Ingresá

Jorge Díaz, Yamandú Orsi y Gabriel Rossi, en el encuentro de la JND: "Construir comunidad. Diálogo entre Estado y comunidades de fe”, en el Auditorio Vaz Ferreira, el 14 de abril.

Foto: Gianni Schiaffarino

Junta Nacional de Drogas organizó encuentro con comunidades religiosas para trabajar en el consumo problemático de drogas

2 minutos de lectura
Contenido exclusivo con tu suscripción de pago

El prosecretario de Presidencia, Jorge Díaz, abogó por una “articulación real” entre las políticas ejecutadas por el Estado y la “contención” y la “confianza” que brinda la fe.

Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta
Registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

En conjunto con la Comisión Interamericana contra el Abuso de Drogas de la Organización de Estados Americanos (OEA), la Junta Nacional de Drogas (JND) realizó este martes un encuentro interreligioso, que reunió a líderes de diez comunidades religiosas. El evento estuvo moderado por el licenciado en Trabajo Social y especialista en política y religión, Nicolás Iglesias Schneider.

Al comienzo del encuentro –que contó con la presencia del presidente Yamandú Orsi–, el secretario general de la JND, Gabriel Rossi, valoró “la posibilidad de encontrarnos en la diferencia, dialogar con respeto y construir desde distintos lugares un compromiso común con la vida, el cuidado y la dignidad humana”. Señaló que el fenómeno de las drogas y sus consecuencias “no puede ser abordado solo desde un escritorio, desde el sistema sanitario o desde el Estado”, ya que “requiere una mirada amplia, una escucha real y capacidad de articulación entre actores diversos”.

En ese sentido, dijo que las comunidades religiosas “han tenido y siguen teniendo un papel que merece ser reconocido”, tanto en la prevención del consumo problemático como en la oferta de “espacios de atención y acogida”.

Rossi sostuvo que, si bien el aporte de las comunidades religiosas “no sustituye al Estado”, el Estado “sí tiene la responsabilidad de verlo, de comprenderlo y de dialogar con él”. El jerarca puntualizó que la organización de este tipo de encuentros “no contradice la laicidad uruguaya”, sino que, “al contrario, la expresa en una de sus mejores formas”. “La laicidad no es negación del hecho religioso, no es hostilidad hacia las creencias, no es silencio impuesto; la laicidad en Uruguay es una forma de convivencia democrática que asegura que el Estado no adopta una religión, no privilegia una fe sobre otra y no confunde lo público con lo confesional”, afirmó.

En materia de drogas, Rossi dijo que se necesita una política “seria, humana y basada en evidencia”, pero que también sea “capaz de entender que las personas no se sostienen solamente con normas, dispositivos o prestaciones”, sino que “también se sostienen con sentido, con pertenencia, con comunidad y con vínculos significativos”. En ese sentido, sostuvo que “el diálogo con las religiones puede ser valioso siempre dentro del marco del Estado de derecho, de los derechos humanos, de la evidencia y del respeto pleno a la diversidad”.

“Hay una enorme diferencia entre laicidad y sordera”

“Hay momentos en los que uno siente que está en el lugar correcto, en el momento correcto, y, para mí, hoy es ese día”, manifestó, a su turno, el prosecretario de Presidencia, Jorge Díaz, quien cerró el encuentro. El prosecretario llamó a cultivar la búsqueda de consensos: “Tenemos que enfrentar todo aquello que nos cuesta reconocer”, ya que, “durante años, el Estado y las comunidades de fe tuvieron una relación marcada por la distancia”.

Si bien mencionó que “Uruguay construyó su laicidad con orgullo, y ese orgullo tiene sentido”, Díaz dijo que “hay una enorme diferencia entre laicidad y sordera”. Señaló que la laicidad, “bien entendida, garantiza que todas las tradiciones, todas las religiones convivan con libertad y con respeto”; y, al mismo tiempo, reconoce que “la dimensión espiritual forma parte de la vida de todos los uruguayos” y “le permite al Estado decirle a un imán, a un rabino, a una mae, a un pastor, ‘lo que ustedes hacen importa’”.

Lo que se propone desde la JND, agregó Díaz, es que haya una “articulación real, sostenida en el tiempo”, en la que el Estado planifique, ejecute políticas y recursos y, a su vez, las comunidades religiosas aporten “cercanía, contención, confianza, sentido de pertenencia y reconstrucción de vínculos”. “Potenciarnos en lugar de superponernos, y mucho menos competir, porque cuando una persona cae, necesita ambas cosas: necesita que el sistema la sostenga y necesita que alguien la mire y le diga que todavía hay un camino posible”, resaltó.

¿Tenés algún aporte para hacer?

Valoramos cualquier aporte aclaratorio que quieras realizar sobre el artículo que acabás de leer, podés hacerlo completando este formulario.

Este artículo está guardado para leer después en tu lista de lectura
¿Terminaste de leerlo?
Guardaste este artículo como favorito en tu lista de lectura