consideró que, “en nombre de la libertad, del mercado o de la competencia y eficiencia, se han trasladado funciones –durante décadas– propias de estados a la iniciativa individual”.

“Un mundo globalizado bajo las reglas de la cultura de la libertad de los mercados sólo sería un mundo más justo, más visible y más humanizado si las reglas de juego de la comunidad internacional fueran capaces de respetar conductas dignas de solidaridad y de valor entre los distintos países del mundo”, consideró Iglesias.

Hacia el cierre, el contador llamó a no abandonar la utopía, porque “para vivir bien es preferible tener una esperanza, aunque sea difícil alcanzarla, que no tener ninguna”. Consideró que “quizás la fuerza capaz de dar sentido a las sociedades de este siglo provenga de una utopía moral”.

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