El Correo Uruguayo lanzó este viernes un sello postal en homenaje a Rosario Barredo, exintegrante del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), asesinada en Buenos Aires hace 50 años como parte de un operativo conjunto entre fuerzas argentinas y uruguayas, en el marco del Plan Cóndor.
El rostro de Barredo se sumará al de otras mujeres que el organismo opta por reconocer como parte de la serie “Mujeres Notables”, que incluye otras víctimas del terrorismo de Estado, como Silvia Reyes, Laura Raggio y Diana Maidanik, conocidas como las “muchachas de abril”, también asesinadas durante la última dictadura cívico-militar.
Barredo residía en el exilio en Buenos Aires con su esposo, el también exintegrante del MLN William Whitelaw, con quien tenía tres hijos. Ambos fueron secuestrados por las fuerzas represivas argentinas el 13 de mayo de 1976 y asesinados siete días después. Sus cuerpos fueron encontrados un día más tarde, dentro de un automóvil abandonado en la capital argentina, junto con los de los legisladores Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini. Como parte del operativo, los represores también intentaron apropiarse de los tres hijos del matrimonio, pero fracasaron ante los esfuerzos de diferentes familiares.
Asistieron al acto de presentación autoridades del Correo Uruguayo, así como integrantes de la asociación Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, el colectivo de ex presos y ex presas políticas Crysol y la Fundación Mario Benedetti. También miembros de las familias Whitelaw y Barredo, entre otros, la jefa de Políticas de Innovación del Ministerio de Industria, Energía y Minería e hija de Barredo, Gabriela Schroeder.
En su discurso, el presidente del Correo Uruguayo, Gabriel Bonfrisco, caracterizó al sello como “un acto de memoria, dignidad y humanidad”. Según evaluó, el acto de este viernes no se limitaba a la presentación del sello, sino que también obedeció a “un acto mucho más profundo” impulsado desde el organismo hacia la sociedad.
El presidente del Correo Uruguayo definió a Barredo como una de varias mujeres que “marcaron una época” en la historia de nuestro país, que “siguen siendo necesarias para construir un país más humano y más justo”, y a las que el organismo apunta con la serie de sellos. Aunque reconoció que era una mujer “comprometida con sus ideales” en un contexto de “enorme tensión política y social”, Bonfrisco destacó también sus cualidades como “mujer profundamente humana, atravesada por el amor a sus hijos, por la esperanza de un país distinto y por la convicción de que la justicia social valía el compromiso y la entrega”.
Por ello, consideró que, a pesar de que “hubo quienes intentaron borrar su voz”, sucedió lo contrario, y hoy en día su nombre “se convirtió en memoria viva, en símbolo y en parte de la historia del Uruguay”. “Un sello postal parece pequeño, pero tiene una enorme capacidad de permanecer. Viaja de mano en mano, atraviesa fronteras y generaciones. Ahora también llevará consigo el rostro y la memoria de Rosario Barredo”, desarrolló.
Y concluyó: “Este reconocimiento, que es un honor para nosotros, no devuelve la ausencia ni repara completamente el dolor; pero sí construye memoria, y un país sin memoria corre el riesgo de repetir sus heridas”.
Por su parte, Schroeder ahondó en su oratoria en la figura de su madre, no solo desde el vínculo afectivo que mantiene hacia ella, sino también desde su proyección como “mujer luchadora” que volcó su vida por una sociedad diferente. Schroeder fue a vuelo de pájaro por varios puntos clave de los cuatro años de vida que compartió con su madre, quien antes de su nacimiento tuvo que hacer frente a la muerte de su padre, Gabriel Schroeder, y que tan solo nueve días después la vio nacer, todo en cautividad.
A eso le siguieron dos exilios: el primero a Chile, donde se reencontraron con “el horror del golpe de Estado”, y el segundo a Argentina, donde conoció a Whitelaw y formaron una familia. “Todo eso había hecho esa mujer a los 27 años, y en todo ese periplo nunca había dejado de luchar”, destacó.
Recordó también el abandono de la lucha armada por parte de ambos y la gestación de una nueva agrupación, Nuevo Tiempo, desde donde siguieron trabajando “por los mismos valores”. “Había podido aprender y seguir creciendo”, evaluó, y consideró que “eso ya la hace enorme”.
Destacó asimismo la coherencia de su madre “como persona y como militante”, figuras que en los hechos eran una única persona, y que provenía “de las entrañas mismas [y] de lo más profundo del ser”. También su “ternura firme”, y la convicción de abogar por lo que uno cree que inculcó en ella.
“Siempre voy a tratar de expandir justamente esa ternura, esa convicción, esa lucha, porque seguimos necesitando muchos Rosarios en este mundo. Creo que homenajearla de esta manera es justamente esparcirla, y esparcirla por el mundo además, que tanto necesita este tipo de personas”, concluyó.