Este viernes falleció a sus 83 años el histórico referente de la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA), Nicolás Colacho Esteves.
Oriundo de Paysandú, Colacho ejerció como secretario de Raúl Sendic en la UTAA durante los años 60, algo para lo que debió mudarse a la localidad de Bella Unión, con la que guardó un profundo nexo por el resto de su vida. Dentro del sindicato, acompañó al líder izquierdista en su lucha por los derechos de los trabajadores de la caña de azúcar del norte del país y, en ese marco, marchó en varias oportunidades hacia Montevideo, en donde concentró con los llamados “peludos”.
Esto en un contexto signado por una crispación política y la represión por parte del Estado, que caracterizaron a nuestro país a lo largo de casi tres décadas y que Colacho vivió en carne propia: un recorte del semanario El Sol, órgano oficial del Partido Socialista –al que perteneció, si bien luego lo abandonó–, que data del año 1964 y fue digitalizado por el proyecto Sitios de Memoria, relata cómo rehusó acatar la orden de un jerarca policial que le ordenó que “hiciera retirar a sus compañeros” de las afueras del Palacio Legislativo, en donde concentraba la UTAA, por lo que se le aprehendió y acusó de “desacato”.
Como consecuencia, pasó más de dos semanas en prisión, una detención que, en tono irónico, el fragmento de prensa sostiene que le permitió a Colacho “purgar” el “delito” de “reclamar justicia, de luchar, junto a los cañeros, por tierra para trabajar”. También ahonda en su “espíritu de lucha”, el cual el suceso no pudo superar, y brinda datos sobre la “alegría unánime en la humildad conmovedora del campamento cañero” que suscitó la noticia de su liberación. Igualmente, narra que Esteves declinó “modestamente” un reportaje de lo ocurrido, algo que el medio caracterizó como un componente de “la lección permanente de lucha” del movimiento y sus impulsores.
Nicolás Colacho Esteves durante la celebración la celebración de los 50 años de la la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA), en la entrada de Bella Unión (archivo, setiembre de 2011).
Foto: Sandro Pereyra
Colacho también integró el Movimiento de Liberación Nacional–Tupamaros (MLN-T) y, a partir de 1969, estuvo 15 años preso tras ser capturado por las Fuerzas Conjuntas. Su reclusión supuso solo un paréntesis en el vínculo que guardó con las causas sociales. Una vez liberado, en 1985, retornó a Bella Unión y ayudó a reorganizar la UTAA en el marco de la restauración democrática, durante la cual también renunció al MLN-T.
El incesante interés de Colacho por debatir y atender la realidad de los trabajadores rurales y su compromiso en la lucha por el acceso a la tierra es uno de los puntos que destaca Mario Thedy, uno de sus allegados. Thedy, que inicialmente conoció al referente de la UTAA a través de su padre Ney –otro referente histórico del sindicato–, formó “un vínculo más estable” unas décadas atrás, cuando lo acompañó, junto a otras personas, en ocupaciones de tierras en la zona.
Para Thedy, uno de los aspectos destacables de Colacho como persona es su voluntad para con los demás, algo que iba más allá del vínculo con la UTAA y su preocupación por los peludos, que pasaba también por aquellos “productores chicos” que con esfuerzo habían podido acceder a “un pedazo de tierra” y dejado de ser asalariados.
Es así que lo caracterizó como alguien que era “siempre hincha de aquello que es un problema muy grande” para la zona, y que formaba parte de los tópicos habituales de conversación. “Cuando llegamos a un pedazo de tierra, es difícil hacer esa transición, y bueno, eso eran charlas habituales: por qué aquellos compañeros anduvieron, por qué fracasaron, qué es lo que hay que hacer. Es una cosa que nos viene comiendo la cabeza hace 20 o 25 años”, contó Thedy.
También destacó la figura de Colacho como “uno de los pilares fundamentales” del movimiento por memoria, verdad y justicia, en una zona donde “hay muchos desaparecidos”. Recordó que Esteves, que integró el Grupo de Trabajo por Verdad y Justicia de Bella Unión, cuidaba con mucho celo la Plazoleta de la Memoria de la ciudad, donde “era el encargado de trabajar, de cortar el pasto [y] de limpiar”. “Siempre andaba en actividad”, destacó Thedy, que tildó a Colacho como “ejemplo del hombre trabajador”. “Vemos todos los días muchos que hablan, pero cuando les toca agachar el lomo, no lo hacen. El viejo era de ir a agachar el lomo”, reparó.
“Él era una persona de peso y siempre estaba dando una mano. Se sentía realizado cuando me veía en el campo trabajando con las vacas, y que no tenía un patrón. Eso era parte de la realización de él”, concluyó.
